CAPÍTULO 37 — Diferentes formas de perder
Diferentes formas de perder
El lunes, Milena llegó al consultorio unos minutos antes de lo habitual.
Dejó el bolso sobre la silla, encendió la computadora y revisó la agenda.
Entre sus pacientes de la mañana estaba Laura.
Llevaba varios meses atendiendo con ella.
Milena conocía parte de su historia: la enfermedad que había cambiado muchas cosas en su vida y el esfuerzo que hacía para adaptarse a ella.
Cuando Laura entró, llevaba el cabello recogido y una expresión cansada.
—Buenos días.
—Buenos días, Laura. ¿Cómo has estado?
Laura se sentó frente a ella.
—Más o menos.
Milena esperó.
—La semana pasada terminé con mi pareja.
Milena levantó ligeramente la mirada.
—¿Después de cuánto tiempo?
—Casi ocho años.
Hubo un breve silencio.
—Lo siento.
Laura asintió.
—Yo también.
Milena no tomó notas inmediatamente.
—¿Cómo ocurrió?
Laura respiró profundamente.
—Creo que llevábamos mucho tiempo sabiendo que algo estaba cambiando.
Bajó la mirada hacia sus manos.
—Desde que me enfermé, todo se volvió diferente.
Milena escuchó atentamente.
—Él estuvo conmigo durante mucho tiempo. Me acompañó a citas, estuvo cuando las cosas se pusieron difíciles… incluso dejó de hacer algunas cosas por estar pendiente de mí.
Hizo una pausa.
—Pero llegó un momento en que empezó a cansarse.
Milena permaneció en silencio.
—Al principio me daba rabia —continuó Laura—. Pensaba: “¿Cómo puede cansarse después de todo lo que hemos vivido?”
—¿Y ahora?
Laura tardó unos segundos en responder.
—Ahora lo entiendo un poco más.
Milena la miró.
—¿Lo extrañas?
—Muchísimo.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Laura.
—Pero eso no significa que quiera volver.
Milena asintió.
—¿Y eso no te resulta contradictorio?
—Sí.
Laura soltó una pequeña risa.
—Puedo quererlo y aceptar que ya no podemos estar juntos.
Milena dejó el bolígrafo sobre la mesa.
—Parece que has avanzado bastante desde la última vez que hablamos.
—Tal vez.
Laura miró hacia la ventana.
—A veces pienso que sería más fácil si él hubiera sido una mala persona.
Milena sonrió ligeramente.
—¿Por qué?
—Porque entonces podría estar enojada y ya.
Milena soltó una pequeña risa.
—Sí. Sería más sencillo.
—Pero no fue así.
Laura negó con la cabeza.
—Él me quiso. Yo también lo quise. Tuvimos una vida juntos. Solo que llegó un momento en que él ya no pudo seguir.
Milena asintió.
No había mucho más que agregar.
La relación había sido real.
La pérdida también.
Y ambas cosas podían existir al mismo tiempo.
La consulta continuó unos minutos más.
Hablaron de cómo Laura estaba afrontando los cambios en su rutina, de las personas que tenía cerca y de las cosas que podía empezar a recuperar para sí misma.
Cuando terminó la sesión, Laura se levantó.
—Gracias.
—Nos vemos la próxima semana.
—Sí.
Laura salió del consultorio.
Milena cerró el expediente y permaneció unos segundos en silencio.
Había escuchado muchas historias de relaciones que terminaban.
Algunas por infidelidad.
Otras por incompatibilidad.
Algunas simplemente porque el amor cambiaba.
Pero aquella le había dejado una sensación distinta.
Laura no necesitaba negar lo que había vivido para poder seguir adelante.
No necesitaba convertir aquellos ocho años en una mentira.
Había amado.
Había sido amada.
Y aun así, la relación había terminado.
Milena pensó en eso mientras organizaba los documentos sobre el escritorio.
Entonces recordó otra historia.
La de alguien que había llegado a creer que una relación significaba una cosa, mientras la otra persona parecía haberla vivido de una manera completamente diferente.
No era lo mismo.
La diferencia era enorme.
En un caso, dos personas habían compartido una historia real y, aun así, habían llegado al final.
En el otro, quizá habían estado dentro de la misma historia sin entenderla de la misma manera.
Milena se quedó unos segundos mirando el escritorio.
No sabía por qué aquella comparación había aparecido en su mente.
Tal vez porque, después de escuchar tantas historias, empezaba a comprender que perder una relación no siempre significaba perder lo mismo.
Tomó el siguiente expediente.
Tenía otra consulta en unos minutos.
No podía quedarse pensando en aquello.
Guardó el documento y continuó con su jornada.
Pero la idea permaneció allí, en algún lugar de su mente.