Perdida CAPÍTULO 54 — La vida sigue
38%

CAPÍTULO 54 — La vida sigue

La vida sigue

Los días siguientes transcurrieron con normalidad.

Julián volvió a sus clases, a sus lecturas y a las conversaciones habituales con sus compañeros.

La exposición quedó atrás, como una experiencia agradable que no necesitaba convertirse en algo más.

Sin embargo, había algo diferente.

Ya no sentía que su vida estuviera esperando a que ocurriera algo.

Simplemente estaba viviendo.

Una tarde, mientras terminaba de revisar unos trabajos, uno de sus compañeros se acercó a su escritorio.

—¿Vas a ir el sábado?

Julián levantó la mirada.

—¿A dónde?

—A la reunión de la facultad.

Julián hizo una pausa.

Antes habría buscado una excusa.

—Sí. Creo que sí.

Su compañero sonrió.

—¿Seguro?

—Seguro.

—Definitivamente te está haciendo bien salir.

Julián negó con la cabeza.

—No empieces.

—No dije nada.

—Pero lo pensaste.

Los dos se rieron.

Mientras tanto, Milena continuaba con su rutina.

Consultas.

Informes.

Algunas llamadas.

Y las cosas de siempre en casa.

La exposición de Sofía se había convertido en un tema frecuente durante esos días.

Sofía seguía recibiendo comentarios sobre su trabajo y parecía más segura de sí misma.

Milena estaba feliz por ella.

Una noche, mientras cenaban, Sofía volvió a mencionar a Julián.

—Por cierto, ¿tu amigo también pinta?

Milena levantó la mirada.

—¿Por qué?

—Porque dijiste que había ido por las pinturas.

—Sí, le gusta la pintura.

—¿Y dibuja?

Milena sonrió.

—Creo que sí.

—Entonces dile que quiero ver algo suyo.

Milena se quedó callada un instante.

—¿Por qué tendría que decírselo?

—Porque lo conoces.

Sofía continuó comiendo como si hubiera hecho una pregunta completamente normal.

Milena sonrió.

—Ya veremos.

No dijo nada más.

Esa noche, cuando estuvo sola, Milena pensó en aquella conversación.

No sabía por qué Sofía había mencionado a Julián.

Tampoco sabía por qué ella misma había recordado tan fácilmente la conversación que habían tenido en la exposición.

Había sido una tarde.

Nada más.

Y, sin embargo, había algo en la forma en que Julián se había comportado que le había llamado la atención.

Parecía más tranquilo.

Más dispuesto a disfrutar.

Incluso había hablado de la pintura con una curiosidad que no recordaba haber visto en él de la misma manera.

Milena sonrió.

Quizá simplemente estaba bien verlo así.

Eso era todo.

El jueves por la tarde, mientras organizaba algunos documentos, Milena recibió una notificación.

Miró el teléfono.

Era un mensaje relacionado con la agenda de la semana siguiente.

Revisó las citas.

Entonces se detuvo.

El nombre de Julián seguía allí.

Su próxima sesión estaba programada para unos días después.

Milena dejó el teléfono sobre el escritorio.

La exposición había sido diferente.

Pero aquella cita pertenecía a otro espacio.

A otra parte de su relación.

Y sabía que tendrían que volver a ocupar esos lugares por un tiempo más.

Aunque ahora ambos sabían que podían encontrarse fuera de ellos.

Y quizá eso cambiaría la manera en que vivirían aquella próxima sesión.