Peligro, ¡italiano suelto! Capítulo 24
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Capítulo 24

La celebración continuó aquella misma noche en el bar del hotel, donde algunas noches se organizaba un karaoke para los huéspedes.

Nuestra intención inicial consistía en tomar una copa y brindar por Sofía y Álex, pero Eric descubrió el escenario, vio los dos micrófonos y decidió que el universo acababa de ofrecerle una oportunidad que llevaba toda la vida esperando.

—Esta noche conoceréis mi verdadero talento —anunció mientras corría a apuntarse.

—¿Sabes cantar? —le preguntó María.

Eric se detuvo junto a la mesa de inscripciones.

—La música no consiste solo en cantar bien. También exige actitud.

—Eso es un no —concluyó Camila.

El bar ocupaba una terraza cubierta con vistas a los jardines.

Habían retirado varias mesas para crear una pequeña pista y colocado luces de colores alrededor del escenario.

La mayoría de los participantes eran huéspedes con muchas ganas de divertirse y poca preocupación por la afinación, así que Eric encajaba a la perfección.

Nos instalamos alrededor de dos mesas. Sofía se sentó sobre las piernas de Álex a pesar de que había varias sillas libres, y él mantenía un brazo alrededor de su cintura, resignado a que las bromas por fin se dirigieran hacia ellos.

—¿Cuándo te marchas? —le preguntó Joel.

—En cuarenta y ocho horas —le respondió Sofía.

—¿Y cuándo lo vas a cambiar?

—En cuanto Álex me pida que me quede.

Todos miramos al bailarín.

—Yo no voy a pedir nada —declaró él.

Sofía se volvió y le besó junto a la boca.

—Entonces me marcharé.

—Perfecto.

—Y no volverás a verme.

—Sobreviviré.

—Puede que me case con un francés.

Álex apretó el brazo alrededor de su cintura.

—Ese billete no va a utilizarse.

Sofía sonrió y volvió a besarle. Eric apareció con varias tarjetas y las dejó sobre la mesa.

—Nos he apuntado por parejas.

—¿A todos? —le pregunté.

—A todos.

—No pienso cantar —afirmó Enzo.

—Eso mismo dijiste sobre el disfraz de gaviota y terminó siendo una de las mejores interpretaciones de tu carrera.

—Aquello fue por una causa solidaria.

—Esto también.

—¿Qué causa?

—Nuestra diversión.

El primero en subir fue Eric, acompañado por Malena.

Eligió Vivir mi vida y demostró desde la primera frase que su actitud superaba ampliamente sus capacidades vocales.

Cantaba demasiado alto, llegaba tarde a las palabras y utilizaba el micrófono para señalar al público.

Malena empezó intentando seguir la melodía, pero terminó riéndose tanto que apenas consiguió pronunciar una frase completa.

Eric bajó del escenario convencido de que protagonizó un éxito histórico.

—La gente ha aplaudido de pie.

—Solo se ha levantado un señor —le aclaró María.

—Ha sentido la música.

—Quería ir al baño.

—No destruyas este momento.

Después llamaron a Valentina y Joel. Ella eligió una canción latina y le entregó el segundo micrófono con una advertencia.

—Vos seguime y no inventes nada.

—Sé cantar.

—La última vez que presumiste de algo fue una cagada, boludo.

—Pero terminamos besándonos.

—Porque me pareciste tierno. Ahora no confíes en la misma suerte.

Joel empezó bastante bien, aunque pronto perdió el ritmo y Valentina tuvo que perseguirle por el escenario para recuperar parte de la canción.

Él aprovechó un fragmento instrumental para rodearla por la cintura y ambos terminaron bailando más que cantando.

Cuando llegó el final, Joel la inclinó hacia atrás y la besó delante de todos.

Camila actuó con María. Escogieron Las de la intuición y se tomaron la interpretación tan en serio que pidieron dos pelucas moradas al equipo de animación. Acabaron sobre la pista rodeadas por varias huéspedes que conocían la canción y convirtieron el karaoke en un concierto improvisado.

—Camila se recuperó muy deprisa de la marcha del francés —comentó Enzo.

—Es una mujer práctica.

—Hace unas horas aseguraba que Francia era patrimonio de la humanidad.

—Ahora el patrimonio está camino del aeropuerto y ella necesita continuar con su vida.

Cuando anunciaron a Sofía y Álex, todo el grupo empezó a golpear las mesas. Eric escogió por ellos una canción romántica italiana y Sofía se mostró encantada. Álex, en cambio, contempló la pantalla con preocupación.

—No conozco la letra.

—Yo te ayudo —prometió ella.

—Está en italiano.

—Limítate a repetir lo que diga.

—Eso siempre termina mal contigo.

Sofía cantaba muy bien y trató de guiarlo, pero Álex pronunciaba las palabras con tal acento que ella perdía la concentración cada pocos segundos. En una parte especialmente romántica, él sustituyó la letra por una frase en español.

—No voy a pedirte que te quedes —cantó siguiendo la melodía.

Sofía acercó el micrófono a la boca.

—Entonces me marcharé.

—No te creo.

—Ya tengo la maleta hecha.

—La desharé esta noche.

Los huéspedes no entendían la conversación, pero aplaudieron al verlos acercarse. Sofía dejó caer el micrófono sobre una silla y besó a Álex. Él la levantó por la cintura mientras la canción continuaba sin ninguno de sus intérpretes.

—¿Esto es un karaoke o un lugar para que todos hagan pública su vida sexual? —preguntó Rebeca, que acababa de llegar.

—Ambas cosas —respondió Eric.

Nuestro turno llegó poco después. Enzo trató de esconderse detrás de Rebeca, pero el presentador pronunció nuestros nombres y todos empezaron a corearlos.

—No sé cantar —me confesó.

—Yo tampoco.

—Entonces ¿por qué estás levantándote?

—Porque después de verte vestido de gaviota ya no me queda dignidad que proteger.

Eric escogió Bailando para nosotros. Enzo le amenazó desde el escenario y él respondió enviándole un beso.

Empezamos con prudencia, pero pronto descubrimos que ninguno de los dos era tan desastroso como afirmábamos.

Enzo cantaba con un acento italiano mucho más marcado de lo habitual y yo me equivocaba cada vez que él se acercaba demasiado.

Durante el estribillo, dejó el micrófono y me hizo girar.

—Esto es hacer trampa —le dije.

—Bailar se me da mejor.

—El concurso es de karaoke.

—No hay concurso.

Me atrajo hacia él y continuamos cantando con un solo micrófono, tan cerca que nuestras bocas casi se rozaban. Cuando terminó la canción, Enzo me besó antes de que pudiera apartarme. Escuché los silbidos de nuestros compañeros y la voz de Sofía por encima de todas.

—¡Eso sí se lo enseñé yo!

Enzo se separó lo suficiente para responderle.

—Tú no me has enseñado nada.

—Gracias a mis rizos conseguiste que te abofeteara y ahora estás enamorado. Reconóceme algún mérito.

El público volvió a aplaudir y yo escondí la cara contra el pecho de Enzo.

El karaoke terminó pasada la medianoche con todos nosotros sobre el escenario.

Eric eligió una canción conocida, repartió los micrófonos y obligó incluso a Rebeca a participar.

Cantamos sin respetar turnos ni tonos, Sofía bailó con Álex, Joel volvió a besar a Valentina y Camila dirigió al público agitando una de las pelucas moradas.

Éramos un desastre.

También formábamos un grupo mucho más unido que el que empezó a ensayar unas semanas antes.

Esa noche no existían protagonistas ni bailarines secundarios.

Solo amigos cantando a los cuatro vientos, riéndose de sus errores y celebrando que Sofía, después de volver loco a Álex, hubiera decidido cancelar su vuelo.

Cuando terminamos, el presentador pidió que prometiéramos no volver a apoderarnos del escenario.

Eric cogió el micrófono por última vez.

—Nos vemos la semana que viene.

Los huéspedes aplaudieron.

Rebeca se tapó la cara con ambas manos.