Capítulo 15
Los aiglent
—Mejor nos presentamos como es debido. Mi nombre es Lawrence Smith y esta es Willow Johnson —detalló Lawrence estrechando manos a diestra y siniestra, incluyendo la de Étienne, que le devolvió una mirada de extrañeza.
—Mucho gusto —atinaron a articular.
—Es la hija de Cinnamon —agregó él—. Ha venido conmigo porque vamos a hacer el papeleo para repatriar el cuerpo. ¿Cómo diríais que es la administración británica para estas cosas? Es que no nos sobra el tiempo.
La oportunidad de repetirle las últimas palabras de su madre se había presentado bastante de improviso y no era fácil romper el hielo. Después de todo, Cinnamon había tenido que morir para que ellas fueran el nuevo clan.
La esquiva Willow no se aproximó, observaba a los presentes con un rostro de impasible indiferencia, como si simplemente actuara cumpliendo un penoso cometido. Debía de odiarlas profundamente.
—Ella nos ha dejado un último mensaje…—empezó Guiney, intentando acercarse; pero Willow se cerró en banda cruzando los brazos—. Nos dijo que te quiere. Por siempre.
—Vale —asintió muy ligeramente la aiglent.
—Will, cariño; estaría muy bien que hablaseis de esto —aconsejó Lawrence con una cadencia tierna en la voz.
—No me vengas con tus chorradas de psicología, ya no eres mi tutor —musitó ella apretando el entrecejo.
—Lawrence… —nombró uno de los aiglent—. ¿Qué hacemos? —agitó un farol de forja de la casa Crow en el que se revolvía un humo negro al que ocasionalmente le surgían unos ojos amarillos.
—Los demás están de camino, se lo llevarán a un lugar seguro donde no incordie nunca más —respondió él sobre su hombro.
—¿Lo dices en serio? Los sanglent se nos echarán al cuello en cuanto averigüen que lo hemos cogido, no es tan fácil retenerlo.
Lo han excarcelado en quince oportunidades.
Esta vez no será diferente —subrayó Willow sin perder su aureola de estar en un hábitat que no era el suyo—.
No hay más aiglent sanadores; si se desata una nueva peste por su culpa, no sé qué vamos a hacer.
—Ahora no nos viene bien que ande suelto. Se ha debilitado con los años, pero si permitimos que entre en la Dimensión de la Sombra…
—¿Tendríais, por favor, la amabilidad de despejar nuestra ignorancia? —interrumpió Guiney—. Habláis de cosas rarísimas como si no existiéramos. ¿Y aun así pretendéis que pongamos nuestras vidas en juego?
—Cálmate —le aconsejó Daphne ciñendo su muñeca.
—Estáis en lo cierto —suspiró Lawrence apretando con más fuerza los hombros de su rehén—. Preguntadme.
—Pues… en primer lugar, ¿por qué diablos estamos metidas en esto? —dijo Belle velozmente echando un vistazo a sus amigas.
—Vale —suspiró Lawrence viendo que la cosa iba para largo—, llevaos a este también —soltó al anciano y con un ademán indicó al grupo que lo siguieran a un aparte, mientras sus compañeros acababan de organizar a los detenidos—.
Comenzaremos por el principio —resolvió Lawrence ante los rostros cargados de excitación de los presentes—.
Cada vez que el trío está a punto de desmembrarse, la Profetisa recibe un mensaje, una visión que le muestra quiénes serán las sucesoras.
Esto se le advierte a la superviviente con el fin de que las contacte e inicie el traspaso de poderes, que no finaliza hasta que transcurre el período de curación del trío anterior en el Plano de las Almas.
Una vez ha sucedido, el nuevo trío está completamente listo para hacer frente a su misión de cuidar del Guía y de su portador.
—Un momento, eso significa que el Guía no tiene por qué estar siempre dentro de Guiney —corroboró Belle.
—Exacto.
—Compadezco al pobre al que le haya tocado portarlo —susurró Guiney por la comisura.
—Que el Guía te elija es un honor —le reprochó Willow despectiva.
—No la tomes con ella —la paró en seco Lawrence en un arranque de autoridad. A continuación, se rascó la punta de la nariz—. Lo que quiero que entendáis es que la Profetisa previó algo que hacía años que no sucedía. Algo que solo pasa cuando hay grandes calamidades.
—¿Cuál es esa gran calamidad y qué tiene que ver con nosotras? —remarcó Daphne.
—Los sanglent nos están exterminando. Ellos son cada vez más numerosos y nosotros cada vez menos.
Hace más de dos meses hubo una gran contienda en la que asesinaron a Dawn y luego a Cassandra, con lo que forzaron a Cinnamon a comenzar la sucesión —dijo Lawrence con un estremecimiento en la voz—.
El Guía quedó debilitado y el Regente también al intentar la apertura de la Dimensión de la Sombra.
Nos han tenido muy ocupados, pero de todas maneras todavía no han hallado lo que les falta para lograr su objetivo, aunque pronto lo harán.
Para ellos, nosotros somos en general un escollo, por lo que intentarán todo lo posible por desembarazarse de nuestro clan.
Sin embargo, en un momento así, somos un verdadero incordio.
Las chicas y Étienne hicieron silencio. A su alrededor, los aiglent escoltaban a los sanglent y se los llevaban fuera de la mansión.
—¿Y por qué quieren abrir esa dimensión? ¿Y qué ganan con ello? —preguntó Daphne.
Lawrence suspiró al ver la cara de impaciencia de Willow.
—No estamos seguros.
—Eso no suena nada bien —dijo Guiney—. ¿Qué son el Guía y el Regente?
—La historia de los clanes se hunde en el tiempo, Guiney —negó Lawrence—. Sus nombres verdaderos, sus procedencias, eso se pierde cuando dominan las leyendas.
—Si sois… somos tan pocos… ¿qué podemos hacer? ¿Buscar aliados? —planteó Belle.
—Desde luego, ellos los tienen —dijo Étienne ganándose las miradas de Lawrence y Willow—. El Clan del Tiempo está secundándolos. Oí afirmar a uno de los sanglent que querían el final del trío tanto como ellos.
El estómago de Belle dio un brinco.
—Ares. Él pertenece al Clan del Tiempo —Daphne dedujo su expresión en un santiamén.
—¿Conocéis a un miembro del Clan del Tiempo? ¿Y no lo habéis capturado? —les recriminó Willow en un mohín.
—No ha sido exactamente eso —respondió Daphne con aspereza—. Hiciste bien en no confiar en él.
—Me pidió ayuda. Él había estado buscando el pulso del don de Cassandra. Dice que su padre lo tiene preso.
—Es lo que te ha hecho creer.
—Mide tus palabras, Will —la previno Lawrence al echar un vistazo a la cara de decepción de Belle.
—¿Que me mida? ¡Han matado a mi madre, Lawrence! No me importa lo que sufran, no me importan nada. Ellos han decidido que su ambición era más importante que cualquier cosa. Que se atengan a las consecuencias. Serán tratados como ellos tratan a los demás —rugió Willow.
—Forma tu propio clan, entonces. Porque nosotros no actuamos así —zanjó Lawrence creando un largo silencio.
Belle miró a Willow con detenimiento, la manera en la que se apretaba la boca del estómago con los brazos. Parecía a punto de doblarse. Era difícil no pensar igual que Willow algunas veces, sobre todo cuando sabías de lo que eran capaces los sanglent con tal de cumplir con sus propósitos.
—Resolveremos el tema del Clan del Tiempo cuando toque.
Ahora —se dirigió a las tres chicas—, termino con mi explicación.
Cuando suceden cuestiones de este tipo es que se produce el gran cambio.
Lo denominamos la Renovación. Quiere decir que surgirán tres dones más potentes que nunca, porque aunarán las virtudes de las hechiceras pasadas para reforzar la defensa de nuestro clan.
—¡Ja! —se mofó Willow—. Es imposible, si no han conseguido escapar sin la ayuda del Guía siquiera.
—No obstante, lo son. La Profetisa no se equivocaría.
Vosotras estáis llamadas a ser la regeneración del clan —dijo Lawrence en un tono serio, para luego componer un gesto de culpabilidad—.
Con lo que no contábamos era con que vuestros poderes tardarían tanto en manifestarse, considerábamos que os las arreglaríais solas un tiempo y así nos encargaríamos de los otros asuntos.
—O sea que nos habéis dejado tiradas solo porque pensabais que éramos tan increíbles que nos las podríamos apañar —encajó Daphne.
—Lo sentimos mucho —se excusó Lawrence sinceramente—. Debéis entender nuestra posición, había temas urgentes que resolver.
—Todo suena a cuento chino, ¿no habéis pensado en contratar a un buen publicista que les ponga nombres más normales a vuestros temas ? —dijo Guiney.
—No me culpes a mí, sino a las calenturientas mentes medievales —le siguió el juego Lawrence.
—¿Crees que Ares… planeaba engañarme con su rescate por algún motivo relacionado con la Dimensión de la Sombra?
—Ahora que lo mencionas —Lawrence se rascó la barbilla, en la que empezaba a salir la barba—, podrían haberte tenido muy entretenida para que no nos pudieras ayudar a encontrar a la Dama de Tans.
—¿Y qué sacan ellos con eso? ¿Qué les pueden dar los sanglent a los del tiempo para que quieran ser sus aliados? —intervino Daphne.
Lawrence echó un vistazo a sus colegas, que hacían señas de impaciencia. Después se dirigió a la hija de Cinnamon.
—Willow, ve tú primero y aventaja a Pedro y a Mei. Diles a algunos de los chicos que te acompañen, nos reagruparemos a mitad de camino.
—No necesito que me cuides, soy capaz de hacerlo sola —porfió ella.
—No te arriesgues, ve inmediatamente a la isla —la sostuvo por el hombro Lawrence, dedicándole un grave asentimiento de preocupación.
Willow le sonrió de lado alejándose de la ronda. Colocó el farol que contenía al Regente en una caja fuerte de acero que se cargó en una mochila. Al instante, partió a la carrera junto a otros cuatro aiglent.
—¿En dónde estaba? Ah, sí. El jefe del Clan del Tiempo defiende un concepto equivocado de cómo emplear sus poderes, quiere sacar algún rédito de absurdas riñas, aunque nadie ha logrado descubrir cuál. No me extraña que utilice a uno de los suyos para cosechar favores de los sanglent.
—¿Adónde os lleváis al Regente y al Maestro de la Orden Superior? —preguntó ceñudo Étienne, convencido de que esa magra comitiva no sería suficiente en caso de una contienda.
—Willow confinará al Regente en una bóveda invulnerable en la que será custodiado día y noche.