Penylan I: Incógnito Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

—Sí —contestó él empleando su acento más frío—.

Ya he cogido a una de ellas, me faltan las dos restantes.

Escúchame bien antes de que te apresures a enviar a alguno de los tuyos: en cuanto atrape al trío completo te llamaré de nuevo, no quiero que me endoses a otros de la calaña de los de aquella vez, que hicieron oídos sordos y prefirieron aliarse con un espíritu. No os entrometáis.

—Está bien, acaba tu tarea… pero recuerda que has tardado mucho, y eso enfurece a los jefes.

—Hay que mantenerlas separadas, es la única manera. Juntas son una amenaza.

—Dime cuál de ellas porta al Guía.

Étienne sonrió astuto.

—Esa es una información que prefiero guardarme hasta que me pagues lo que me debes.

Cortó colgando el auricular de un golpe y emergió de la cabina. No iba a consentir que volvieran a osar tratarlo de simple subalterno y robarle su gloria después del trabajo que se había tomado. Era mucho lo que se jugaba y no estaba dispuesto a perderlo.

***

Bajaron la ladera como una exhalación. Guiney seleccionó en el listín el número de Tom estremecida por la excitación.

—¿Qué pasa, Pooh? —la saludó él ni bien la atendió.

—Escucha, Tom, estamos en aprietos. Daphne ha desaparecido, no logramos dar con ella; tememos que la hayan sacado de Penylan.

—¿Qué? —dijo él estrellando una pila de CDs contra el mostrador, y luego susurró—. ¿Está relacionado con los…?

—Sí, precisamente. Oye, hay que rastrearla en coche, pon mucha gasolina.

—Esperadme en casa, hoy he venido a pie —resolvió—. Le diré a Andy que me cubra.

Tardaron más o menos lo mismo en llegar a la casa de los Woods. Tom las hizo subir al vehículo mientras demandaba más explicaciones y consultaba qué rumbo seguir.

Dieron mil vueltas alrededor del pueblo y más allá; no obstante, a Guiney no le era posible captar la esencia de su amiga. Debían de haberla debilitado con algún procedimiento que hiciera su aura casi inexistente.

La noche se abatía y retornaban sin éxito alguno, no había más pistas.

—¡Vuelve atrás el tiempo! —le ordenó Guiney a Belle cuando Tom paraba el motor frente al garaje de los Annwyl.

—No sé cómo. Y no me da que sea factible —suspiró Belle acongojada.

—¿Y si detienes el tiempo e indagamos casa por casa? —sugirió Guiney, quien no quería rendirse, en parte debido al sentimiento de culpa que le generaba el no sentir el aura de Daphne.

Belle bajó la cabeza y despegó los labios ligeramente al declarar:

—Me pides cosas que, si consiguiera hacerlas, entonces no habría razón para que Daphne estuviera secuestrada porque sería tan poderosa que los sanglent me temerían.

—¿Es que no hay nada, nada? —berreó Guiney aporreando la guantera con los puños.

—Hemos agotado las opciones —resumió Tom acariciando la mejilla de su novia con el fin de tranquilizarla y que no le destrozara el Beetle.

—¿Por qué el Guía no la ayuda igual que a mí? ¿O es que me salvó porque su tapadera estaba en juego?

—Escucha, lo mejor será que sigamos con el plan anterior —resolvió Belle endureciendo el estómago, que se le había transformado en una montaña rusa—. Contactaremos a los sanglent y, si ellos son sus captores, querrán negociar la entrega del Guía.

—O matarnos a las tres.

—Vosotras no sois las importantes, sino él. El trío no es más que una molestia menor, siempre habrá otras tres que suplanten a las predecesoras —expuso Tom por sobre el respaldo del asiento del conductor.

—Mientras el Guía exista —le recordó Guiney.

—Exacto —coincidió Tom.

—¿Pretendéis que les entreguemos al Guía a cambio de Daphne para así librarnos de esta responsabilidad? —adivinó Guiney.

—Sí.

Belle y Guiney se escrutaron largamente. Era una postura egoísta; sin embargo, el altruismo no se aplicaba a la situación. ¿Era correcto sacrificarse por un bando al que pertenecían de nombre pero que no daba muestras de existencia? Ahora hacer el Bien equivalía a rescatar a su amiga.

—Estoy con Tom —afirmó enérgica Belle

—Yo también. Que se extinga el clan.

***

—¿Que estuvieron aquí? —vociferó Étienne sacando chispas por los ojos de una manera tan amenazadora que Jones se echó hacia atrás aterrorizado de la expresión de feroz animalidad de su jefe.

—Sí, buscaban a la señorita Hywel.

—¿Y usted qué les dijo? —se serenó paulatinamente, recobrando la apostura humana.

—Que no estaba aquí.

—Ha hecho bien. En cualquier caso, imagino que no se han ido tan campantes.

—No. Querían que les dijera si usted había tomado parte en su desaparición, lo que negué rotundamente —apostilló Jones—. Porque… es verdad que usted no ha participado en ello.

El hombre compuso un gesto suplicante. Durante meses había sido testigo de las conductas extravagantes de Étienne sin que este le clarificara cuál era su condición, pero jamás habría dudado de su honradez.

—No, puede estar seguro de que no.

«Fantástico, ahora también habré de cuidarme de que Jones tampoco me vea. Es tan probo que me denunciaría.»

***

Aimee saboreaba su buena labor frente al monitor de la sala de montaje.

Se había asegurado de que ese trozo de leña reavivara el fuego del interés en el caso más que muerto del acosador.

Muerto porque las autoridades seguían sin pruebas que les condujeran a detener a ningún sospechoso.

Y ella precisaba de nuevos datos que justificaran su espacio en el informativo ahora que sus jefes le habían recalcado que, de no contar con verdaderas novedades, la sacarían del aire y la suplantarían por un reality o cualquier tontería que cosechara más audiencia.

No iba a rendirse sin antes ganarse un lucrativo contrato en otro programa.

Revisó la escaleta del día y se percató de que le faltaban espacios por completar.

Emitió un largo suspiro pensando en el trabajo que se le venía si no telefoneaba nadie a la redacción comunicando un avistamiento del acosador cuando, de súbito, un chispazo surcó su mente.

Las piezas se organizaban, comenzaban a encajar.

Ya había una tesis que demostrar en el prime time de esa noche.

Repasó las imágenes del cuarto de la chica desaparecida, la tal Daphne Hywel-Loraine. Ese bolso de piel gastado ya lo había visto antes, sin duda. ¡Era la D. H.-L. de su crónica en el periódico comarcal!