Perdida CAPÍTULO 68 — Una ausencia.
47%

CAPÍTULO 68 — Una ausencia.

Una ausencia.

La semana comenzó con el ritmo habitual.

Julián tenía clases, reuniones y varias cosas pendientes que había ido acumulando durante los últimos días.

El lunes por la tarde, mientras revisaba unos documentos, tomó el teléfono por costumbre.

Abrió la conversación con Milena.

Escribió: ¿Cómo va tu día?

Se quedó mirando el mensaje unos segundos.

Entonces recordó algo que ella le había comentado el día anterior.

Estaba en otra ciudad por una capacitación y tendría varios días bastante ocupados.

Julián borró el mensaje.

No quería interrumpirla.

Dejó el teléfono sobre el escritorio y continuó trabajando.

El martes tampoco hablaron.

El miércoles recibió varios mensajes durante el día, pero ninguno era de ella.

No le dio importancia.

Al menos, eso se dijo.

Tenía suficiente trabajo como para no estar pendiente del teléfono.

Sin embargo, aquella noche, mientras tomaba café en su apartamento, volvió a abrir la conversación.

El último mensaje seguía siendo el de hacía unos días.

Julián sonrió ligeramente.

—Hace días no hablamos.

Lo dijo en voz baja, como si acabara de descubrir algo curioso.

Dejó el teléfono a un lado.

No había nada extraño.

Milena estaba ocupada.

Él también tenía cosas que hacer.

Era normal.

El jueves, después de terminar una clase, uno de sus compañeros le propuso ir a tomar algo.

Julián aceptó.

Durante la conversación se encontró pensando en algo que quería contarle a Milena.

Una anécdota que le había ocurrido esa mañana.

La idea apareció de manera automática.

Esto le daría risa.

Sacó el teléfono.

Abrió su conversación.

Y volvió a recordar que ella estaba en la capacitación.

Guardó el teléfono.

—¿Todo bien? —preguntó su compañero.

—Sí.

—Te quedaste pensando.

—Nada importante.

Y continuó la conversación.

El viernes por la noche, Julián llegó a su apartamento más cansado de lo habitual.

Dejó las llaves sobre la mesa, se quitó la chaqueta y se dejó caer en el sofá.

Tomó el teléfono.

Nada.

Lo dejó.

Pasaron unos minutos.

Volvió a tomarlo.

Nada.

Esta vez soltó una pequeña risa de sí mismo.

—Qué costumbre…

Se quedó mirando la pantalla.

No sabía exactamente cuándo había empezado.

Antes hablaban cuando coincidían.

Después comenzaron a escribir de vez en cuando.

Y ahora parecía extraño pasar varios días sin saber nada de ella.

No era preocupación.

Sabía que estaba bien.

No era impaciencia.

Simplemente…

La había echado de menos.

Julián frunció ligeramente el ceño ante el pensamiento.

—No.

Negó con la cabeza.

—Solo estoy acostumbrado.

Dejó el teléfono sobre la mesa y se levantó.

No iba a darle más vueltas.

El sábado por la mañana, mientras desayunaba, su teléfono vibró.

Julián lo tomó casi inmediatamente.

Era Milena.

Ya sobreviví.

Julián sonrió.

Respondió: ¿Tan terrible fue?

La respuesta llegó poco después.

No terrible. Pero necesito volver a mi cama.

Eso sí lo entiendo.

Y necesito café.

Eso también lo entiendo.

Milena envió un emoji riéndose.

Después escribió: ¿Y tú? ¿Qué hiciste mientras yo estaba desaparecida?

Julián miró la pantalla.

Sonrió.

Trabajar. Lo normal.

Qué aburrido.

Alguien tiene que mantener la dignidad de esta conversación.

Nunca la tuviste.

Julián soltó una carcajada.

Y mientras escribía una respuesta, se dio cuenta de algo.

Había sentido alivio al ver su mensaje.

Una sensación pequeña.

Casi imperceptible.

Pero estaba ahí.

Y, por alguna razón, le gustó que ella hubiera vuelto.