Perdida CAPÍTULO 64 — Para mamá
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CAPÍTULO 64 — Para mamá

Para mamá

El teléfono de Julián sonó mientras terminaba de revisar unas notas para el seminario que tendría aquella semana.

Miró la pantalla.

Mamá.

Sonrió antes de contestar.

—Hola, mamá.

—¿Estás ocupado?

—Un poco. Estoy preparando el seminario del jueves.

—Ah, bueno, seré breve.

Julián se recostó en la silla.

—Dime.

—Tengo una noticia que darte.

—Eso sonó sospechoso.

Su madre soltó una risa.

—No seas exagerado. Me van a entregar un reconocimiento.

Julián dejó de mirar las notas.

—¿Qué?

—Un reconocimiento por mi trayectoria como educadora. La ceremonia es la próxima semana.

Una sonrisa apareció en el rostro de Julián.

—Mamá, eso es maravilloso.

—Estoy muy contenta.

—¿Y cuándo es?

Ella le dio la fecha.

Julián hizo una pequeña mueca.

—Ah…

—¿Qué?

—Tengo el seminario ese día.

—Lo imaginé.

—Me habría encantado estar.

—Ya lo sé, hijo.

Julián guardó silencio unos segundos.

—¿A qué hora es?

Su madre se lo dijo.

Él hizo rápidamente el cálculo mental.

—No alcanzo.

—No importa. No quiero que canceles tus cosas por mí.

—No estoy diciendo que vaya a cancelarlas. Estoy diciendo que me habría gustado verte recibirlo.

Su madre sonrió al otro lado de la línea.

—Entonces puedes compensarme.

—¿Cómo?

—Voy a hacer una pequeña celebración en la casa después. Con algunos amigos. Nada demasiado grande.

—Ahí sí puedo estar.

—Eso espero.

—Por supuesto que voy.

—Bien. Entonces queda decidido.

Julián sonrió.

—Y felicidades otra vez, mamá.

—Gracias, hijo.

—Estoy orgulloso de ti.

—No me hagas llorar antes de tiempo.

Él soltó una risa.

—Está bien. Nos vemos ese día.

—Nos vemos.

La llamada terminó.

Julián dejó el teléfono sobre el escritorio y volvió a mirar las notas.

Por unos segundos, sin embargo, no pudo concentrarse.

Sonrió.

Su madre recibiría un reconocimiento por algo que había dedicado gran parte de su vida a hacer.

Y aunque no pudiera estar en la ceremonia, estaría allí después.

Eso era suficiente.

La celebración llegó unos días después.

La casa estaba más llena de lo habitual.

Había familiares, antiguos compañeros de trabajo de su madre, algunos amigos cercanos y personas que Julián había visto desde niño.

Él llegó poco después de que comenzaran a llegar los invitados.

Al entrar, encontró a su madre en la sala.

—Mamá.

Ella se giró inmediatamente.

—Llegaste.

Julián se acercó y la abrazó.

—Claro que iba a venir. Felicitaciones.

—Gracias.

—Estoy muy orgulloso de ti.

—Ya me lo dijiste por teléfono.

—Y puedo repetirlo.

Ella sonrió.

—Bueno, está bien.

Julián la abrazó una vez más antes de separarse.

—¿Necesitas ayuda con algo?

—No. Ve a saludar a los invitados.

—Sí, señora.

Julián se alejó riendo.

No tenía idea de que, entre todos aquellos invitados, había alguien a quien no había visto en mucho tiempo.

Alguien que estaba a punto de encontrarse con una versión de él que nunca había conocido.