CAPÍTULO 69 — De vuelta
De vuelta
Julián estaba de pie junto a una de las mesas cuando la vio entrar.
Milena lo encontró casi de inmediato.
Su rostro se iluminó.
—¡Julián!
Antes de que él pudiera responder, ella caminó rápidamente hacia él y lo abrazó.
Julián apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de rodearla con los brazos.
—Me extrañaste —dijo Milena, todavía abrazándolo.
—Sí.
La respuesta salió de él sin pensarlo.
Milena se separó y lo miró.
Sonrió.
—Yo también.
Julián le devolvió la sonrisa.
Durante un segundo se quedaron mirándose.
Después, como si nada hubiera pasado, Milena acomodó el bolso que llevaba sobre el hombro.
—Estoy agotada.
—Se te nota.
Ella abrió los ojos.
—Qué recibimiento tan bonito.
Julián soltó una risa.
—No era un insulto.
—Sonó bastante parecido.
—Quise decir que debes haber tenido una semana pesada.
—La tuve.
—¿Y qué tal la capacitación?
Milena comenzó a contarle mientras caminaban hacia una de las mesas.
Le habló de las jornadas largas, de las personas que había conocido y de lo poco que había dormido.
Julián la escuchaba con atención.
—Entonces sobreviviste.
—Te dije que sí.
—Eso es bueno.
—Aunque te voy a decir algo.
—¿Qué?
—Extrañé mi cama.
Julián se rio.
—Eso sí lo entiendo.
—Y el café de aquí.
—Eso es porque no sabes apreciar el café de otras ciudades.
—No. Es porque este es mejor.
—Qué conveniente.
Milena sonrió.
—¿Y tú qué hiciste?
—Lo normal.
—Eso no me dice nada.
—Trabajé, fui donde mis padres…
—¿Y sobreviviste al almuerzo familiar?
Julián la miró sorprendido.
—¿Cómo sabes que sobreviví?
—Porque me escribiste que habías sobrevivido con dignidad.
Él sonrió.
—Ah, cierto.
—Y sigo esperando pruebas de esa dignidad.
—No las vas a encontrar.
Ambos rieron.
La conversación continuó con la misma facilidad de siempre.
Como si los días que habían pasado sin verse no hubieran sido suficientes para cambiar nada.
Y, en cierto sentido, así era.
Solo habían pasado unos días.
Pero Julián no pudo evitar pensar que volver a verla le había alegrado más de lo que esperaba.
No le dio demasiada importancia.
Después de todo, era Milena.
Su amiga.
Y era agradable volver a tenerla cerca.