Perdida CAPÍTULO 35 — Una nueva vida
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CAPÍTULO 35 — Una nueva vida

Una nueva vida

El domingo por la mañana, Milena llegó a casa de sus padres.

Había pasado buena parte de la semana pensando en la llamada de Sandra.

Después te cuento.

Conociendo a su hermana, aquella frase podía significar cualquier cosa.

Al entrar, escuchó voces desde la cocina.

—¡Llegaste! —exclamó Sofía.

Milena dejó el bolso sobre una silla.

—Sí. Y ahora dime qué está pasando.

Sofía sonrió.

—¿Por qué tiene que estar pasando algo?

—Porque Sandra me llamó el viernes y me dijo que tenía que venir.

—Mamá también quería verte.

Milena entrecerró los ojos.

—Eso no responde mi pregunta.

Sofía soltó una pequeña risa.

—Ven, siéntate.

Milena la siguió hasta la sala.

Sus padres estaban allí, junto con Sandra.

Todos parecían demasiado tranquilos.

Milena los miró uno por uno.

—Definitivamente están ocultándome algo.

Sandra se echó a reír.

—No seas tan desconfiada.

—Te conozco.

—¿Y qué crees que hice?

—No sé. Pero si me hicieron venir hasta acá para decirme que mamá compró otro juego de vajilla, me voy.

Su madre negó con la cabeza, divertida.

—Siempre tan dramática.

Sofía se sentó junto a Milena.

Durante unos segundos nadie dijo nada.

Entonces Sandra tomó aire.

—Bueno…

Milena la miró.

—¿Qué?

Sandra sonrió.

—Tenemos algo que contarte.

—Eso ya me lo imaginaba.

Sofía comenzó a reír.

—¡No te rías! —dijo Milena—. Desde el viernes me tienen intrigada.

Sandra intercambió una mirada con sus padres.

Después llevó una mano hasta su abdomen.

Milena tardó unos segundos en comprender.

Sus ojos se abrieron.

—¿Estás…?

Sandra asintió.

—Sí.

Milena se quedó en silencio.

—¿Estás embarazada?

—Sí.

La sonrisa de Milena apareció poco a poco.

—¡Voy a ser tía otra vez!

Sandra se levantó y ambas se abrazaron.

—No sabía cómo decírtelo por teléfono —dijo Sandra.

—Hiciste bien.

Milena se separó de ella y volvió a mirarla.

—¿Cuánto tiempo tienes?

—Poco. Todavía no queríamos decirlo.

—¿Y ustedes ya lo sabían? —preguntó Milena, mirando a sus padres.

Su madre sonrió.

—Desde hace unos días.

Milena negó con la cabeza.

—Y todos conspirando contra mí.

—Era una sorpresa —dijo Sofía.

—Tú eres la peor de todas.

—Yo casi te lo cuento ayer.

—¡Lo sabía!

Las dos comenzaron a reír.

Milena volvió a abrazar a Sandra.

—Me alegra mucho por ustedes.

Sandra apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Gracias.

Por un momento, Milena permaneció abrazada a su hermana.

Pensó en lo extraño que era el tiempo.

A veces parecía que la vida avanzaba sin pedir permiso.

Una persona crecía.

Otra se iba.

Alguien comenzaba una nueva etapa.

Y, de repente, una nueva vida estaba por llegar.

Se apartó y miró a Sandra.

—¿Ya saben si es niño o niña?

—Todavía no.

—Entonces tendremos que esperar.

—Sí.

Sofía levantó una mano.

—Yo ya tengo algunas ideas para la ropa.

Milena la miró y soltó una carcajada.

—Claro que sí. ¿Cómo no?

—Es mi especialidad.

—Todavía ni siquiera sabes si será niño o niña.

—Precisamente por eso. Tengo que estar preparada.

Sandra negó con la cabeza.

—No ha nacido y Sofía ya quiere diseñarle el armario completo.

—Alguien tiene que hacerlo.

Milena volvió a reír.

Por primera vez en varios días, sintió que su mente estaba completamente lejos del trabajo.

No estaba pensando en pacientes.

Ni en problemas.

Ni en decisiones pendientes.

Solo estaba allí.

Con su familia.

Escuchando a sus hermanas discutir sobre nombres y ropa de bebé.

Y mientras las observaba, sintió una gratitud sencilla.

No necesitaba que todo fuera perfecto para sentirse feliz.

A veces bastaba con estar presente cuando la vida traía una buena noticia.

Aquella tarde, cuando salió de la casa de sus padres, Milena llevaba una sonrisa que no había planeado.

Había ido pensando que seguramente algo estaba pasando.

Y tenía razón.

Solo que, esta vez, lo que la esperaba era una nueva vida.

Una que todavía no conocía.

Pero que ya empezaba a querer.