Penylan I: Incógnito Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Ya en la habitación de Guiney fueron libres de conversar a sus anchas.

Era evidente que habían confundido a Dolly, Tammy y Ginger con ellas.

Eso demostraba que los sanglent no estaban al tanto de su paradero, que solo se hacían una ligera idea de la zona en la que Cinnamon había cesado en su huida.

Esas tres chicas habían tenido la mala fortuna de tontear con las fuerzas sobrenaturales en el momento y el lugar equivocados.

La sensación de culpabilidad las invadió; indirectamente, habían sido las causantes de la muerte de esas jóvenes. El mensaje de los sanglent era que si persistían en ocultarse habría más víctimas inocentes, y ese era un riesgo que no estaban dispuestas a correr.

—Iremos esta noche, nos escaparemos.

—¿Y si le pides a Tom que nos lleve? —propuso Belle.

—No, es un cotilla, se enteraría medio Penylan. Y nos impediría ir —negó Guiney—. Es preferible no involucrar a nadie más por si… ya me entendéis.

—Si no regresamos —completó Daphne.

—Una de nosotras no puede morir… tiene que delegar los poderes —recordó Belle—. ¿Cuál habrá sido el récord de menor permanencia en el puesto?

—Mira, si es nuestro al menos tendremos algo de lo que vanagloriarnos.

***

La cámara se bamboleaba a cada paso de su portador, aumentando el efecto de terror, igual que si se estuviera registrando la escena a través de los ojos de alguna de las tres chicas asesinadas.

El brillo azul de la noche ennegrecía las frías lápidas y cruces del cementerio, que apenas eran iluminadas por la luz pálida de la luna menguante, como si las recubriera una lámina fluorescente.

El suelo se colaba entre las imágenes del horizonte poblado de mármol mientras la autoritaria voz de Aimee narraba los hechos según se los habían descrito.

El circuito culminaba en la fosa en la que habían arrojado a los cadáveres, en la que todavía se abombaban las cintas blancas que había atado la policía.

No había rastros de sangre. El asesinato había sido limpio, lo suficiente para que nadie se imaginara la causa de la muerte o las circunstancias.

—¿Estamos ante la escalada de nivel de un violento malhechor?

¿O se tratará de un individuo que se sirve de la falta de iniciativa de las autoridades de esta región para saciar sus instintos voraces?

—se preguntaba la presentadora, acuclillada a un lado de la sepultura.

La cámara realizó un zoom cerrando el plano en su rostro, que giraba dirigiéndose al enorme agujero en la tierra, y después acompañó la dirección de la mirada hacia su interior ampliando la toma.

El padre de Belle apagó el televisor y se quitó las gafas. Ella supuso lo que vendría a continuación: más recortes de libertades.

—Saldrás siempre acompañada. Tu teléfono estará encendido y nos comunicarás cada vez que cambies de ubicación. Me vas a gritar que son medidas exageradas, pero tú podrías haber sido una de esas niñas. Ya han ido a por Daphne y a por la hija del constructor.

En circunstancias normales, Belle se habría quejado y pataleado; no obstante, agradecía la preocupación de sus padres por mantenerla a salvo. Si bien en esta ocasión sí que tendría que haber sido ella quien ocupara el destino de una de las chicas.

—¿Me autorizas a irme a mi cuarto? ¿O necesitas antes un cacheo? —agregó Belle mordaz. No hubiera sido ella misma si no hubiera contestado de esa forma.

Recibió un gruñido de respuesta, de lo que dedujo que le convenía largarse de inmediato.

Esperó a oír los pasos en la escalera, las luces que se extinguían en un chasquido y los ronquidos que anunciaban que sus padres dormían profundamente. Sus hábitos le permitían aproximar a qué hora era libre de escapar sigilosamente.

Abrió la ventana y se deslizó fuera con cuidado de asentar el pie en la rama más cercana del enorme árbol de la entrada.

Se asió fuertemente y fue descendiendo aferrada al tronco.

Al final del trayecto había obtenido unos cuantos raspones en las piernas que no lucirían bonitos de día y que carecerían de explicación si no fuera porque era bastante bruta. Ya se inventaría una excusa, si volvía.

Se hacía tarde y debían coger el bus en la estación. Una lámpara halógena alumbraba exiguamente los bancos de plástico confiriéndoles a sus dos amigas un raro aspecto fantasmal de color verdoso. O tal vez fuera la tonalidad que adquiere tu piel cuando vas en misión kamikaze.

Internamente, las tres deseaban que algo frenara el lento desplazamiento del autobús, que el viaje se viera truncado por cualquier acontecimiento normal. Sin embargo, eso no ocurrió y en menos de media hora estuvieron bajo el poste indicador de la parada.

Guiney agrandó la imagen satelital del condado en la que un alfiler marcaba el cementerio. De todas maneras, se figuraban que después del despliegue de medios de comunicación que había habido no sería difícil reconocerlo.

Las lechuzas ululaban un canto fúnebre y las calles eran alumbradas con el fulgor endeble de las farolas.

Las tres chicas se dieron las manos buscando el ánimo de las otras.

Las gruesas puertas de madera del cementerio se erguían ante ellas, pesadas, lúgubres.

Tomaron aliento y las empujaron. Un chirrido interminable resonó en la noche. Y un resplandor las cegó.

—¡Alto! —ordenó un hombre.

Belle hizo ademán de utilizar sus poderes, pero Daphne la paró mentalmente.

El desconocido bajó su linterna y divisaron a un grupo de personas detrás de él.

—No son sanglent —garantizó Guiney en un susurro.

—¿Quiénes sois? ¿También venís por lo de las muertas? —preguntó un gótico de lentillas rojas y piel lechosa que vestía una capa de grueso terciopelo negro.

—Más o menos —se adelantó Daphne, el corazón todavía le latía en la garganta.

El de la linterna, un chico de unos veinticinco años con barba rubia de unos días que usaba unas gafas de pasta muy parecidas a las de Aimee, caminó hacia ellas.

—Soy Chris Meilyr, de Los sucesos del norte de Gales ; aunque ya es hora de cambiar el nombre del canal por El asesino del norte de Gales —esbozó una sonrisita sardónica. Debía de creerse un tipo muy ocurrente—. ¿Habéis venido por el challenge ?

—Sí —actuó rápido Belle, interpretando que de esa manera las dejarían en paz.

Definitivamente no iba a ser muy cómodo tener a esos rondando cuando sus antagonistas se les echaran encima; no iban tampoco a dar impresiones equivocadas.

—Estamos intentando contactarlas. Siento su presencia —dijo una chica de pelo azul que parecía medio ida.

—Ehhh, ¿no fue precisamente eso lo que las mató? —soltó Guiney levantando una ceja—. Quiero decir —carraspeó al recibir unas miradas escasamente afectuosas— …que el venir a buscar espíritus las colocó en la mira de sus asesinos. Es un pelín peligroso, ciertamente.

—Las que deberíais temer sois vosotras —dijo un chico lleno de granos que vestía lo que alguna vez habría sido una camiseta verde en la que se distinguían los restos de un plato volador y una leyenda que rezaba: «Quiero creer»—.

El asesino prefiere a las chicas, y mejor si son tres —les sonrió de forma macabra.

—No es posible elaborar un patrón de conducta con un solo asesinato —refutó Guiney.

—Asesinato múltiple, chica CSI —la contradijo el fan de Mulder.

—Ya lo discutiremos en los comentarios —zanjó Chris la cuestión—.

Gracias a los amigos que nos siguen en esta noche del directo.

Estamos a unos metros del lugar en el que Tammy, Dolly y Ginger perdieron la vida.

¿Y qué mejor manera de honrarlas que viniendo con toda la familia de nuestro canal principal, Los sucesos, a contar su historia?

En unos minutos, nuestra experta espiritista, Di, intentará contactarlas —agregó en dirección a la tablet con la que estaba emitiendo para YouTube.

—¡Jodeeeer! —maldijo Guiney tras un escalofrío—. Estoy percibiendo tantos espectros que me tiemblan las rodillas. Generalmente no hay malos espíritus en los cementerios. Si te quedas atrapado, lo haces donde has muerto.

—¿Se comunican? —musitó Belle situándose al final de la cola de excéntricos que escoltaban la linterna de Chris, quien llevaba a la chica llamada Di de la mano.

—No. Se mantienen alejados, solamente murmuran que han sido molestados, que han sido atraídos por una fuerza… ¿Qué clase de fuerza?

—¿Os dais cuenta de que si este hatajo de amantes de lo sobrenatural anda por aquí en el momento en que nos topemos con ellos , la cosa se pondrá pero que muy fea? Hay que echarlos —dijo Belle sin perder de vista los alrededores ante cualquier indicio de los sanglent.

—Ya me encargo —sonrió Daphne.

—No. Espera —la detuvo Guiney apretando su antebrazo—.

Los espíritus dicen que hubo una reunión.

Que las chicas vinieron a buscar fantasmas y los invocaron empleando una tabla ouija, lo que convocó a un peligroso aparecido de las cercanías.

Este había llegado a un pacto con unos humanos…

uno de ellos era médium y le ordenó que vigilara si alguna chica de esta zona contactaba con el Más Allá.

Eso lo guió a Dolly Benson y a sus amigas.

Inmediatamente, él llamó a los vivos, que cazaron a las chicas en su huida.

»Otro de los vivos intentó persuadirlas para que le confesara si eran las herederas de Cinnamon, Cassandra y Dawn, y cosas relacionadas.

Las chicas no comprendían de qué iba aquello, así que a uno de los vivos se le fue la paciencia al garete y vació de oxígeno los pulmones de las chicas, que fallecieron ahogadas.

Otro se quejó de que ese no era modo de resolverlo, que borrarles la memoria era suficiente, pero no sabían cómo hacerlo.

—¿Que les vació los pulmones? —se estremeció Belle asumiendo lo horrible que habría sido esa muerte.

—Se los presionó como si fueran globos, con el mero pensamiento.

—¿Y luego qué? —susurró Daphne.

—Ya estamos en el lugar —anunció Chris.