Capítulo 15 #4
Aimee le escrutó la cara anhelante. Prefería echar currículos en los medios de más bajo nivel y agenciarse un puesto decente en vez de malgastar su tiempo en esa estupidez.
No obstante, una sensación muy dentro de su alma la exhortaba a no ceder en la búsqueda de la verdad habiendo llegado tan lejos.
Realmente, bien enfocada, esta podía ser la historia de su carrera: «Secta de alcance internacional, la verdad detrás de casos inexplicables».
Y no iba a concedérsela a ese aficionado de tres al cuarto.
Le extendió la mano aceptando el trato y Chris se la devolvió obsequiándole una ancha sonrisa.
***
Todo sucedió como a cámara rápida.
En cuanto Daphne regresó a casa, la policía acudió de inmediato a corroborar su estado y si era capaz de aportar noticias nuevas del acosador con las que apresarlo.
La chica relató que la había secuestrado un individuo que le había confesado que era el acosador y que venía a castigarla por haberse chivado.
Ella había conseguido escaparse tras una distracción de su captor quien, temiendo que lo apresaran, se había suicidado.
La policía solicitó confirmarlo y ella los condujo hasta el bosque, en el que yacía el cuerpo de Lothar en expresión horrorizada.
Unas incisiones en el cuello demostraban que se había hecho a sí mismo lo que a sus víctimas.
La policía forense retiró el cadáver y el detective Lewis optó por cerrar el caso. La noticia corrió como reguero de pólvora hasta las redacciones de los programas, incluido el de Aimee, al que esa noche suplantó un capítulo de Mr. Bean .
Los padres de Belle, visiblemente aliviados, la despertaron esa mañana dándole la buena nueva del paradero de Daphne. La chica se fundió en un abrazo con ellos diciéndose «ha terminado». Aunque sabía que no era cierto, en ese instante quería creer que lo malo ya había pasado.
La semana fluyó tranquilamente. Daphne se vio en la obligación de acudir unas cuantas veces más a la sede de la policía a prestar su testimonio, pero, sin Aimee Rhys en el horizonte, los medios respetaron la intimidad de la familia Hywel-Loraine, con lo que la normalidad fue retornando a Penylan.
Tom, por su parte, tuvo que permanecer en el hospital hasta que estuvo lo bastante recuperado como para que le dieran el alta.
Ya faltaba muy poco para el inicio de las clases y continuaba sin haber noticias de los aiglent Lawrence y Willow. Hasta que estos se presentaron en la habitación en la que Tom se reponía.
—¿Se puede? —preguntó Lawrence empujando la puerta.
—Adelante —invitó Tom como si estuviera en su propia casa.
—Qué tal —saludó sin mucho interés Willow, aunque su expresión se transformó al identificar al chico—. Hola, eres tú.
—¡Hola! —agitó él la mano sana—. Eres quien me sedó. Muchas gracias.
—Bien, chicas, lo prometido es deuda; he venido a prepararos —anunció Lawrence—. ¿Dónde está Guiney?
No precisó que nadie le respondiera porque ella compareció al punto.
—Os sentí venir.
—Empezaremos mañana, si queréis.
—¿Tú también vas a entrenarnos? —quiso saber Guiney dirigiéndose a Willow.
—No. Me han enviado a sanar al portador del Guía —la eludió ella mirando a Tom de refilón.
—Y para llevarse a Cinnamon a la isla. No la vamos a repatriar, finalmente.
La lectura del testamento indicó que su voluntad era que arrojáramos sus cenizas al mar —completó Lawrence percatándose del hermetismo de la arisca Willow—.
Y casi mejor. No hay como un funeral aiglent al aire libre para que los sanglent se sientan con ganas de atacarnos.
Por cierto… Belle, ¿habías dicho que un miembro del Clan del Tiempo te había contactado?
Ante el asentimiento algo dudoso de Belle, Lawrence prosiguió:
—Hay que ponerse manos a la obra de inmediato.
Belle —la nombró y esta dio un respingo—, tu tarea será infiltrarte en el Clan del Tiempo.
Te harás amiga del chico y corresponderás a su pedido de auxilio, así nos conducirás hasta ellos y descubriremos cuáles son sus propósitos.
Irás sola, no es bueno que desconfíe de tus intenciones.
La aludida echó un rápido vistazo a sus amigas.
—Es una locura que vaya sola —negó Daphne.
—Sola estaba mi madre —glosó Willow de soslayo.
—No te preocupes, me las arreglaré —la tranquilizó Belle, aunque por dentro creía que era una idea suicida.
—¿Y qué recuerdo tendré que implantar en las mentes de sus padres? ¿Qué le diremos al colegio?
—Habrá que improvisar —sentenció Belle picando de las patatas fritas que le había contrabandeado a Tom—. Nos inventaremos cualquier excusa. A Pete nadie le pregunta nada cuando falta.
—No os preocupéis por las notas, os dejaré mis apuntes; no habrá cambiado mucho la escuela desde que la acabé —ofreció Tom hablando con la boca llena.
—¿A nosotras qué nos toca? —indagó Guiney sentándose en el borde de la cama, ganándose el interés de Willow cuando Tom le rodeó la cintura con el brazo sano.
—Ayudaréis a Belle desde aquí. Así tendrá una vía de escape.
—Espera, ¿qué? Tiene que coger por lo menos un avión para llegar a Australia —dijo Guiney.
—Chicas, ya no os harán falta aviones nunca más —sonrió Lawrence—. No después de lo que voy a enseñaros.