CAPÍTULO 21 — El recuerdo
El recuerdo
Aquella noche Julián no consiguió dormir.
La frase regresaba una y otra vez.
—Julián… somos amigos.
No recordaba cuándo la había dicho.
No recordaba qué había ocurrido antes.
Solo podía escuchar su voz.
Se levantó de la cama y caminó hasta la cocina.
Encendió la luz.
Preparó café aunque sabía que no debería hacerlo a esas horas.
Se quedó junto a la ventana con la taza entre las manos.
Intentó recordar.
Nada.
Solo fragmentos.
Una habitación.
Una maleta.
La puerta del armario abierta.
La luz amarilla del apartamento.
Y Elena.
Siempre Elena.
Cerró los ojos.
La imagen desapareció.
A la mañana siguiente llegó temprano a la universidad.
Tenía una clase preparada sobre filosofía de la memoria.
Había hablado durante años sobre cómo los recuerdos no eran reproducciones exactas del pasado, sino reconstrucciones.
Aquella mañana, sin embargo, las palabras le resultaron incómodas.
Escribió en el tablero: MEMORIA Se quedó observando la palabra.
Un estudiante levantó la mano.
—Profesor, ¿la memoria puede cambiar lo que realmente ocurrió?
Julián permaneció unos segundos en silencio.
—La memoria puede cambiar la manera en que interpretamos lo ocurrido.
El estudiante frunció el ceño.
—¿Pero entonces el recuerdo puede ser falso?
—No necesariamente.
Julián dejó el marcador sobre la mesa.
—Un acontecimiento puede ser completamente real y, sin embargo, nuestra interpretación de él puede cambiar con el tiempo.
La clase continuó.
Pero aquellas palabras se quedaron con él.
Al terminar la jornada, regresó a casa.
Abrió nuevamente la caja de recuerdos.
Esta vez no buscó fotografías.
Buscó algo más.
Papeles.
Notas.
Cualquier cosa que pudiera ayudarlo a reconstruir aquellos meses.
Encontró recibos de supermercado.
Una entrada de cine.
Una factura de electricidad.
Una pequeña lista escrita a mano.
Reconoció la letra de Elena.
Había cosas tan simples como: Comprar café.
Llamar a mamá.
Recordarle a Julián que compre leche.
Sonrió.
Durante unos segundos volvió a sentirse tranquilo.
Después encontró una fotografía.
Era de aquellos meses.
Los dos aparecían en la cocina.
Ella llevaba una camiseta demasiado grande.
Él estaba detrás, sosteniendo una taza.
Parecían una pareja.
Julián se quedó observándola.
Eso era lo que siempre había visto.
Pero esta vez intentó mirar la fotografía sin pensar en lo que significaba para él.
Solo en lo que mostraba.
Dos amigos.
Dos personas que habían compartido una casa durante unos meses.
Dos personas que se querían.
La fotografía no decía nada más.
Julián la dejó sobre la mesa.
Sintió una presión en el pecho.
En la siguiente sesión, Milena lo escuchó en silencio.
—Creo que empiezo a entender algo.
—¿Qué?
—Que yo sabía que ella me quería.
—Sí.
—Pero nunca me pregunté de qué manera.
Milena asintió.
—Eso es importante.
—Siempre pensé que querer a alguien y estar enamorado de alguien eran casi lo mismo.
—No lo son.
—Ahora lo sé.
Julián respiró profundamente.
—Pero sigo sin entender cómo pude confundirme tanto.
—Porque no estabas observando solamente lo que ella hacía.
—¿Qué observaba entonces?
—Lo que significaba para ti.
Julián bajó la mirada.
Milena continuó: —Cuando alguien que amamos hace algo que coincide con aquello que deseamos, es fácil interpretarlo como una confirmación.
—Entonces yo veía lo que quería ver.
—No necesariamente.
Milena hizo una pausa.
—Veías algo real. Solo que le dabas un significado que ella no compartía.
Julián permaneció en silencio.
—Eso es peor —dijo finalmente.
—¿Por qué?
—Porque entonces no puedo decir que todo fue mentira.
—No.
—Y tampoco puedo decir que todo fue verdad.
Milena lo observó.
—Tal vez fue verdad para los dos, pero no la misma verdad.
Julián levantó la mirada.
Aquella frase pareció quedarse dentro de él.
—¿Y qué hago con eso?
—Todavía no tienes que hacer nada.
—¿Entonces?
—Recordar.
Julián soltó una pequeña risa sin humor.
—Eso es precisamente lo que estoy intentando hacer.
—No.
Milena negó suavemente con la cabeza.
—Estás intentando encontrar una explicación.
Julián guardó silencio.
—Esta vez —continuó ella— intenta recordar sin defender la historia que ya conoces.
La frase lo dejó inmóvil.
—¿Y si descubro algo que no quiero saber?
Milena sostuvo su mirada.
—Entonces será algo que siempre estuvo allí.
Esa noche, Julián volvió a abrir la caja.
Sacó la fotografía de la cocina.
La observó durante largo rato.
Después la dejó a un lado.
Debajo había una pequeña libreta.
La reconoció.
Era de Elena.
La abrió.
Había listas.
Fechas.
Cosas pendientes.
Algunas frases.
Julián pasó varias páginas.
Hasta que encontró una anotación.
La letra de Elena ocupaba apenas dos líneas.
Se quedó mirándolas.
No recordaba haberlas visto nunca.
Las leyó una vez.
Después otra.
Y una tercera.
No era una declaración.
No era una promesa.
No era nada que pudiera explicar el pasado.
Pero aquella frase hizo que algo dentro de él se estremeciera.
Cerró lentamente la libreta.
Todavía no estaba preparado para seguir.
Pero por primera vez comprendió que quizá el recuerdo que más necesitaba recuperar no era el día en que Elena se fue.
Era el día en que ella intentó decirle quiénes eran.