CAPÍTULO 15 — Los espacios vacíos
Los espacios vacíos
El sonido de la lluvia acompañó a Julián durante todo el trayecto.
No era una tormenta. Apenas una llovizna fina que empañaba los vidrios del taxi y convertía la ciudad en una sucesión de luces borrosas. Observó las calles sin prestar demasiada atención. Había algo en aquellos días grises que siempre le transmitía calma.
Al llegar al consultorio, Milena ya lo esperaba.
—Buenos días, Julián.
—Buenos días, doctora.
Intercambiaron un saludo cordial antes de que él ocupara el sillón de siempre.
Durante unos segundos ninguno habló.
Milena dejó que el silencio se acomodara entre los dos.
—La sesión pasada hablamos mucho de ella.
Julián sonrió apenas.
—Sí.
—Hoy me gustaría hablar un poco de ti.
Él levantó la vista.
—¿De mí?
—De lo que sentías.
Julián asintió lentamente.
Milena tomó una libreta, aunque apenas escribió un par de palabras.
—¿Recuerdas cuándo descubriste que estabas enamorado?
Él soltó una risa suave.
—No hubo un día.
Permaneció unos segundos pensando.
—Supongo que fue pasando… sin que me diera cuenta.
Miró un punto perdido de la habitación.
—Éramos
niños
cuando
nos
conocimos.
Después adolescentes… y más tarde adultos. Compartimos tantas cosas que un día entendí que ya no imaginaba mi vida sin ella.
Sonrió con nostalgia.
—Me acostumbré a contarle todo. Cuando algo bueno me pasaba, era la primera persona a la que quería llamar. Cuando todo iba mal… también.
Milena escuchaba sin interrumpir.
—No fue un flechazo.
—No.
—¿Entonces?
—Fue como una casa.
Ella esperó.
—Hay lugares donde uno entra y siente que pertenece allí. Con ella era igual. Nunca tuve que fingir quién era.
Milena hizo una pausa antes de formular la siguiente pregunta.
—¿Y cómo describía ella el futuro de ustedes?
Julián respondió casi de inmediato.
—Decía que íbamos a lograr nuestras metas.
Su voz se volvió cálida.
—Siempre hablábamos de eso. Ella quería verme cumplir mis sueños y yo quería verla cumplir los suyos.
Sonrió al recordar.
—Decía que, pasara lo que pasara, siempre íbamos a estar el uno para el otro.
El silencio volvió a instalarse.
Milena apoyó la espalda en el sillón.
—¿Y hablaban de formar una familia?
La pregunta cayó con suavidad.
Sin embargo, algo cambió.
Julián abrió la boca para responder…
Pero ninguna palabra salió.
Frunció ligeramente el ceño.
Buscó el recuerdo.
Intentó encontrar una conversación, una promesa, un plan.
Nada.
Solo encontró silencios.
Milena observó el cambio en su expresión.
No dijo nada.
Esperó.
Después de varios segundos, Julián habló en voz baja.
—No…
Volvió a buscar.
—No llegamos a planear eso.
Bajó la mirada.
—Supongo que… nunca hablamos de hijos… ni de casarnos.
Las palabras sonaron extrañas incluso para él.
Como si las estuviera escuchando por primera vez.
Milena no tomó aquella respuesta como una conclusión.
Solo hizo otra pregunta.
—¿Eso te preocupaba?
Julián negó con la cabeza.
—No.
Respiró hondo.
—Sentía que teníamos toda la vida por delante.
La frase quedó suspendida en la habitación.
Milena permaneció en silencio unos instantes.
Después habló con la misma serenidad de siempre.
—Cuando pensamos en alguien que amamos, muchas veces completamos los espacios vacíos con aquello que esperábamos vivir. No significa que estemos mintiendo. Significa que la memoria y el deseo, a veces, caminan muy cerca.
Julián levantó la vista.
No entendía del todo aquellas palabras.
Pero tampoco podía ignorarlas.
Por primera vez desde que había comenzado la terapia, una pregunta había dejado un espacio en blanco dentro de un recuerdo que siempre creyó completo.
Al terminar la sesión, salió del consultorio sin prisa.
La lluvia había cesado.
Mientras caminaba, comenzaron a aparecer imágenes de ella.
Los dos estudiando hasta la madrugada.
Ella riéndose de alguno de sus chistes malos.
Un abrazo largo después de una pérdida.
Una tarde cualquiera compartiendo un café sin decir casi nada.
Todo seguía allí.
Nada había desaparecido.
Entonces volvió a escuchar la pregunta de Milena.
“¿Y hablaban de formar una familia?”
Intentó responder otra vez.
No pudo.
Se detuvo frente a un semáforo.
Respiró profundamente.
Por primera vez, una duda se abrió paso entre recuerdos que siempre habían parecido inquebrantables.
Y, aunque todavía no sabía nombrarla, sintió que algo acababa de cambiar.