Perdida CAPÍTULO 25 — El día que Elena lo supo
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CAPÍTULO 25 — El día que Elena lo supo

El día que Elena lo supo

Elena no estaba buscando ninguna respuesta aquella tarde.

Había salido del apartamento para comprar algunas cosas y, antes de regresar, se encontró con alguien que conocía a Julián desde hacía varios años.

Hablaron unos minutos de cosas sin importancia.

La universidad.

El trabajo.

El apartamento.

Hasta que la conversación cambió de dirección.

—¿Y cómo estás con Julián?

Elena sonrió.

—Bien.

La otra persona la miró con una expresión extraña.

—Me alegra.

—¿Por qué?

—Bueno… después de todo lo que pasó entre ustedes.

Elena frunció el ceño.

—¿Qué pasó?

La mujer pareció sorprenderse.

—¿No terminaron?

Elena dejó de sonreír.

—¿Terminar qué?

Hubo un silencio.

—Tú y Julián.

Elena la miró sin entender.

—Julián y yo no somos pareja.

La mujer se quedó completamente quieta.

—¿No?

—No.

—Pero…

Parecía no saber cómo continuar.

Elena comenzó a sentirse incómoda.

—¿Por qué pensabas que sí?

La respuesta llegó con una naturalidad que la hizo sentir todavía más confundida.

—Porque era obvio.

—¿Obvio?

—Elena, vivían juntos. Él hablaba de ti todo el tiempo. Además, cuando le pregunté directamente, me dijo que sí.

Elena sintió que algo dentro de ella se detenía.

—¿Qué te dijo?

—Que ustedes estaban juntos.

Elena no respondió.

La conversación continuó unos segundos, pero dejó de escucharla.

“Estaban juntos.”

La frase se repitió dentro de su cabeza.

Pensó en el apartamento.

En las mañanas.

En las cenas.

En las veces que Julián la esperaba despierto.

En los abrazos.

En las conversaciones.

En aquella vez que él había dicho que podían vivir juntos.

Todo aquello que para ella había sido cariño.

Confianza.

Amistad.

De pronto parecía tener otro significado.

—¿Estás bien? —preguntó la mujer.

Elena levantó la mirada.

—Sí.

Pero no lo estaba.

—¿Estás segura?

Elena asintió.

—Sí. Solo…

Se detuvo.

No sabía qué decir.

No quería hacer una escena.

No quería creer que aquello fuera cierto.

Quizá había un malentendido.

Quizá Julián había dicho algo diferente.

Quizá esa persona había entendido mal.

Necesitaba escucharlo de él.

—Bueno —dijo finalmente—. Tengo que irme.

Se despidió.

Caminó de regreso al apartamento.

Esta vez no miró las vitrinas.

No respondió mensajes.

No pensó en lo que iba a comprar.

Solo caminó.

Cada paso parecía acercarla a una pregunta que todavía no sabía cómo formular.

Cuando llegó, abrió la puerta.

Julián estaba en el estudio.

—¿Ya llegaste? —preguntó él.

Elena dejó las llaves sobre la mesa.

—Sí.

Julián levantó la mirada.

La observó unos segundos.

—¿Pasa algo?

Elena quiso responder que no.

Pero esta vez no pudo.

—Julián…

Él dejó lo que tenía en las manos.

—¿Qué?

Ella respiró profundamente.

—¿Por qué le dijiste a alguien que nosotros éramos pareja?

Julián no respondió.

Y en ese silencio, Elena entendió que no había ningún malentendido.

Había algo que él llevaba tiempo creyendo.

Algo que ella nunca había sabido.

Y por primera vez, Elena miró a Julián sin reconocer del todo al hombre que tenía delante.