Pequeña Capítulo Diecinueve
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Capítulo Diecinueve

Valentine

Dos días más de escondite y Gray ya no aguanta más encerrada.

No puedo negar que yo también me estoy frustrando.

Danny no me ha contactado y no he conseguido comunicarme con él.

Por mucho que el tiempo con Gray sea mejor de lo que jamás habría imaginado, quiero que esto termine y saber que está a salvo de una vez por todas. Quiero empezar mi vida con ella.

Me mira mientras encoge las piernas sobre el sofá. Cojo una manta de cuadros escoceses del sillón y se la pongo sobre las piernas desnudas. Hemos ido a la playa, le preparé un baño caliente y luego cocinamos juntos. Todo sería perfecto si no fuera porque alguien está intentando matarnos, joder.

—¿Quieres ver la tele? —pregunta mientras coge el mando.

—Claro.

Probablemente he visto más televisión desde que estamos escondidos que en toda mi vida adulta. Nunca le presté mucha atención, pero ella tiene unos gustos muy raros que van desde series de crímenes hasta programas de vestidos de novia. Me da igual lo que veamos, mientras ella esté contenta.

Pero noto que se está aburriendo. En cuanto encontremos un lugar donde vivir, tendré que conseguir que termine el instituto y se matricule en la universidad. Mi chica necesita algo que la mantenga ocupada y me encantaría ayudarla a cumplir sus sueños.

Gray se acurruca contra mí, encajando perfectamente en mis brazos. Apoyo la mano en su brazo y cierro los ojos un momento. Hace solo unas semanas, esto habría sido más de lo que podría haber soñado. Todavía me cuesta creer que Gray me quiera.

Va pasando canales y se decide por uno de los programas de crímenes que le encantan. Cuando termina, levanta la cabeza para mirarme.

—¿Seguro que no quieres elegir tú?

—Lo que quieras ver me parece bien.

Sonríe.

—¿Incluso si es una peli romántica?

—Incluso una peli romántica —confirmo.

Se ríe y sigue buscando algo que ver. El corazón me da un vuelco cuando aparece el canal de noticias. Casi lo pasa de largo hasta que le grito que pare. Vuelve atrás rápidamente y el mando se le cae de la mano.

—Dios mío.

Busco el mando a tientas y subo el volumen.

La imagen es bastante clara. A Danny se lo llevan los polis.

Con el corazón en un puño, escucho cómo el reportero detalla su arresto y que no le concederán fianza por riesgo de fuga.

Y claro que lo es. Si yo hubiera estado allí y hubiéramos conseguido la fianza, habríamos metido a Danny en el primer avión hacia cualquier lugar donde estuviera a salvo.

Miro a Gray y veo el horror en su rostro. Sé que debe estar sufriendo, pero ¿se da cuenta del verdadero peligro que supone el arresto de Danny?

El segmento de noticias termina y apago la tele.

—¿Cómo han podido arrestarlo? —pregunta Gray—. Nadie sabía de él. Siempre fue muy cuidadoso. Nadie sabía quién era aparte de ti y unos pocos más. El resto eran solo rumores.

—Sus enemigos lo saben.

—¿Entonces lo han delatado?

Asiento.

Traga saliva y las lágrimas le brillan en los ojos.

—Está en peligro, ¿verdad? Quiero decir, más que antes.

Me tienta mentirle, pero es demasiado lista para eso. Me calaría enseguida.

—Sí.

—Va a morir en la cárcel, ¿verdad?

—Danny es listo.

—Puede que sea listo, pero allí es vulnerable. Sé que solo ha sobrevivido tanto tiempo en esa vida por la gente que lo rodea. Por personas como tú. En la cárcel no tiene a nadie leal.

—No.

—Morirá, Valentine. Sabes que lo matarán.

—Habrá gente trabajando para sacarlo. Tiene los mejores abogados que el dinero puede pagar.

—Pero mientras tanto, estará pudriéndose en la cárcel. Cualquiera podría llegar hasta él.

Me paso una mano por el pelo y suspiro.

—Sí, supongo que sí.

—Esto es lo que pretendían sus enemigos, ¿verdad? No podían llegar hasta él fuera, así que lo han forzado a un lugar donde no tiene protección.

Ni siquiera respondo. Todo es cierto. La policía no puede protegerlo si alguien de verdad quiere llegar hasta él, y estoy seguro de que hay un buen precio por su cabeza.

Quien quiera verlo muerto lo ha hecho de forma muy inteligente.

Para la policía, Danny nunca ha sido más que King.

Nadie conocía su cara ni nada más sobre él.

Lo único que sabían era que controlaba la ciudad.

Danny había sido muy cuidadoso en mantener su identidad en secreto, todo para proteger a Gray, por supuesto.

La mejor manera de llegar hasta él era a través del sistema judicial.

Quien hizo esto sabría que el caso podría no aguantar en el tribunal.

Habría algunos testimonios quizás, pero nada sólido, y los abogados de Danny le negociarían un acuerdo.

Pero solo necesitaban un poco de tiempo.

Las semanas antes del juicio serían suficientes.

—Tenemos que hacer algo.

Los ojos de Gray todavía brillan con lágrimas. Siento su dolor atravesándome y desgarrándome el corazón.

—Tengo que mantenerte a salvo, pequeña. Es lo único que querría Danny.

—No estaré a salvo hasta que lleven ante la justicia a quienes nos persiguen.

Empiezo a preguntarme si eso pasará alguna vez.

Una vez que Danny esté muerto, ¿seguirán queriendo matar a Gray?

Siempre asumí que irían a por Gray primero.

Para dar ejemplo y causarle a Danny el mayor dolor posible.

Pero con Danny eliminado, cabe la posibilidad de que ya no les importe matarla.

De cualquier manera, voy a llevarla lo más lejos posible de aquí.

Puede que a Danny no le haga gracia que esté con su hermana, pero sé que querría que estuviera a salvo.

—Empezaré con los preparativos. Tendremos que salir del país.

Niega con la cabeza.

—No voy a abandonar a Danny.

—No hay nada que puedas hacer por él. Confía en que saldrá de esta sano y salvo.

—Sabes que no lo hará. Sabes que morirá.

Intento acercarme a ella, pero se pega contra el brazo del sofá.

—Gray...

—V, no me mientas. Puede que sea joven, pero no soy estúpida. Mucha gente ha muerto en la cárcel y a nadie le importa. De hecho, seguro que los polis estarán encantados de que desaparezca. Así no tendrán que preocuparse por un juicio.

—No intento mentirte, Gray, pero no hay nada que puedas hacer. Joder, ni siquiera yo puedo hacer nada. Danny no se rendirá fácilmente, eso lo sé.

Se levanta y aparta la manta de un tirón. Va hacia el dormitorio y la sigo. Agarra la bolsa donde estaba su ropa y empieza a guardar de nuevo sus pocas pertenencias.

—Gray, ¿qué coño estás haciendo?

—Me voy a casa.

Unas lágrimas le corren por las mejillas.

—No puedes detenerme.

Le agarro la muñeca y la obligo a parar.

—¿Qué quieres decir?

—Me voy a casa. Voy a dejar claro a todo el mundo que estoy allí y voy a matar a quien esté intentando hacernos daño.

Me reiría si no pensara que lo dice en serio. Se me cae el alma a los pies.

—¿Quieres hacer de cebo?

Asiente, con la barbilla en alto, desafiante.

—Ni hablar. No voy a permitir que te pongas en peligro.

—No tienes elección. No pienso quedarme de brazos cruzados esperando a que asesinen a mi hermano.

Respira hondo.

—Estoy harta de huir. Quiero enfrentarme a esta gente.

—No.

Le sujeto la muñeca aunque intenta soltarse.

—Ni de coña.

—Tendrás que hacerme daño para retenerme aquí. Es la única forma de que me quede. Tendrás que pelear conmigo.

La miro a los ojos, llenos de desesperación y angustia. Sabe que nunca le haría daño, pero ¿puedo dejar que se ponga en peligro? Trago saliva y le suelto la mano.

—¿Te das cuenta de que me estás pidiendo que arriesgue lo que más me importa?

Se queda callada.

—No pienso dejarte hacer esto sola.

—Bien.

Suelta un suspiro de alivio.

—Si hacemos esto, harás todo lo que yo diga. Si queremos pillarlos antes de que nos pillen a nosotros, no puedes ir a tu bola.

—No lo haré.

El corazón me duele con fuerza y siento las lágrimas quemándome en las comisuras de los ojos.

Podría morir, me dice el corazón, latiendo al ritmo de las palabras.

Podría. Morir. Y yo me quedaría solo, sin ningún propósito.

Pero si no la dejo hacer esto, nunca me lo perdonará y la perdería de todas formas.

Mejor eso que muerta, me digo.

Así sería. Preferiría que me odiara para siempre a que muriera, pero la jodida cabezota va a meterse en líos conmigo o sin mí. Prefiero estar a su lado cuando llegue el momento.

—Deja de hacer la maleta.

La agarro y la estrecho contra mi pecho.

—Nos iremos mañana. Concédenos solo esta noche, ¿vale?

Asiente contra mi pecho y sé que lo necesita tanto como yo. Necesita estar en mis brazos, necesita que le haga el amor y que saboree cada centímetro de su cuerpo por si es nuestra última oportunidad.

Le quito la ropa lentamente y ella hace lo mismo con la mía. Cuando me baja los bóxers, se arrodilla y me masajea la polla con una mano.

—Llevo tanto tiempo deseando saborearte —me dice, clavando su mirada en la mía.

La polla se me pone dura ante la visión.

La preciosa Gray, con su cabello oscuro cayendo sobre los hombros, ocultando un pecho.

De rodillas, rogando por probarme. Ojalá tuviera más tiempo para disfrutarlo.

Le paso una mano por el pelo y le ofrezco mi polla.

Abre la boca de par en par y la guío hacia mí.

El primer toque de su lengua cálida y húmeda en la punta es jodidamente celestial. Cierra la boca a mi alrededor y siento el roce de sus dientes. Me echo atrás.

—Nada de morder, Pequeña.

—Lo siento.

—No lo sientas. Me encanta sentir tu boca.

La guío de nuevo y se me tensan los huevos ante la visión que tengo debajo.

Es de lo que están hechas las fantasías.

Me mira mientras se mete mi polla más adentro, buscando mi aprobación.

Asiento, sonrío y gimo cuando me la mete más profundo y empieza a mover la cabeza arriba y abajo.

Los movimientos son torpes e inocentes, pero joder, eso lo hace aún más excitante.

Esta cosita inocente chupándomela va a quedarse grabada en mi mente para siempre.

Dejo que me la chupe un rato más, pero noto que se le está cansando la mandíbula, así que la pongo de pie.

—Estoy deseando que vuelvas a hacerlo, pero ahora mismo, Pequeña, necesito ese coñito apretado que tienes.

Jadea cuando atraigo su cuerpo desnudo contra el mío. La beso con intensidad y sus uñas se me clavan en los brazos. Retrocedo hacia la cama y me tumbo. Se coloca a horcajadas sobre mí y sonrío.

—Ahí es donde me gusta verte. Lista para montarme.

—Te necesito, Valentine.

—Me tendrás.

La ayudo a colocarse sobre mi polla, sujetándola para que se deslice hacia abajo.

—Hazlo despacio, para que pueda ver cómo te tragas mi polla con ese coño.

—Valentine —protesta. Sé que quiere cabalgarme lo más rápido y fuerte que pueda, pero quiero saborear estos momentos.

—Haz lo que te digo, Pequeña.

Desciende lentamente y disfruto de la vista perfecta de mi polla abriéndose paso entre sus pliegues.

Lucho contra el deseo de cerrar los ojos cuando su calor me envuelve.

Cuando ha bajado del todo, le agarro las caderas y atraigo su cuerpo hacia delante para que sus pechos se aplanen contra mi pecho.

Luego, con las manos de nuevo en sus caderas, la guío hacia arriba y embisto con fuerza. Ella chilla.

Lo hago una y otra vez, usando su cuerpo como un juguete sexual.

La embisto una y otra vez hasta que grita y se deshace.

La volteo rápidamente y me clavo de nuevo en ella.

Gray cierra los ojos con fuerza cuando un segundo orgasmo le tensa el coño.

Unas cuantas embestidas más y me derramo dentro de ella.

Dejo que las últimas olas de placer me recorran y luego deposito un beso en su cabeza antes de retirarme.

—Te quiero, Pequeña. Haré lo que sea necesario por ti. Lo sabes, ¿verdad?

Ella asiente.

Me pregunto si de verdad lo entiende. Si comprende realmente que, llegado el momento, si tengo que elegir, moriré por ella.