CAPÍTULO 48 — La muestra
La muestra
El centro cultural estaba más lleno de lo que Julián había imaginado.
Apenas entró, escuchó conversaciones por todas partes.
Había
personas
observando
fotografías,
estudiantes explicando sus proyectos y pequeños grupos reunidos frente a las pinturas.
Julián se detuvo frente a una de ellas.
No dijo nada.
La observó durante varios segundos.
—¿Te gusta? —preguntó su compañero.
—Sí.
—Pensé que ibas a criticarla.
Julián sonrió.
—No todo tiene que analizarse.
Su compañero lo miró sorprendido.
—¿Quién eres y qué hiciste con Julián?
Julián soltó una pequeña risa.
—Estoy intentando disfrutar las cosas.
Continuaron caminando.
Julián se detuvo frente a otra pintura.
Después frente a una tercera.
Había algo extraño en volver a mirar el arte de aquella manera.
Durante años había pensado demasiado.
Había buscado significados incluso donde no los había.
Ahora podía simplemente mirar.
Una pintura podía gustarle sin tener que descubrir por qué.
En otra sala, Sofía permanecía junto a su diseño.
Había terminado de acomodar los últimos detalles.
Miró alrededor.
Otros estudiantes hablaban con familiares y amigos.
Algunos parecían tranquilos.
Otros estaban tan nerviosos como ella.
Milena se acercó.
—¿Cómo estás?
—Nerviosa.
—Eso ya lo sé.
Sofía sonrió.
—Pero estoy bien.
Milena asintió.
—Entonces funciona.
—¿Qué?
—Estar nerviosa y estar bien al mismo tiempo.
Sofía soltó una pequeña risa.
—Creo que estoy empezando a entenderlo.
Milena miró el diseño.
—Está precioso.
—Gracias.
—Ahora deja de mirarlo como si fueras a encontrar un error de último minuto.
Sofía abrió la boca para responder.
—No estaba…
Milena levantó una ceja.
—Sí estabas.
Sofía se rio.
Unos minutos después, Milena se alejó para buscar algo de beber.
Mientras caminaba entre la gente, reconoció algunos rostros.
Saludó a una antigua conocida.
Después continuó hacia la otra sala.
No esperaba encontrar a nadie conocido allí.
Había ido por Sofía.
Eso era todo.
Julián, mientras tanto, continuaba recorriendo la exposición.
Su compañero se detuvo para saludar a alguien.
—Espera un momento.
Julián asintió.
Se quedó observando una pintura cercana.
Una mujer estaba frente a ella, inclinando ligeramente la cabeza mientras la observaba.
Julián la reconoció.
La había visto antes.
No sabía su nombre, pero recordaba haber coincidido con ella en algunas reuniones.
Ella también pareció reconocerlo.
—Hola.
Julián sonrió.
—Hola.
—Nos hemos visto antes, ¿verdad?
—Sí. Un par de veces.
—Pensé que eras tú.
—No sabía que vendrías.
—Vine con unos amigos.
Julián señaló discretamente hacia donde estaba su compañero.
—Yo también.
La mujer sonrió.
—Qué pequeño es el mundo.
Julián volvió a mirar la pintura.
—¿Te gusta?
—Mucho.
—A mí también.
Ella observó el cuadro unos segundos más.
Después miró hacia el otro lado de la sala.
Su expresión cambió ligeramente.
—Ah.
Julián la miró.
—¿Qué?
La mujer sonrió.
—Acabo de ver a alguien que conozco.
Julián siguió la dirección de su mirada.
Pero entre la gente no alcanzó a distinguir a quién se refería.
—Voy a saludarla —dijo ella.
—Claro.
La mujer comenzó a caminar entre las personas.
Julián volvió la mirada hacia la pintura.
Sin saber que aquella mujer estaba a punto de acercarse a alguien que él conocía mucho más de lo que imaginaba.