Perdida CAPÍTULO 60 — Entre libros
42%

CAPÍTULO 60 — Entre libros

Entre libros

La tarde del sábado estaba tranquila.

Milena había terminado algunas cosas del trabajo y, por primera vez en varios días, no tenía nada pendiente.

Tomó su bolso y salió de casa.

No tenía un plan específico.

Solo quería caminar un poco.

Unos minutos después, pasó frente a una librería.

Se detuvo.

Miró el escaparate.

Había varias novedades expuestas.

Entró.

El lugar estaba tranquilo.

Algunas personas recorrían los estantes en silencio y, al fondo, sonaba música muy baja.

Milena caminó primero por la sección de narrativa.

Tomó una novela.

Leyó la contraportada.

La volvió a dejar.

Tomó otra.

Esta vez leyó las primeras páginas.

No estaba convencida.

Continuó caminando.

Pasó frente a una mesa donde habían colocado varios clásicos.

Su mirada se detuvo en uno de ellos.

Cien años de soledad.

Milena lo tomó.

Había leído algunas obras de García Márquez, pero nunca había terminado aquella.

Abrió el libro.

Leyó unas líneas.

Sonrió ligeramente.

—Algún día —murmuró.

Lo volvió a dejar.

Siguió caminando.

Llegó a la sección de filosofía.

No era precisamente el lugar que había ido buscando, pero algunos títulos llamaron su atención.

Tomó uno.

Lo abrió al azar.

Leyó una frase.

Se quedó unos segundos mirándola.

Era una idea sobre la forma en que las personas interpretan el mundo desde sus propias experiencias.

Milena sonrió.

Pensó inmediatamente en Julián.

No por nada especial.

Simplemente porque era profesor de filosofía.

Recordó algunas de las conversaciones que habían tenido en el consultorio.

La forma en que podía quedarse varios minutos desarrollando una idea.

A veces incluso conseguía llevar una conversación cotidiana hacia alguna pregunta filosófica.

Milena cerró el libro.

—Definitivamente esto le gustaría.

Volvió a colocarlo en su lugar.

No necesitaba comprarlo.

Continuó recorriendo los estantes.

Llegó a poesía.

Allí se detuvo un poco más.

Pasó los dedos por varios lomos hasta encontrar uno conocido.

Pablo Neruda.

Tomó el libro.

Lo abrió.

Leyó algunos versos.

Esta vez no quiso devolverlo.

Lo sostuvo bajo el brazo mientras continuaba mirando.

Encontró una novela que llevaba tiempo queriendo leer y decidió llevársela también.

Fue hasta la caja.

Mientras esperaba, miró los dos libros que había elegido.

No había entrado buscando nada en particular.

Y, sin embargo, había encontrado algo.

La dependienta guardó los libros en una bolsa.

—¿Algo más?

Milena negó con la cabeza.

—No. Eso es todo.

Salió de la librería.

El sol comenzaba a bajar.

Caminó despacio por la calle con la bolsa en la mano.

No tenía ninguna obligación para el resto de la tarde.

Podía volver a casa.

Prepararse un café.

Leer.

O simplemente dejar el libro sobre la mesa y no abrirlo hasta la noche.

Sonrió.

A veces también era agradable no tener un plan.

Continuó caminando.

Y por primera vez en varios días, no pensó en el trabajo.

Ni en pacientes.

Ni en responsabilidades.

Solo en el libro que llevaba bajo el brazo y en la tarde tranquila que tenía por delante.