Pensión Blackwood para villanos retirados CAPÍTULO 8 Cómo organizar una cena diplomática sin invocar demonios. #3
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CAPÍTULO 8 Cómo organizar una cena diplomática sin invocar demonios. #3

Belladona Blackwood era capaz de succionar el aire de un lugar con su presencia y congelarlo con la intensidad de su mirada. Una que acababa de posar sobre ella con la frialdad de una auténtica villana.

—Buenas noches, madre.

Belladonna la observó durante un interminable segundo.

—Segismunda.

Y, por extraño que pareciera, aquella única palabra consiguió ponerla más nerviosa que cualquier inspección de la Organización.

Sí. No había perdido su toque. Daba igual el tiempo que llevase sin verla o que fuese de su propia familia, con esa mujer siempre había una formalidad implícita que le ponía los pelos de punta.

La gente de pie detrás de ella tuvo la misma sensación, ya que nadie fue capaz de decir una sola palabra… hasta que la señora Drekka les recordó que estaban ante una mujer de carne y hueso. Una bruja formidable, sí, pero mortal a fin de cuentas.

—Siempre supe que llegaría el día en que la volvería a ver atravesando estas puertas, señora Blackwood.

La mirada fulminante que dirigió su madre al ama de llaves no le pasó desapercibida a nadie, pero al contrario que los demás, puede que ellos sí se hubiesen perdido la sutil curvatura que tocó los labios de Belladona durante un breve segundo.

—Por todos los arcanos, Drekka, ¿has decidido jubilarte con la mansión?

—Alguien tenía que cuidar del frente, mi señora.

Su madre se pellizcó la falda del vestido con los dedos y subió los tres escalones que la separaban del porche y de ellas.

—Interesante elección de vestido, Segismunda. —Esas palabras fueron una punzada directa al corazón, pues no eran muchas las ocasiones en las que su madre le había dado su aprobación. Y, definitivamente, esa era una gran aprobación.

—Gracias, madre —respondió manteniendo la barbilla en alto, a pesar de que no pudo evitar acariciar la tela color rojo sangre de su vestido—. Si gustas pasar adentro… tengo que recibir al resto de mis invitados.

Sus ojos se encontraron con los suyos, soltó un pequeño resoplido y atravesó el umbral, cogiéndose, para sorpresa de todos, del brazo del ama de llaves.

—Dime, Drekka, ¿cómo consigues mantener esa piel tan blanca después de tanto tiempo?

Segis suspiró para sus adentros, agradecida por esa pequeña victoria.

El primer vehículo desfiló para terminar aparcando al otro lado de la entrada, dejando que el siguiente se detuviese a continuación.

La lluvia empezó a amainar, si era casualidad o cosa de la bruja oscura que ya estaba en la mansión, eso no lo sabía, aunque conociéndola todo era posible.

Para cuando se abrieron las puertas de los dos siguientes vehículos, ya no caía una gota, los invitados bajaron de sus respectivos coches, tomándose un momento para admirar el lugar con todo tipo de expresiones.

Y entre todos ellos destacaba, cómo no, una mujer en particular.

Su sonrisa ladeada, el brillo burlón en sus ojos y ese aire de «podría licuarte los huesos con tan solo desearlo» representaban demasiado bien a su tía Agatha.

—Segismunda, querida, cuán agradable verte esta noche y tan bien a pesar de tan desagradable infortunio. —Su voz era engañosamente suave, como una caricia, de esas que impregnaban de veneno—. Te ha sentado bien volver a casa después de tanto tiempo.

—No te haces una idea de lo certeras que son esas palabras, tía Agatha —respondió con una educada sonrisa—. Me hacía falta un cambio de perspectiva, me parece. El consejo fue muy amable recomendándome este… retiro espiritual.

Vale. Sí. Puede que se hubiese pasado un poquito de irónica, pero esa mujer no era precisamente su persona favorita en el mundo.

Más bien todo lo contrario. La había atormentado desde que era una niña, incluso de adulta la había acojonado en alguna ocasión.

Y es que era indudable el poder que tenía, además de la experiencia.

Su tía tenía un historial impresionante dentro de la Organización. Tanto que, durante años, la habían utilizado como vara de medir.

«Ojalá te parecieses más a Agatha».

«Comparada con su tía, es como un cachorrillo enfermo… Habría que sacrificarla».

«Ni siquiera ha heredado la belleza de Belladona, Agatha, en cambio…».

Sí. Su tía. La bruja perfecta, la mujer capaz de poner a naciones de rodillas, de sembrar plagas y envenenar a enemigos con tan solo una caricia. Estaba muy bien considerada dentro de la organización, tanto que era una de las miembros del consejo.

—Retiro espiritual. Qué pintoresco —se rio, extendió la mano para acariciarle el rostro y Segis, inteligentemente, dio un paso a un lado. No la llamaban «hiedra venenosa» por nada.

—Espero que te siga pareciendo así una vez entres —la invitó con un gesto de la mano—. Adelante.

Escuchó un par de murmullos a su espalda, saludando a la recién llegada, así como las fuertes pisadas de la armadura de Valessi parándose detrás de ella.

—Si necesitáis que mate al dragón por vos, solo dadme la orden, Segis —murmuró el hombre en voz baja.

Miró hacia atrás y se encontró con los ojos del hombre a través de la apertura del yelmo.

—Lo tendré en cuenta, sir Valessi.

El anciano hinchó el pecho, enderezándose aún más al escuchar el título.

—Señorita Blackwood… —La saludó entonces el inspector Riper, dando así inicio al siguiente bloque de invitados—. Me alegra verla de nuevo.

—Inspector, siempre y cuando prometa no someterme a otra inspección, yo también me alegraré de verle a usted —aseguró con una sonrisa.

El tipo se rio y saludó a Ivar, mientras ella recibía al resto de la comitiva y los invitaba a entrar en la mansión.