Perdida CAPÍTULO 45 — Nuevos planes
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CAPÍTULO 45 — Nuevos planes

Nuevos planes

El lunes por la mañana, Julián llegó a la universidad con varios libros bajo el brazo.

Había comenzado la semana con bastante trabajo.

Entre clases, reuniones y algunos documentos pendientes, apenas tuvo tiempo para tomar un café.

Al salir de una de sus clases, Andrés lo esperaba en el pasillo.

—¿Tienes algo el viernes por la noche?

Julián lo miró.

—¿Por qué?

—Hay una reunión de algunos compañeros.

—¿En dónde?

—En un lugar nuevo que abrieron cerca del centro.

Julián dudó unos segundos.

—¿Quiénes van?

—Algunos de los de siempre. También gente que no conoces.

Julián sonrió.

—Eso no me ayuda mucho.

—Precisamente por eso deberías ir.

—¿Por qué?

—Porque últimamente estás diciendo que sí a cosas que antes habrías rechazado.

Julián levantó una ceja.

—¿Me estás vigilando?

—Te conozco.

Julián soltó una pequeña risa.

—No sé.

—Piénsalo.

Andrés comenzó a alejarse.

—¿A qué hora?

—A las ocho.

Julián asintió.

—Está bien.

Andrés se giró.

—¿Eso es un sí?

—Sí.

—Definitivamente estás cambiando.

—No exageres.

—Ya veremos.

Andrés continuó caminando.

Julián se quedó unos segundos en el pasillo.

Durante un instante pensó en todo lo que había cambiado.

Antes habría buscado una excusa.

Tenía trabajo.

Estaba cansado.

Prefería quedarse en casa.

Ahora simplemente había aceptado.

No porque tuviera que hacerlo.

Porque quería probar.

Esa misma tarde, Milena recibió un mensaje de Sofía.

“¿Puedes ayudarme mañana?”

Milena respondió: “Claro. ¿Con qué?”

“Con el vestido.”

Milena sonrió.

“Pensé que tú eras la diseñadora.”

“Lo soy. Pero necesito una opinión.”

“Eso sí puedo hacerlo.”

“Gracias.”

Milena dejó el teléfono sobre la mesa.

El evento estaba cada vez más cerca.

Sofía había pasado las últimas semanas trabajando en su diseño y, aunque seguía nerviosa, ya no hablaba de abandonar.

Eso era suficiente para Milena.

Al día siguiente, después del trabajo, pasó por la casa de su hermana.

Sofía tenía el vestido extendido sobre una mesa.

—¿Qué te parece?

Milena lo observó.

—Me gusta.

—¿Solo eso?

—¿Quieres una opinión de hermana o una crítica profesional?

—De hermana.

—Entonces me gusta mucho.

Sofía sonrió.

—¿Y qué cambiarías?

Milena se acercó y señaló un pequeño detalle.

—Quizá esto.

Sofía lo miró.

—Yo también lo había pensado.

—Entonces hazle caso a la diseñadora.

—Gracias.

Milena se quedó observando el vestido unos segundos.

—Estás nerviosa.

Sofía suspiró.

—Mucho.

—Es normal.

—¿Tú nunca te pones nerviosa?

Milena sonrió.

—Claro que sí.

—No parece.

—Eso es porque aprendí a disimularlo.

Sofía se rio.

—¿Y cómo?

—Respirando y haciendo lo que tengo que hacer.

—Eso suena demasiado sencillo.

—A veces lo sencillo funciona.

El viernes llegó.

Julián terminó su última clase y guardó sus cosas.

Durante unos segundos pensó en cancelar.

Había sido una semana larga.

Pero recordó que él mismo había aceptado.

Así que se dirigió a casa, se cambió y salió.

No sabía que aquella decisión aparentemente pequeña terminaría llevándolo a un lugar que no había planeado.

Ni que esa noche conocería a alguien que ya conocía.

Solo que todavía no sabía de qué manera.