Perdida CAPÍTULO 49 — Como si fuera la primera vez
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CAPÍTULO 49 — Como si fuera la primera vez

Como si fuera la primera vez

La mujer caminó hacia Milena entre las personas.

—¡Milena!

Milena se giró.

Su rostro se iluminó al reconocerla.

—¡Laura! Qué sorpresa.

—No sabía que vendrías.

—Vine con mi hermana. Está presentando uno de sus diseños.

Laura miró hacia la sala de diseño.

—¿Sofía?

—Sí.

—No sabía que era ella. Tengo que felicitarla.

—Está un poco nerviosa.

—Es normal.

Hablaron durante unos minutos.

Después Laura miró hacia el grupo con el que había llegado.

—Estoy con unos amigos. Ven, te los presento.

Milena sonrió.

—Claro.

Las dos caminaron juntas hacia el grupo.

Julián estaba de pie junto a su compañero, escuchando una conversación sobre una de las pinturas que acababan de ver.

No estaba prestando demasiada atención.

Hasta que escuchó la voz de Laura.

—Chicos.

Se giró.

Laura estaba allí con Milena.

Durante un instante, Julián se quedó completamente quieto.

No esperaba verla.

Milena también lo reconoció inmediatamente.

Sus miradas se encontraron.

Fue apenas un segundo.

Después, Laura comenzó a presentarlos.

—Él es Andrés.

Andrés saludó a Milena.

—Mucho gusto.

—Igualmente.

—Ella es Carolina.

Carolina sonrió.

—Mucho gusto.

Milena respondió con una sonrisa.

Después Laura miró a Julián.

—Y él es Julián.

Hubo una pausa mínima.

Julián extendió la mano.

—Mucho gusto.

Milena lo miró.

Por un instante, ambos supieron lo extraño que era aquello.

Habían compartido muchas conversaciones.

Habían hablado de cosas que Julián nunca había contado a otras personas.

Ella había escuchado sus silencios, sus miedos y sus dudas.

Y ahora estaban allí.

En una exposición.

Rodeados de personas.

Presentándose como si fuera la primera vez.

Milena tomó su mano.

—Mucho gusto.

La soltaron casi al mismo tiempo.

Laura continuó hablando sin notar nada extraño.

—Milena es hermana de Sofía. Ella es la que está presentando uno de los diseños.

Julián asintió.

—Ah.

Miró hacia la sala donde estaban los trabajos de los estudiantes.

—Entonces ella es la diseñadora.

—Sí —respondió Milena—. Ha trabajado mucho para esto.

—Se nota.

Milena lo miró.

—¿Ya viste los diseños?

—Todavía no todos. Vine principalmente por las pinturas.

—¿Te gusta la pintura?

Julián sonrió ligeramente.

—Últimamente sí.

Milena asintió.

—Eso es bueno.

Por un momento ninguno dijo nada.

Laura comenzó a hablar con los demás sobre una de las exposiciones.

La conversación del grupo continuó.

Julián escuchaba, pero de vez en cuando su mirada regresaba hacia Milena.

Era extraño verla así.

No estaba detrás de un escritorio.

No tenía un expediente delante.

No llevaba la expresión seria que tantas veces había visto durante sus sesiones.

Estaba simplemente allí.

Hablando.

Sonriendo.

Siendo Milena.

Y ella también lo estaba viendo de una manera diferente.