CAPÍTULO 16 — La palabra que faltaba
La palabra que faltaba
La lluvia había cesado cuando Julián llegó a su apartamento.
Dejó las llaves sobre la mesa y permaneció unos segundos inmóvil, observando el silencio que llenaba cada rincón. Era un lugar ordenado. Todo ocupaba el sitio que le correspondía. Siempre le había gustado que las cosas permanecieran donde él las dejaba.
Preparó un café.
Abrió un libro de filosofía con la intención de leer unas páginas.
No pasó de la primera.
Las palabras se deshacían antes de cobrar sentido.
Cerró el libro con un suspiro.
La pregunta de Milena seguía allí.
“¿Y hablaban de formar una familia?”
Negó con la cabeza.
—Qué tontería… —murmuró para sí.
Se levantó.
Sin saber muy bien por qué, abrió el armario del estudio.
En la parte superior descansaban varias cajas de cartón perfectamente etiquetadas.
Tomó una.
La colocó sobre la mesa del comedor.
Dentro había años enteros de su vida.
Entradas de cine.
Fotografías.
Boletos de autobús.
Recibos de cafeterías.
Pequeños recuerdos que nunca había sido capaz de tirar.
Sonrió al encontrar una fotografía.
Los dos aparecían sentados sobre el césped de un parque.
Ella reía con la cabeza inclinada hacia atrás mientras él la observaba sin darse cuenta de la cámara.
—Ese día llovió… —susurró.
Recordó cómo terminaron empapados, riéndose como niños.
Sacó otra fotografía.
Ella lo abrazaba con fuerza.
La siguiente.
Él tenía un brazo sobre sus hombros.
Otra más.
Los dos dormidos durante un viaje en autobús.
Ella descansaba la cabeza sobre su hombro.
Julián sonrió con ternura.
—¿Ves? —dijo en voz baja, como si Milena pudiera escucharlo—. Todo estaba ahí.
Continuó revisando la caja.
Aparecieron pequeñas notas escritas a mano.
“Gracias por acompañarme hoy.”
“Eres la única persona que logra calmarme.”
“No sé qué haría sin ti.”
Cada frase hacía que el peso en su pecho disminuyera un poco.
Todo seguía teniendo sentido.
Entonces encontró una tarjeta doblada por la mitad.
Reconoció la letra de inmediato.
Era uno de sus cumpleaños.
La abrió con cuidado.
“Feliz cumpleaños.
Gracias por ser la familia que la vida decidió regalarme.
Gracias por caminar conmigo incluso cuando yo no sabía hacia dónde iba.
Prométeme que, pase lo que pase, nunca dejaremos de estar el uno para el otro.
Con cariño…”
Julián sonrió.
Acarició el papel con la yema de los dedos.
Leyó el mensaje una segunda vez.
Después una tercera.
Sin embargo…
Hubo una palabra que permaneció más tiempo en su cabeza.
Familia.
No sabía por qué.
Hasta esa noche jamás le había dado importancia.
Siempre había pensado que era una forma bonita de decir cuánto se querían.
Pero la pregunta de Milena volvió sin permiso.
“¿Y hablaban de formar una familia?”
Julián dejó la tarjeta sobre la mesa.
Intentó recordar alguna conversación.
Algún plan.
Algún comentario sobre vivir juntos.
Sobre casarse.
Sobre hijos.
Cerró los ojos.
Nada.
Recordaba proyectos.
Viajes.
Libros que querían leer.
Lugares que soñaban conocer.
Recordaba promesas de acompañarse siempre.
Pero no encontraba una sola conversación donde hubieran imaginado una vida como pareja.
Abrió los ojos de golpe.
Sintió una extraña incomodidad.
—Claro que no… —se dijo.
—Todavía éramos jóvenes.
La explicación pareció suficiente.
Al menos por unos segundos.
Guardó nuevamente las fotografías.
Las notas.
Los recuerdos.
Cerró la caja con cuidado.
Antes de devolverla al armario, volvió a mirar la tarjeta.
“Gracias por ser la familia que la vida decidió regalarme.”
Esta vez ya no sonrió.
Solo permaneció observando aquellas palabras.
Como si escondieran un significado que nunca antes había necesitado buscar.
Esa noche durmió poco.
Y por primera vez en muchos años, soñó con ella.
Estaban sentados en el banco de un parque.
Hablaban de cualquier cosa.
Reían.
Todo era exactamente igual que siempre.
Hasta que Julián le preguntaba: —¿Qué éramos nosotros?
Ella dejaba de sonreír.
Movía los labios.
Parecía responder.
Pero ningún sonido salía de su boca.
Entonces despertó.
El reloj marcaba las cuatro y doce de la madrugada.
Permaneció sentado sobre la cama durante varios minutos.
No recordaba la respuesta del sueño.
Solo la pregunta.
Y, por primera vez, sintió miedo de no encontrarla nunca.