Pequeña Capítulo Veinte
92%

Capítulo Veinte

Gray

Volvemos caminando al pueblo más cercano.

Valentine llama a alguien —no sé a quién, pero supongo que a uno de los hombres de mayor confianza de Danny— y se encarga de que vengan a recogernos.

Ya no hace falta tanto secretismo, pero sé que Valentine prefiere estar en un lugar conocido antes de que pase nada.

Cuando subimos al coche, reconozco a Walker al volante. Sonríe al verme.

—Me alegra ver que estás viva, Gray. Parece que V ha hecho un buen trabajo cuidándote.

Valentine y yo cruzamos una mirada y asiento.

—Así es.

Valentine se sienta junto a Walker. Echo de menos su compañía y sentirlo cerca, pero no me quejo. No quiero que nadie empiece a hacer preguntas sobre nosotros. Todavía no. No hasta que Danny esté a salvo.

Intento escuchar lo que hablan, pero el ruido del motor y la carretera se traga casi todo.

Lo único que sé es que Valentine ha dado la cara por Walker, y eso significa que yo también puedo confiar en él.

En algún momento me quedo dormida y despierto cuando ya es de noche.

Parpadeo, cegada por las luces de los coches que pasan.

Valentine se asoma por encima del asiento y sonríe.

—Hola, pequeña. ¿Lista para una parada rápida?

Asiento, consciente de que necesito ir al baño y comer algo. Walker para en el siguiente área de servicio y entramos en la pequeña tienda para comprar comida y bebida. Paso por el baño, pero Valentine me intercepta a la salida. Me lleva tras la esquina, donde no nos ven desde el coche.

—Necesito besarte.

Me toma el rostro entre las manos.

—Es una tortura no poder tocarte.

—Pues hazlo.

Gime y se inclina hacia mí. Sus labios se estrellan contra los míos y siento todo su deseo contenido. Su lengua invade mi boca y me estrecha con fuerza antes de apartarse.

—Solo unas horas más y estaremos en casa —me dice.

Asiento.

—¿Qué ha dicho Walker?

—Que si te pasa algo, Danny encontrará la manera de salir de la cárcel para torturarme y matarme.

Lo dice con una media sonrisa.

—¿Y?

—Que me ayudará a protegerte. También meteremos a Cooper en esto. Pero solo ellos dos. No podemos fiarnos de nadie más.

—Porque podría ser uno de los hombres de Danny.

Valentine me acompaña de vuelta al coche.

—O porque uno de nuestros rivales se ha infiltrado en la organización. Sea como sea, sabemos que tienen información de dentro. Lo sabemos desde que encontraron el piso franco.

—Así que tenemos una forma fácil de avisarles de que hemos vuelto.

—Así es —dice con gravedad—. En cuanto estemos a salvo en tu casa y tengamos la protección montada, le diré a unas cuantas personas que hemos vuelto y que creemos que el peligro ha pasado. Eso debería hacer que salgan de sus madrigueras.

Un nudo de inquietud se me forma en el estómago mientras subo a la parte de atrás del coche.

Unas horas más y volveré a estar en la línea de fuego.

Y he arrastrado a Valentine y a sus amigos conmigo.

Pero ¿de verdad puedo quedarme de brazos cruzados esperando a que maten a mi hermano?

Por no hablar de que tendré que vivir mirando por encima del hombro para siempre.

Por mucho que quiera huir de todo esto con Valentine, no quiero pasarme la vida temiendo por ella.

¿Y si acabamos teniendo un hijo? ¿Podré vivir con eso, sabiendo que lo he puesto en peligro?

Entrelazamos los dedos y me quedo mirando las luces que pasan. Valentine y Walker no vuelven a hablar. Supongo que no hay nada más que decir. Vamos a enfrentarnos a los malos con tres asesinos a sueldo y una chica. Debo de estar loca.

El amanecer despunta en el horizonte cuando llegamos a mi casa. Parece distinta bajo esa luz grisácea. Ya no la siento como mi hogar.

Valentine cruza unas palabras con Walker y le oigo murmurar algo sobre quedarse por la zona después de hablar con Cooper.

Valentine me ayuda a bajar del coche y me acompaña hasta la casa.

Nada ha cambiado desde que nos fuimos, aunque no sé por qué esperaba que fuera distinto.

Miro hacia las escaleras y pienso en la última vez que estuve en mi habitación, fantaseando con tocar a Valentine. Si hubiera sabido entonces...

—¿Qué pasa, pequeña?

Tira la bolsa en el sofá y se quita los zapatos.

—Estaba recordando la última noche que pasé aquí.

No puedo evitar sonreír.

—Jamás habría imaginado que las cosas cambiarían tanto entre nosotros.

—Me alegro de que haya sido así.

Abre los brazos y me refugio en su pecho. Sentir sus músculos y el latido firme de su corazón me da fuerzas renovadas. Pase lo que pase, lo afrontaremos juntos y venceremos. Estoy segura.

—Pensé que me moriría de tanto desearte.

—Imagínate cómo me sentía yo. Tenía que protegerte, y eso significaba no tocarte.

—Menos mal que no lo conseguiste.

Se aparta y me levanta el rostro con una mano.

—Pase lo que pase, pequeña, no me arrepentiré de nada.

—Yo tampoco.

—Bien.

Me suelta y da una vuelta rápida por la habitación, comprobando las ventanas. Me señala con el dedo.

—Hoy no me vuelvas loco, pequeña. Necesito tener la cabeza despejada. Si quieres dormir, adelante.

—No estoy cansada.

—Bueno, pues solo nos queda esperar. Walker correrá la voz de que estamos aquí y dónde, y luego volverá con Cooper. Vigilarán desde fuera. Trasladaré el sistema de seguridad allí. Con suerte, los pillaremos antes de que pongan un pie en la casa.

—Y si los pillamos, ¿qué?

La mirada de Valentine se vuelve gélida.

—Les sacaré toda la información que necesito.

Un escalofrío me recorre el cuerpo, pero casi me alegro de ver a este Valentine. Es el hombre que necesito ahora mismo. El que hará lo que haya que hacer.