CAPÍTULO 52 — Una tarde inesperada
Una tarde inesperada
La presentación había terminado, pero muchas personas continuaban recorriendo las salas.
Sofía estaba hablando con dos estudiantes que se habían acercado a felicitarla.
Milena permanecía cerca, aunque intentaba no intervenir demasiado.
—Déjala disfrutar —dijo Julián.
Milena lo miró.
—Eso intento.
—Lo estás haciendo bien.
Ella sonrió.
—¿Siempre eres así de observador?
—Soy profesor de filosofía.
Milena levantó una ceja.
—Eso no responde mi pregunta.
—Entonces sí.
Milena soltó una pequeña risa.
—Al menos eres honesto.
Julián miró hacia donde estaba Sofía.
—Parece feliz.
—Lo está.
—Me alegra.
Milena lo observó unos segundos.
—¿Te gustó la exposición?
—Sí.
—¿Aunque no todo fuera pintura?
—Sí. De hecho, me sorprendió.
—¿Qué fue lo que más te gustó?
Julián pensó unos segundos.
—Que cada persona parecía haber hecho algo por una razón diferente.
Milena asintió.
—Eso suele pasar.
—Algunas obras intentaban decir algo. Otras simplemente querían mostrar algo bonito.
—Y eso también está bien.
Julián la miró.
—Exactamente.
Por un momento volvieron a quedarse en silencio.
—¿Quieres tomar algo? —preguntó Milena.
Julián pareció sorprenderse ligeramente.
—Claro.
Caminaron hacia la zona donde habían dispuesto algunas bebidas.
El resto del grupo estaba unos metros adelante.
—¿Cómo te has sentido últimamente? —preguntó Milena.
Julián la miró.
Por un instante, la pregunta le recordó el consultorio.
Ella pareció darse cuenta.
—Perdón. No quería…
—Está bien.
Julián sonrió.
—Bien.
Milena asintió.
—Entonces retiro la pregunta.
—No, está bien. Solo que ahora se siente diferente.
—Sí.
—Mucho.
Milena tomó una bebida.
—Supongo que tenemos que acostumbrarnos.
Julián sonrió.
—Supongo.
Unos minutos después, Sofía apareció junto a ellos.
—¿Ya se van?
—Todavía no —respondió Milena.
Sofía miró a Julián.
—¿Te gustó la exposición?
—Sí.
—¿Y mi diseño?
Julián sonrió.
—También.
—Eso es importante.
—¿Por qué?
—Porque eres profesor de filosofía.
Julián se rio.
—No sabía que eso me convertía en experto en diseño.
—No te convierte. Pero puedes dar una opinión.
Milena negó con la cabeza.
—No le hagas caso.
—Quiero saber qué piensa.
Julián miró a Sofía.
—Me gustó que se notara que sabías lo que querías hacer.
Sofía sonrió.
—Eso es un cumplido.
—Lo es.
—Entonces gracias.
Milena observó a su hermana.
Después miró a Julián.
Era extraño.
La conversación fluía con una facilidad que no había imaginado.
No había tensión.
No había silencios incómodos.
Solo una tarde que había resultado diferente de lo que esperaba.
Cuando comenzaron a despedirse, Laura se acercó.
—¿Nos vamos?
Milena asintió.
—Sí.
Sofía tomó su bolso.
—Fue un buen día.
—Lo fue —dijo Milena.
Julián se despidió de los demás.
Cuando llegó el momento de despedirse de Milena, ambos se quedaron unos segundos frente al otro.
—Me alegra haberte visto aquí —dijo ella.
Julián sonrió.
—A mí también.
—Y gracias por venir.
—Gracias a ti por la conversación.
Milena sonrió.
—Nos vemos.
—Nos vemos.
Julián se alejó con sus compañeros.
Milena lo observó durante un instante antes de volver con Sofía.
No había ocurrido nada extraordinario.
No habían hablado de sentimientos.
No habían hecho promesas.
No habían planeado volver a verse.
Pero cuando salió del centro cultural, Milena pensó que había sido una tarde agradable.
Y Julián, mientras caminaba hacia el automóvil, pensó exactamente lo mismo.
Quizá eso era suficiente por ahora.