Perdida CAPÍTULO 43 — Una oportunidad
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CAPÍTULO 43 — Una oportunidad

Una oportunidad

El miércoles por la tarde, Milena estaba terminando de revisar unos expedientes cuando recibió una llamada de Sandra.

—Hola.

—¿Estás ocupada?

Milena miró la pantalla de la computadora.

—Un poco. ¿Por qué?

—Necesito preguntarte algo.

—Dime.

—Es sobre Sofía.

Milena sonrió.

—¿Qué hizo ahora?

—Nada. Esta vez no hizo nada.

—Entonces, ¿qué pasó?

Sandra soltó una pequeña risa.

—Le ofrecieron participar en un proyecto.

Milena dejó el bolígrafo sobre el escritorio.

—¿Qué clase de proyecto?

—Una convocatoria para estudiantes de diseño de modas. Una marca pequeña está buscando jóvenes para presentar algunas propuestas.

—Eso suena muy bien.

—Sí, pero Sofía no sabe si hacerlo.

Milena frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

—Dice que todavía no está preparada.

Milena sonrió.

—Eso sí suena a Sofía.

—Exactamente.

—¿Y tú qué le dijiste?

—Que debería hacerlo.

—Entonces, ¿para qué me llamas?

—Porque contigo escucha cosas que conmigo no.

Milena soltó una carcajada.

—Eso no es cierto.

—Claro que sí.

—¿Dónde está?

—En casa.

—Pásamela.

Hubo unos segundos de silencio.

Después escuchó la voz de su hermana menor.

—Hola.

—Hola, Sofía.

—Sandra te contó.

—Sí.

—No quería que te preocupara.

—No estoy preocupada.

—Pero yo sí.

Milena se acomodó en la silla.

—¿Por qué?

—Porque hay gente mucho mejor que yo.

—Eso no lo sabes.

—He visto sus trabajos.

—¿Y?

—Son increíbles.

—¿Y el tuyo?

Sofía guardó silencio.

—También es bueno —dijo finalmente.

—Entonces ya tienes algo.

—Pero no sé si sea suficiente.

Milena sonrió.

—Sofía,

¿cuándo

pensabas

sentirte

suficientemente preparada?

—No sé.

—¿Cuándo terminaras la universidad?

—Tal vez.

—¿Y después?

Sofía no respondió.

—Probablemente encontrarías otra razón para esperar.

Hubo un breve silencio.

—¿Tú crees que debería hacerlo?

Milena miró hacia la ventana.

—Creo que deberías intentarlo.

—¿Y si no quedo?

—Entonces no quedaste.

—Eso no ayuda mucho.

Milena se rio.

—No estoy tratando de decirte que vas a ganar.

—Gracias por la confianza.

—Estoy tratando de decirte que no necesitas saber el resultado para decidir si vale la pena intentarlo.

Sofía permaneció callada.

—Además —continuó Milena—, estás estudiando diseño porque te gusta. Algún día tendrás que dejar que alguien más vea lo que haces.

—Eso me da miedo.

—Claro que da miedo.

Milena hizo una pausa.

—Pero tener miedo no significa que no estés preparada.

Sofía suspiró.

—Voy a pensarlo.

—Está bien.

—Gracias.

—Para eso estamos las hermanas mayores.

—Aunque a veces eres muy mandona.

—Eso también viene incluido.

Sofía se rio.

—Te quiero.

—Yo también.

Más tarde, Milena salió del consultorio.

Mientras caminaba hacia su automóvil, pensó en la conversación.

Le había dicho a Sofía algo que también había aprendido durante los últimos años.

No siempre se podía esperar a sentirse completamente preparado.

A veces había que avanzar con un poco de miedo.

Encendió el automóvil.

Antes de arrancar, recibió otro mensaje.

Era de Sofía.

Había aceptado participar en la convocatoria.

Milena sonrió.

Respondió: “Sabía que podías hacerlo.”

Guardó el teléfono y arrancó.

No sabía cómo terminaría aquella oportunidad para Sofía.

Pero al menos ya no tendría que preguntarse qué habría pasado si lo hubiera intentado.