Perdida CAPÍTULO 51 — Dos mundos
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CAPÍTULO 51 — Dos mundos

Dos mundos

La sala comenzó a llenarse cuando anunciaron que empezarían las presentaciones.

Sofía permanecía junto a su diseño.

Parecía tranquila.

Pero Milena sabía que no lo estaba.

Se acercó a ella antes de que comenzara.

—¿Cómo estás?

Sofía respiró profundamente.

—Creo que voy a desmayarme.

Milena sonrió.

—No vas a desmayarte.

—¿Cómo estás tan segura?

—Porque llevas toda la mañana diciendo que vas a hacerlo.

Sofía soltó una pequeña risa.

—Eso no ayuda.

—Entonces respira.

Sofía tomó aire lentamente.

—Está bien.

—Mírame.

Sofía levantó la mirada.

—No tienes que demostrar nada. Solo cuenta lo que hiciste.

Sofía asintió.

—Gracias.

Milena se apartó.

Julián había escuchado parte de la conversación desde unos pasos más atrás.

Observó a Sofía.

Después miró a Milena.

Había algo diferente en ella.

No estaba hablando como la mujer que conocía del consultorio.

Era simplemente una hermana mayor tratando de tranquilizar a su hermana menor.

Y por alguna razón, aquella escena le resultó agradable.

Comenzaron las presentaciones.

Uno a uno, los estudiantes fueron mostrando sus trabajos.

Había fotografías.

Ilustraciones.

Diseños gráficos.

Después llegó el turno de Sofía.

Ella respiró profundamente antes de comenzar.

Explicó la idea detrás de su diseño, las telas que había elegido y el proceso que había seguido.

Al principio su voz temblaba un poco.

Después fue ganando seguridad.

Julián escuchó con atención.

No sabía mucho de diseño de modas, pero podía reconocer cuando alguien hablaba de algo que realmente le importaba.

Sofía terminó su explicación.

Hubo aplausos.

Milena sonrió.

Sofía la buscó con la mirada.

Cuando

sus

ojos

se

encontraron,

Milena

levantó discretamente el pulgar.

Sofía sonrió.

—Lo hizo muy bien —dijo Julián.

Milena se volvió hacia él.

—Sí.

—Se notaba que estaba nerviosa.

—Muchísimo.

—Pero después se le pasó.

Milena sonrió.

—Le costó bastante llegar hasta aquí.

—Entonces tiene más mérito.

Milena lo miró durante unos segundos.

—Gracias.

Julián pareció confundido.

—¿Por qué?

—Por decirlo.

—Solo estoy diciendo la verdad.

Milena sonrió.

—Lo sé.

Después de las presentaciones, algunas personas se acercaron a Sofía para felicitarla.

Milena permaneció cerca, pero dejó que su hermana disfrutara del momento.

Julián observó las diferentes obras de la sala.

Una de las pinturas llamó nuevamente su atención.

Se acercó.

Milena terminó a su lado.

—¿Otra vez pintura?

Julián sonrió.

—Vine por esto, ¿recuerdas?

—Cierto.

—Además, esta me gusta.

Milena observó el cuadro.

—¿Qué tiene?

Julián la miró.

—No lo sé.

—Entonces definitivamente estás cambiando.

—¿Por qué?

—Antes habrías encontrado alguna explicación.

Julián soltó una pequeña risa.

—Quizá estoy aprendiendo que no todo necesita una explicación.

Milena volvió a mirar la pintura.

—Eso suena bien.

—Sí.

Hubo un breve silencio.

Esta vez no fue incómodo.

Julián simplemente permaneció allí.

Milena también.

Hasta que Sofía apareció junto a ellos.

—¿Qué hacen?

—Julián está admirando la pintura —respondió Milena.

Sofía miró el cuadro.

—Ah.

Después miró a Julián.

—¿Te gusta?

—Sí.

—Entonces tienes buen gusto.

Julián sonrió.

—Eso espero.

Sofía soltó una risa.

—Soy Sofía, por cierto.

Julián la miró.

—Julián.

—Ya sé.

Milena levantó ligeramente las cejas.

—¿Ya se habían presentado?

Sofía sonrió.

—No. Pero escuché a Laura decir su nombre.

Julián asintió.

—Entonces ahora sí.

Sofía extendió la mano.

—Mucho gusto.

—Mucho gusto.

Milena los observó.

Y por primera vez aquella tarde tuvo una sensación extraña.

No sabía exactamente qué era.

Solo que ver a Julián hablando con Sofía de una manera tan natural le resultaba diferente.

Como si dos partes de su vida que siempre habían estado separadas acabaran de encontrarse.

Y, aunque todavía no sabía qué significaba aquello, no le desagradaba.