CAPÍTULO 26 — Dos historias
Dos historias
Julián no respondió inmediatamente.
Elena seguía de pie frente a él.
—¿Por qué le dijiste eso?
Él bajó la mirada.
—Porque…
Se detuvo.
Buscó las palabras.
—Porque pensé que era así.
Elena soltó una pequeña risa.
No había humor en ella.
—¿Pensaste?
—Sí.
—¿Pensaste que éramos pareja?
—Sí.
Elena lo miró fijamente.
—¿Desde cuándo?
Julián guardó silencio unos segundos.
—No lo sé exactamente.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Fue pasando.
Ella negó con la cabeza.
—No, Julián. Las cosas no pasan así.
Él levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Que uno no se convierte en pareja con alguien porque un día decide pensarlo.
Julián sintió que algo dentro de él se cerraba.
—Yo nunca dije que fuera así.
—Pero lo dijiste.
—¿Qué?
—A esa persona.
Elena dio un paso hacia él.
—Le dijiste que estábamos juntos.
—Sí.
—¿Y nunca me lo dijiste a mí?
Julián abrió la boca.
No respondió.
Elena asintió lentamente.
—Eso pensé.
Se volvió hacia la ventana.
Durante unos segundos ninguno habló.
—¿Sabes qué es lo peor? —dijo ella.
Julián permaneció en silencio.
—Que ahora estoy pensando en todas las cosas que hice contigo.
Él la miró.
—Elena…
—No.
Ella levantó una mano.
—Déjame terminar.
Julián guardó silencio.
—Cuando me quedé aquí, yo pensaba que eras mi amigo.
La palabra quedó suspendida.
—Cuando te abrazaba, eras mi amigo.
Julián sintió un nudo en la garganta.
—Cuando me sentaba contigo a tomar café, eras mi amigo.
Ella respiró profundamente.
—Cuando apoyaba la cabeza en tu hombro, eras mi amigo.
Julián bajó la mirada.
—Y ahora resulta que tú estabas guardando cada una de esas cosas como si significaran otra cosa.
—No era así.
—¿Entonces cómo era?
Julián se quedó sin respuesta.
Elena lo observó.
—Eso es lo que no entiendo.
Su voz comenzó a quebrarse.
—¿Por qué nunca me preguntaste?
Julián levantó la mirada.
—Porque pensé que…
—Ahí está.
Ella soltó una risa amarga.
—Siempre pensaste.
—Elena…
—Pensaste que yo quería quedarme. Pensaste que quería vivir contigo. Pensaste que quería algo contigo.
Julián sintió que cada palabra encontraba un lugar doloroso.
—Yo te quería.
—Yo también te quería.
La respuesta salió inmediatamente.
Julián levantó la cabeza.
Pero Elena continuó: —Te quería como mi amigo.
El silencio fue absoluto.
Julián sintió que acababa de perder algo que nunca había tenido.
—Nunca quise engañarte —dijo.
—Pero me dejaste vivir dentro de una historia que yo no sabía que existía.
Él frunció el ceño.
—No entiendo.
—Eso es precisamente lo que me duele.
Elena lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Tú estabas viviendo una relación conmigo.
Se señaló el pecho.
—Yo estaba viviendo una amistad contigo.
Julián no encontró nada que decir.
Ella se limpió una lágrima.
—¿Sabes qué siento ahora?
Él negó lentamente.
—Que todo lo que hice contigo está siendo revisado por ti.
Julián la miró confundido.
—¿Qué quieres decir?
—Que ahora entiendo por qué me mirabas así.
Ella bajó la voz.
—Y me da rabia.
Julián cerró los ojos.
—No quería que te sintieras así.
—Pero me siento así.
Elena se quedó unos segundos en silencio.
Después habló más despacio.
—Necesito irme.
Julián levantó la mirada.
—¿Irte?
—Sí.
—¿Por cuánto tiempo?
Ella negó con la cabeza.
—No lo sé.
Julián sintió que el miedo aparecía antes de poder detenerlo.
—¿Vas a volver?
Elena lo miró.
Esta vez no respondió inmediatamente.
En sus ojos había tristeza.
Pero también había cansancio.
—Ahora mismo no sé nada, Julián.
Él quiso acercarse.
Ella retrocedió.
—No.
La palabra fue firme.
—Por favor.
Julián se detuvo.
Elena caminó hacia la habitación.
—Voy a empacar.
Él permaneció inmóvil.
No sabía qué hacer.
No sabía qué decir.
Y, por primera vez, comprendió que no existía una frase capaz de convertir aquello en algo diferente.
Elena había descubierto que estaban viviendo dos historias.
Y ninguna explicación podía hacer que dejaran de ser dos.