Penylan I: Incógnito Capítulo 6 #4
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Capítulo 6 #4

Belle se separó yendo a leer los horarios del transporte en la parada.

—Mierda, se nos ha pasado el último.

—Son un poco más de las dos —suspiró Guiney—. Estará despierto, sin duda. Esto me lo cobrará muy caro.

—Esto te lo cobraré muy caro —fue lo primero que le espetó Tom al ir a recogerlas en el Beetle—. ¿Cómo se os ocurre venir aquí, a estas horas? —las regañó—. Han matado a cuatro personas, ¡es peligroso!

—Vinimos porque había un challenge del canal de Los sucesos del norte de Gales —mintió Belle reprimiendo un bostezo—. Y se fueron sin nosotras, los muy…

—No me chivaré a vuestros padres, pero debéis jurarme que os alejaréis de esos… esos conspiranoicos. Os creía más inteligentes, la verdad —rezongó él.

—¿Cuatro personas? —inquirió de inmediato Guiney pensando que habían aparecido finalmente los cuerpos de los sanglent.

—Aparte de estas tres chicas, parece que hallaron el cuerpo de una mujer hace un par de semanas.

O sea que ya se había corrido la voz de lo de Cinnamon. Y probablemente la culpable había sido Aimee Rhys.

Belle se bajó del coche despidiéndose escueta.

Apostaba a que sus padres estarían profundamente dormidos y no oirían el rascar de la llave contra la cerradura de la puerta trasera.

Surcó el jardín de invierno saltando a su habitación en un segundo, vigilante cual gato asustadizo, y se desplomó en la cama.

Al poco se volvió a incorporar. Quería revisar el vídeo de Los sucesos por si habían quedado retratadas en algún momento. Recorrió las dos horas de emisión de arriba abajo y, por suerte, confirmó con alivio que Chris había evitado enfocar a cualquiera que no fueran él y Di.

Resopló de cansancio, convencida de que no tardaría en quedar frita. Volvió a la cama. Los sonidos del verano se ahogaban en una nube de sopor, ya casi había perdido la conciencia de su corporeidad.

—…despierta…

No era posible que ya fuera de mañana, si acababa de acostarse…

—Otro ratito —balbuceó.

—…escúchame… —dijo una voz masculina que sonaba extremadamente lejana, como a través de un tubo de cemento.

Sus ojos se abrieron de par en par, el corazón se le iba a saltar del pecho. Ya conocía esa voz.

Instintivamente calculó el tiempo del que dispondría para escapar, poner a sus padres a resguardo y avisarles a Daphne y a Guiney que había un sanglent en su cuarto.

Luego, la otra parte de su cerebro le recordó que los sanglent no eran precisamente el tipo de gente que acostumbra a dialogar con su enemigo antes de matarlo.

Belle se giró de inmediato, irguiéndose. En el medio de su dormitorio había un chico brindándole la mirada más seria y fría que hubiera conocido jamás. Y también con el aspecto más transparente.

—¿Qué… qué eres? —inquirió la chica, cuya entonación brotó desmayada. Los rayos de luna se filtraban a través del cuerpo del muchacho, que apenas se coloreaba en el cabello rubio pelirrojo y los ojos de un azul metálico.

Aquel se limitó a expeler un aire inexistente.

Belle corrió a cerrar las cortinas de un manotazo, como si las ventanas-ojo del vecindario pudieran traspasar las paredes.

—Necesito tu ayuda —declaró el chico en su tono velado de matices extranjeros.

Belle reconoció el rostro del aparecido que la había espiado desde el parterre de violetas. ¿Por qué aparecía ahora? ¿Por qué nunca lo hacía cuando sus amigas estaban presentes?

—Yo no estoy en condiciones de ayudar a nadie —respondió ella reprochándose con una punzada de dolor que por su cobardía de no desafiar a los sanglent otras habían entregado sus vidas.

—Solo tú puedes ayudarme a mí —remarcó el aparecido sin cambiar su posición rígida.

—¿Por qué? —se puso en pie Belle acercándose al espectro que, a pesar de su falta de solidez, ocupaba un espacio tridimensional.

—Porque eres la guardiana del tiempo del Clan de Aiglent.

—Ese no es motivo suficiente. Yo… no sé mucho sobre lo que se espera que hagan las miembro del clan, ni si estoy en el bando correcto o acaso están todos corrompidos por sus poderes y luchan sin importarles las consecuencias —expresó de carrerilla las dudas que habían estado albergando desde el encuentro con los cadáveres de los sanglent.

El aparecido le prestó su entera curiosidad y aun así no varió su semblante al dirigirse a ella.

—Me he comunicado contigo porque eres la única persona sobre la faz de la tierra que posee el don capaz de salvarme.

Eso corroboraba lo que había dicho Cinnamon, de que debía tratarse de alguien con un poder similar al suyo.

—Te equivocas, Guiney es la que percibe fantasmas —tanteó ella por si eso conseguía que le revelara más. Y así fue.

—No soy un fantasma. Lo que ves es una proyección astral de mí mismo. Y ese es el motivo que me trajo hasta ti.

—¿Proyección astral? —lo miró Belle como se puede mirar el agua contenida en una copa de cristal—. ¿Eres… del clan aiglent?

—No. Y tampoco soy del Clan de Sanglent, si vamos al caso.

Se produjo un instante silencioso en el que Belle interrumpió su examen a la altura del cuello del muchacho, revisando si había un tatuaje de Plutón

—Soy del Clan del Tiempo.