CAPÍTULO 65 — Como si fuera otro
Como si fuera otro
La celebración había comenzado hacía poco cuando Elena llegó.
La madre de Julián fue quien abrió la puerta.
—¡Elena! Qué alegría verte.
—Hola. Perdón por llegar un poco tarde.
—No importa. Pasa, pasa.
Elena entró y la abrazó con cariño.
—Quería venir a felicitarte personalmente.
—Y yo me alegro muchísimo de que hayas venido.
Julián estaba al otro lado de la sala, hablando con uno de los amigos de su madre. No había visto quién había llegado.
Su madre miró hacia él.
—Julián, ven.
Él se acercó tranquilamente.
—¿Sí?
Entonces vio a Elena.
Se detuvo apenas un instante.
No hubo sorpresa.
Solo reconocimiento.
—Hola, Elena.
—Hola, Julián.
—¿Cómo estás?
—Bien. ¿Y tú?
—Bien.
Elena sonrió.
—Cuánto tiempo.
—Sí. Bastante.
La madre de Julián los miró a ambos.
—Voy a buscar unas cosas a la cocina.
Y se alejó.
Elena permaneció frente a Julián.
—No sabía que vendrías.
—Estoy de visita unos días. Tu mamá me contó lo del reconocimiento y no podía dejar de venir.
—Me alegra.
Julián sonrió.
—A ella también.
Elena esperó unos segundos.
—¿Y cómo has estado?
—Bien. Trabajando bastante.
—Eso sí no ha cambiado.
—No mucho.
Ella soltó una pequeña risa.
Julián tomó su teléfono cuando sintió que vibraba en el bolsillo.
Leyó el mensaje.
La expresión de su rostro cambió inmediatamente.
Sonrió.
Y después soltó una risa breve.
Elena lo miró.
—¿Qué?
Julián levantó la vista.
—Nada.
—¿Te escribieron algo divertido?
—Sí.
Miró nuevamente la pantalla.
—Un comentario bastante absurdo.
—¿Y quién fue?
Julián levantó una ceja, divertido.
—¿Eso es un interrogatorio?
—No. Curiosidad.
—Pues tendrás que vivir con la curiosidad.
Elena sonrió.
—Sigues igual.
—Eso espero.
Julián guardó el teléfono.
—Voy a saludar a unos amigos de mi mamá.
—Claro.
Él se alejó.
Elena se quedó observándolo.
No era el mismo Julián que recordaba.
O quizá sí.
Solo que había algo en él que no lograba reconocer.
Durante el resto de la tarde se cruzaron varias veces.
Hablaron con otras personas, compartieron algunas anécdotas y hasta se rieron recordando situaciones de cuando eran más jóvenes.
Pero Elena comenzó a notar algo.
Julián no estaba pendiente de ella.
No buscaba sentarse cerca.
No intentaba prolongar las conversaciones.
No parecía necesitar saber qué estaba haciendo o con quién hablaba.
Simplemente estaba allí.
Disfrutando la celebración de su madre.
En un momento, Elena decidió acercarse.
—Julián.
Él se volvió.
—¿Sí?
—¿Podemos hablar a solas? Creo que es necesario.
Julián la observó durante un segundo.
—Claro.
Salieron hacia el pequeño jardín de la casa, donde el ruido de la celebración llegaba más apagado.
Elena respiró profundamente.
—He estado pensando mucho estos últimos años.
Julián permaneció en silencio.
—Y creo que valoro mucho los años de amistad que tuvimos.
Él asintió.
—Yo también.
—Esta época alejados me hizo pensar que, después de todo, igual somos amigos, ¿no?
Julián sonrió.
—Claro, Elena.
Ella bajó la mirada por un instante.
—También quería disculparme contigo.
Julián frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué?
—Por todo lo que pasó. No estuvo bien de mi parte permitir que se construyera una historia que realmente no existió como tú la entendiste.
Julián respiró despacio.
—Yo también quiero aprovechar esta oportunidad para disculparme.
Ella levantó la mirada.
—No estuvo bien de mi parte inventar una historia que no existió.
Elena guardó silencio.
—Pero una parte de la historia fue real —añadió Julián—. Somos amigos.
Ella sonrió suavemente.
—Sí.
Hubo un pequeño silencio.
Elena lo observó con atención.
—Te noto diferente.
Julián inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Diferente?
—Sí. Como si fueras otro.
Él soltó una pequeña risa.
—¿Otro? No, qué va. Este soy yo.
Elena lo miró durante unos segundos.
—Será que yo nunca conocí esa versión de ti.
Julián sonrió.
—¿Será? Estás exagerando.
Desde la casa llegó la voz de su madre.
—¡Julián!
Él giró la cabeza.
—Ya voy, mamá.
Volvió a mirar a Elena.
—Fue bueno hablar contigo.
—Igualmente.
Julián regresó a la casa.
Elena permaneció unos segundos en el jardín.
Por primera vez comprendió que aquel hombre frente a ella no estaba esperando recuperar nada.
Y quizá eso era lo que más le sorprendía.
Julián volvió a la sala y encontró a su madre hablando con varios invitados.
—Aquí estás —dijo ella—. Ven, quiero presentarte a alguien.
—Claro.
Julián se acercó.
Mientras su madre hablaba, él miró brevemente hacia el jardín.
Elena seguía allí.
La observó unos segundos.
Y por primera vez pudo verla sin colocarla dentro de una historia que ya no existía.
Era Elena.
Una amiga.
Alguien con quien había compartido una parte importante de su vida.
Nada más.
Y estaba bien.
Julián volvió la atención hacia su madre.
—¿Qué me decías?
Ella continuó hablando.
Él sonrió.
La celebración siguió.