Perdida CAPÍTULO 42 — Sin forzar nada
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CAPÍTULO 42 — Sin forzar nada

Sin forzar nada

El martes por la tarde, Julián llegó nuevamente al consultorio de Milena.

Esta vez entró con una expresión tranquila.

Milena lo saludó y tomó asiento frente a él.

—¿Cómo estuvo tu semana?

Julián sonrió.

—Interesante.

—Eso suena diferente.

—Me presentaron a alguien.

Milena levantó ligeramente las cejas.

—¿Ah, sí?

—Un amigo insistió.

—¿Y aceptaste?

—Sí.

—¿Cómo fue?

Julián se acomodó en el sillón.

—Bien.

Milena esperó.

—¿Solo bien?

—Muy bien, en realidad.

Sonrió.

—Se llama Clara. Trabaja en una editorial. Es inteligente, divertida y tenemos bastantes cosas en común.

—Parece que te agradó.

—Me agradó mucho.

—¿Y qué pasó?

Julián se quedó pensando.

—Nada.

Milena sonrió.

—¿Nada?

—Nada malo. Simplemente… no sentí una conexión romántica.

Milena asintió.

—¿Te decepcionó?

—No.

La respuesta salió rápidamente.

—Eso es lo que me sorprendió.

Milena lo observó.

—¿Por qué?

—Porque hace unos meses habría pensado que si una persona me gustaba y la cita salía bien, tenía que significar algo más.

Hizo una pausa.

—Esta vez simplemente disfruté la conversación.

—¿Y pudiste dejarlo ahí?

—Sí.

Milena sonrió.

—Eso es un cambio importante.

Julián bajó la mirada.

—Creo que antes necesitaba que todo significara algo.

—¿Y ahora?

—Ahora puedo dejar que las cosas sean lo que son.

Milena permaneció unos segundos en silencio.

—Eso también se aplica a Elena.

Julián no respondió inmediatamente.

Después asintió.

—Sí.

No había tensión en su rostro.

—Creo que todavía me duele lo que pasó. Pero ya no necesito que ella lo entienda como yo.

Milena lo escuchó atentamente.

—¿Y qué necesitas tú?

Julián pensó unos segundos.

—Seguir adelante.

Milena sonrió.

—Creo que estás empezando a hacerlo.

Julián levantó la mirada.

—¿Eso significa que estoy cerca de graduarme?

Milena soltó una pequeña risa.

—No sabía que la terapia tuviera ceremonia de graduación.

—Sería interesante.

—Podríamos darte un diploma.

—¿Con honores?

—No abuses.

Ambos rieron.

Después Milena volvió a ponerse seria.

—Hablando en serio, Julián, creo que has avanzado bastante.

Él asintió.

—Yo también lo siento.

—Por eso quería proponerte algo.

Julián esperó.

—Podríamos empezar a espaciar las sesiones.

Julián la miró.

—¿Espaciarlas?

—Sí. No significa que terminemos ahora. Simplemente podemos pasar de vernos con la misma frecuencia a hacerlo cada dos semanas.

Julián permaneció unos segundos en silencio.

—¿Crees que estoy listo?

—Creo que estás mucho más preparado para continuar por tu cuenta.

Julián miró hacia la ventana.

—Me da un poco de miedo.

Milena asintió.

—Es normal.

—Pensé que me alegraría más.

—Puedes sentir miedo y estar preparado al mismo tiempo.

Julián sonrió ligeramente.

—Eso suena bastante a algo que diría usted.

—Es mi trabajo.

Él soltó una pequeña risa.

Después volvió a guardar silencio.

—Creo que quiero intentarlo.

—Entonces lo hacemos poco a poco.

Julián asintió.

Cuando la sesión terminó, se levantó.

—Nos vemos en dos semanas.

—Nos vemos.

Julián salió del consultorio.

Mientras caminaba hacia el estacionamiento, pensó en lo extraño que era.

Durante mucho tiempo había pensado que algún día dejaría de necesitar terapia porque estaría completamente bien.

Ahora entendía que no se trataba de eso.

No necesitaba estar completamente bien.

Solo necesitaba saber que podía continuar.

Milena, desde el consultorio, cerró su expediente.

Miró la fecha de la próxima sesión.

Dos semanas.

Era un pequeño cambio.

Pero sabía que significaba mucho.

Julián estaba empezando a caminar sin necesitar que alguien le indicara cada paso.