Penylan I: Incógnito Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—Esto no hará más que soliviantar a los sanglent —vaticinó el vampiro cruzándose de brazos, recuperando aplomo y distinción.

—Si sirve para que desistan de concentrar sus energías en abrir la Dimensión de la Sombra, al final será un triunfo.

Necesitamos frenarlos cueste lo que cueste.

Al Maestro lo meteremos en un calabozo, no es una gran amenaza —relató Lawrence—.

Y no te preocupes por estos, nos los llevamos también —apuntó a los pocos sanglent que permanecían en el jardín de la mansión Crow esposados e inconscientes.

—Deberíamos irnos a casa, está a punto de amanecer —observó Belle, reparando en los pálidos rayos del alba a través de las nubes.

—Yo no voy a aparecer así como así, se supone que he sido secuestrada por el acosador —les recordó Daphne—. Al menos que me rescate la policía —sonrió beatíficamente.

—¿Quieres que te encierre de nuevo en el sótano? —ofreció Étienne haciéndose el gracioso. Entonces, se acordó—. Guiney… —se aclaró la garganta acopiando buena voluntad.

—¿Qué pasa?

—Tu amigo, Woods.

—¡Tom! Con todo esto casi me olvido. Hace un rato he sentido un recuerdo. Vino a buscarnos, ¿verdad?

—Él vino a la mansión y yo… le di una paliza. Solo espero que me perdonéis y aceptéis mis sinceras disculpas —dijo Étienne de carrerilla.

—¡¿Qué?! ¿Qué le has hecho, dónde está? —chilló Guiney golpeando el pecho de Étienne, que la retuvo intentando calmarla.

—Lo he arrojado en una tumba… Yo…

—Ya no está ahí —interrumpió Lawrence—. Hemos avisado a un amigo, que lo ha trasladado al hospital.

—Ay, Dios mío. Me lo has roto, bestia parda —se horrorizó Guiney dando vueltas en círculo, apabullada—. ¡Tengo que ir a verlo!

—Lo siento… de verdad. Te llamaré un taxi —prometió Étienne tratando de ser amable.

—¡Es lo mínimo! —refunfuñó Guiney—. Ojalá no le hayas causado mucho daño.

—Le ha quebrado una pierna y un brazo —informó Lawrence.

—Pero si toca la batería —se tapó la cara con las manos—. ¡Pagarás los gastos médicos, Étienne Crow! ¡Y la baja por incapacidad! —agregó cuando este abandonaba su casa en dirección a la cabina telefónica vandalizada.

—Bien, chicas, es hora de partir —anunció Lawrence, el único aiglent aparte de ellas que quedaba en la mansión.

—¿Qué se supone que será de nosotras de ahora en más? —indagó Belle ahogando un bostezo—. Quiero decir, ¿no nos volveréis a dejar tiradas, no?

Lawrence rio al tiempo que enviaba un mensaje con el móvil.

—Lamento ser yo quien haya de notificarte que esto recién comienza. Tomaos unas semanitas de vacaciones. Nosotros, entretanto, solucionaremos las cuestiones relativas al Regente. Después vendré a prepararos.

—¿Tendremos que irnos a algún sitio… a esa isla de la que hablabais? —consultó al instante Daphne y las chicas se miraron entre sí; ya lo habían dado por sentado.

—No. Todavía. Tenéis que ser adiestradas primero, ya que no controlaréis vuestros nuevos dones sin el refuerzo adecuado.

Vuestra permanencia en este pueblo o no…

eso déjaselo al futuro —Lawrence estrechó sus manos vigorosamente—.

Nos veremos pronto y seguiremos con las explicaciones acerca de aiglent y sanglent.

—Sí, porque no nos hemos enterado de nada —murmuró Belle viendo despejarse la escena entre los primeros rayos de sol.

***

Tom echó un vistazo al gotero con analgésicos que una enfermera le aplicaba.

Sintió el pinchazo como un levísimo dolor comparado con el que había sufrido cuando el médico le había puesto la pierna y el brazo en sus sitios.

La operación había sido rápida, casi de guerra; las astillas de hueso le habían lacerado los músculos, por lo que habían tenido que recurrir a la cirugía para quitar las partes y recomponer los pedazos en los que se habían convertido su cúbito y su peroné.

Los vendajes estaban ensangrentados y llenos de yodo.

Bufó. El calmante no hacia muy bien su trabajo ahora que los efectos de la anestesia se pasaban. Se iba a tirar varias semanas así, en cama, malgastando los días.

Le entró el sopor y se fue rindiendo a él poco a poco.

La luz fluorescente de la habitación le molestaba, tanteó la pared en busca del interruptor con la mano sana y lo presionó. No obstante, la luz no se fue.

Abrió los ojos, apático, pensando que el mundo conspiraba con tal de no consentirle el reposo, y lo que vio le heló las tripas. Flotando frente a él, una aparición, la misma que había visto en la entrada de su casa y en la parte trasera de Warlow’s.

Tom tragó saliva creyendo que ya las cosas no podían ir a peor. Si esa entidad arremetía contra él, lo único con lo que iba a lograr defenderse era con un vaso de agua o con el mando de la tele.

—Thomas… —dijo el Guía en una voz ultraterrena.

—¿Dónde están las chicas? —lo interpeló él de inmediato, oteando la puerta, que estaba entreabierta.

—No te preocupes, ellas están bien. Mejor que tú, me animaría a decir.

—Además cuentas chistes, qué fantasma más completo —Tom hizo una mueca que intentó camuflar su miedo—. ¿Vienes a borrarme la memoria? Adelante. Y ya que estás me podrías borrar el dolor y las heridas.

—Hay un modo de que no tenga que eliminar tus recuerdos. Voy a hacerte una pregunta muy importante. Hablar me desgasta, no tengo mucho tiempo.

—Hazla. De todas formas no tengo escapatoria —susurró; no deseaba que el rumor le llegara a Jack, que se sentaba en el banco de fuera.

—¿Estarías dispuesto a lo que fuera por ella ?

Tom exhaló profundamente cerrando los ojos, ya serio. Entendía perfectamente a quién se refería aquel pronombre personal.

—Sí.

—¿Estarías dispuesto incluso a tomar su lugar?

Tom sonrió y se movió los pocos milímetros que le permitía su estado.

—¿Me preguntas si te aceptaría como una forma de que ella se sacara de encima el peso de portarte? Mi respuesta continúa siendo que sí. Quiero ayudarlas, quiero ser parte del clan del mismo modo que Guiney, Daphne y Belle —contestó efusivamente.

—¿Comprendes que es peligroso? —prosiguió el Guía.

—A ellas nadie les hizo esta pregunta —recalcó Tom y el Guía se figuró que era su oferta final.

—De acuerdo.

El Guía inundó la estancia de una luminosidad alba que deslumbró al muchacho. Cuando aquel resplandor se disipó, percibió que ese ser se amoldaba a su cuerpo, que tomaba cada parte de su anatomía, pero al mismo tiempo no estaba allí, sino a medio camino entre el mundo y el éter.

Por fin iba a dormir. ¿Qué más podía a ocurrir esa noche?

***

Guiney patinó en los suelos recién lavados del hospital chocándose a un chico que salía de una de las habitaciones.

—¡Jack! —exclamó ella al reconocerle—. ¿Qué te pasa? —agregó al notar su cara de enfado.

—¡Que tu amigo es un imbécil, eso me pasa! ¡Y que si no lo vuelvo a ver en la vida, perfecto! —respondió él masticando ira, yéndose a grandes trancos sin que Guiney fuera capaz de detenerlo.

Ella se quedó viéndolo irse hasta que recordó que estaba allí por Tom.

Entró corriendo en la sala, en la que este dormitaba plácidamente.

No había nadie en la cama de al lado. Guiney cerró la puerta con delicadeza y acercó una silla al lecho.

Lo observó dormir unos cuantos minutos, distinguiendo las heridas de los miembros que sobresalían de las sábanas blancas sostenidos en unos sistemas de poleas.

Apoyó la cabeza en la almohada, junto al rostro de Tom, y derramó unas cuantas lágrimas.

—Lo siento tanto… —susurró acariciándole la mejilla. Él despertó al notar el tacto de la piel—. Oh, no quería…

—¡Guiney! —masculló él tomando su mano con el brazo derecho—. Estás bien…

—Sí. Nos han ocurrido un montón de disparates que ya te resumiré. Y tú… —se compadeció abarcando la habitación con un ademán—. ¡Ha sido culpa mía, si nunca te lo hubiera contado…!

—Habría sucedido igual. Sabes que el destino es caprichoso.

—Te tirarás por lo menos dos meses hasta poder andar y tocar un poco. Te juro que ya no te traeré más problemas. Me iré muy lejos, así ninguna de las personas a las que quiero resultará herida —dio su palabra Guiney hundiendo el rostro entre los hombros.

—Yo no quiero eso —gruñó Tom—. Antes preferiría que me quebraran todos los huesos.

—No seas idiota —sonrió ella débilmente y se acordó del breve encuentro con el vocalista de la banda—. ¿Qué bicho le ha picado a Jack? Lo vi salir súper enfadado.

—Ah, eso —se revolvió incómodo—. Ha firmado un contrato de gira y se ha cabreado porque no voy a estar en la banda.

—Pero… es momentáneo. ¿No han considerado buscarte un sustituto?

—Eso mismo me propuso él. Y le he dicho que no —la evitó.

—¿Qué? Si es lo que siempre has soñado, ¿por qué desperdiciarlo? —interrogó Guiney.

—Porque ahora hay algo más importante —esta vez la miró directamente a los ojos.

—¿Qué quieres decir?

—Esta noche el Guía ha pasado a saludarme.

—¡No! No, tú no —Guiney se tapó la cara al entender a qué se refería.

—Me ha preguntado si querría portarlo y le he contestado que sí. Era la manera de que me aceptara en el clan.

—¡Lo siento tanto, lo siento! —dijo ella tocando su rostro con dedos temblorosos—. Se suponía que esto no debía ser así.

—Lo he decidido yo, nadie me ha coaccionado ni nada por el estilo. Echaros una mano es una pizca más relevante en mi escala que «aporrear tambores» —emuló el tono de su madre.

Guiney se mordió el labio inferior aguantando las ganas de llorar a lágrima viva. Por un lado, la conmovía lo que él se sacrificaba, le estaba dando una muestra de cariño tan grande como era el someterse a esa carga. Por otro, sentía que le estaba sorbiendo la felicidad.

—Tus padres y los míos ya están aquí, en la planta baja —informó en un estremecimiento de la voz.