Capítulo 11 #4
Aimee respiró y trazó distraídamente con el rotulador una línea entre la columna de los hechos del acosador y la de los hechos que le había transmitido Chris. ¿Cómo podrían conectar esas dos historias?
Hywel, Annwyl y White estaban al loro del caso desde sus inicios.
Una de sus compañeras de clase fue atacada en la fiesta de otra de ellas, fiesta a la que había ido medio Penylan…
menos esas tres. Luego, fueron al cementerio en el que los cinco habían matado a Stevens, Benson y Hayes y, de acuerdo con Chris, contactaron a los fantasmas.
Unos días después estaban en el mismo pueblo que las secuestradas y las rescataban de esos insensatos tras una explosión de gas, de la cual los peritos no habían hallado realmente ningún vestigio.
Más tarde, los secuestradores aparecían muertos en sus calabozos sin que se esclareciera cómo demonios habían fallecido.
Sentía en lo más profundo que ellas estaban enredadas en aquello, pero el que una hubiera desaparecido indicaba que… que iban a por ellas…
¿Y si las hubieran estado buscando y se hubieran equivocado?
¿Y si se sintieron tan culpables por las muertes de aquellas tres, porque deberían haber sido ellas, que fueron a rescatar a las otras niñas intuyendo lo que les sucedería?
¿Y si la explosión fue una pelea entre los dos bandos?
¿Y si no fue una explosión de gas? ¿Y si era justamente eso por lo que rehusaban dar la cara en la televisión?
¿Y si esa gente pertenecía a una organización tan secreta que no le convenía un circo mediático alrededor de sus miembros y con ese fin se los cargaron?
¿Y si el cretino de Chris Meilyr estaba en lo cierto… ?
No, eso sí que no estaba dispuesta a considerarlo. Era una mujer moderna, racional, no iba a confiar en cuentos de magia. No obstante, lo anterior era plausible.
¿Por dónde comenzar a desenmarañar el ovillo, usando el símil del youtuber?
Ellas no soltarían prenda, y más valía que no advirtieran que andaba husmeando.
¿Peter Llewellyn? ¿Delilah Knight? A esa mejor ni mentarla, después de que sus padres le hubieran interpuesto una demanda al haberla exhibido en el programa sin su consentimiento.
La chica de la fiesta, Jennifer Tenby… no, era amiga de Delilah…
Habría que recuperar el audio de la entrevista de radio.
La oyó nuevamente… Llewellyn le había contado que la animadversión entre ellas era recíproca cuando le preguntó por posibles enemigos de Delilah Knight; sin embargo, ¿era suficiente para instar a que la agredieran?
Probablemente, su enemigo calculó que las tres chicas se reunirían allí esa noche, sin contar con que no estarían invitadas.
Eso resultaba congruente. No, si sabían tanto de ellas, ¿cómo habían fallado luego?
¿O sería una advertencia? No, no, si hubieran estado al tanto, las habrían cogido en cualquier instante. Debían de ser casos aislados.
Adelantó la grabación de la insoportable de Lilah y la cortó en la parte en la que narraba que había pasado la noche esperando a un tal Étienne que había prometido asistir y no se había presentado.
La chica no había escatimado energías en remarcarle a la audiencia que ese chico era el hijo de los Crow…
Los Crow eran los dueños de una impactante mansión en Penylan y no se habían oído noticias de ellos desde hacía años.
De hecho, ni se figuraba que la casa estuviera habitada.
—…esperé toda la noche a mi amigo Étienne Crow, el hijo de los Crow de la mansión… ¡esos Crow! Está recién llegado de Francia y todavía no se ha familiarizado… —testificaba la voz nasal y caprichosa de Lilah.
Aimee retrocedió hasta escuchar esa parte varias veces.
Les había dicho en mil oportunidades a los detectives que investigaran a los nuevos residentes como posibles sospechosos; sin embargo, no había ninguna citación de este chico a declarar en comisaría.
Era raro que una casa que no había recibido invitados en muchos años se viera de pronto con un morador justo cuando se destapaba el tema del acosador, que él se hubiera mostrado interesado en ir a la fiesta y que luego no hubiera aparecido, como si tuviera información de lo que iba a suceder allí y que, además, fuera compañero de clase de las tres chicas…
Aimee buscó en Internet todas las fotos y vídeos del evento, hasta dar con las imágenes robadas que Lilah había publicado del chico Crow. No se le veía la cara en ninguna, eran muy borrosas.
Aimee brincó del asiento y, blandiendo un rotulador rojo, escribió en gigante la palabra «Étienne» tapando las listas de la pizarra. Su olfato periodístico rugía que él era la clave.
Se atavió en un chándal y un impermeable amarillo, y amontonó los papeles en una carpeta.
Abrió el armario de su cuarto y sacó una cámara DSLR que guardó junto con la vieja libreta en una mochila.
Era tarde para una entrevista a tan distinguido personaje, mas no para curiosear en los alrededores de su casa.
***
Tom se terminó el último pedazo de pizza del plato y apuró lo que le sobraba en el vaso antes de recalcarle a Guiney que no había que vestirse de gala para ver fútbol. El no haber cosechado una respuesta tonta le reveló que algo no iba bien, por lo que se irguió de inmediato.
—¿Guiney? —gritó lo bastante alto como para que lo oyeran en Escocia—. ¿Te estás intentando quedar conmigo? Porque no me causa ni pizca de gracia.
Silencio.
Tom subió los peldaños de tres en tres y casi tropezó con una de las chanclas de Guiney que yacía en la entrada de su habitación.
Corrió como empujado por el viento a su interior y constató horrorizado que no había rastro de ella, que su armario estaba patas arriba y unas gruesas manchas de sangre oscura marcaban un sendero que apuntaba a la ventana.
Se encaramó a ella con el corazón a mil revoluciones escudriñando hasta donde la vista le llegaba.
—No… —susurró derrumbándose en el borde de la cama, abatido—. No… —las lágrimas se aglomeraron en sus párpados—. Se la han llevado…