Capítulo 23 #2
—Odio el coco y esto también lleva picante —consiguió decir.
—¿Picante? Eric me juró que te encantaba.
Desde el otro extremo del escenario, él levantó los pulgares con una sonrisa.
—¡Intento ayudaros a crear recuerdos juntos! —gritó antes de salir corriendo, perseguido por Sofía.
Cuando ella regresó, Álex dejó el batido sobre una mesa y reconoció que apreciaba el esfuerzo, pero insistió en que no resultaba necesario.
—Sí hace falta —replicó Sofía—. Quiero que dejes de estar enfadado conmigo.
—No estoy enfadado.
—Entonces bésame y asunto resuelto.
Álex negó con la cabeza.
—No estoy disponible cada vez que tú decidas. Hace dos días no existía mientras perseguías al francés y ahora pretendes que todo cambie porque me has traído una bebida que intenta asesinarme.
Se alejó antes de que ella encontrara una respuesta. Sofía regresó a las gradas con una expresión derrotada y dejó caer el cuerpo junto a sus nuevas asesoras sentimentales.
—Es demasiado cabezota —protestó.
—No es cabezota, tiene amor propio —la corrigió Camila—. Y eso complica mucho las cosas cuando una está acostumbrada a conquistar a los hombres levantando una ceja.
A la hora de comer, Sofía ocupó la silla situada junto a Álex antes de que nadie pudiera adelantarse.
Él no se marchó, pero dedicó toda su atención a Joel, sentado al otro lado.
Ella intervino en cada conversación, celebró varios chistes que no tenían gracia y dejó caer la mano sobre su brazo en repetidas ocasiones.
Álex la apartaba con una calma desesperante.
—¿Cuánto tiempo piensas seguir fingiendo que no existo? —preguntó Sofía.
—Sé que existes. Llevas diez minutos comiéndote mis patatas.
Miró el plato y dejó la última que acababa de coger.
—Puedes quedártela.
—Ya la has mordido.
—Compartir comida crea intimidad.
Álex apartó el plato hacia ella.
—Entonces cómetelas todas y tendremos una relación profundísima.
Enzo y yo contemplábamos la escena desde enfrente. Cada vez que Sofía recibía una respuesta seca, él me apretaba la pierna bajo la mesa para impedir que me riera.
—Tu prima está desesperada —murmuré.
—Se lo merece. Conozco a Sofía y sé cómo funciona. Hasta hace dos días, Álex era un entretenimiento seguro; ahora que ha dejado de perseguirla, se ha convertido en una obsesión.
—¿Crees que solo pretende recuperar su atención?
—No lo sé, pero Álex hace bien en no ponérselo fácil. Ella necesita descubrir si lo quiere a él o solo quiere volver a sentirse deseada.
Sofía nos sorprendió mirándola y nos lanzó una servilleta.
—¿Pueden dejar de analizarme y de ser felices delante de mí? Resulta ofensivo.
—No pretendemos ofenderte —le respondí.
Enzo solo levantó una ceja. Se limitó a besarme la sien mientras Sofía soltaba un gemido de desesperación.
El tercer intento tuvo lugar aquella tarde junto a la piscina. Sofía apareció con un bikini negro que consiguió que Joel se atragantara con la bebida, lo que hizo que Valentina lo fulminara con la mirada.
Álex estaba tumbado en una hamaca, hablando con María, y no reaccionó cuando ella pasó delante de él. Sofía regresó sobre sus pasos y volvió a cruzar frente a la hamaca. Al tercer paseo, Camila le advirtió que acabaría desgastando el suelo.
—No me ha mirado ni una vez —se lamentó.
—Te ha visto perfectamente —le aseguré—. Está realizando un esfuerzo enorme para no girar la cabeza.
Sofía se sentó en el borde de la piscina justo enfrente. Se quitó las gafas, soltó el cabello y empezó a aplicarse protector sobre las piernas con una lentitud escandalosa. Álex continuó hablando con María, aunque ya no parecía escuchar una sola palabra.
—Esto es humillante —murmuró Sofía—. No sabía que tuviera tanta fuerza de voluntad.
Valentina se sentó a su lado con dos bebidas.
—Vos necesitás dejar de provocar su cuerpo y empezar a hablar con su cabeza.
—Eso suena muy profundo.
—Lo leí en una taza, pero sigue siendo cierto. Dejá de hacer el ridículo y decile la verdad.
—La verdad no tiene ninguna gracia.
—Por eso puede que funcione.
Al poco, Théo se marchaba. Camila le dio un beso largo delante de todos y él prometió escribirle al aterrizar. Antes de subir al coche, el francés se acercó a Sofía y le dijo que lamentaba no aceptar su invitación.
—Sobreviviré —respondió ella.
Théo miró hacia Álex, que permanecía unos metros más allá fingiendo revisar el teléfono.
—Hacéis una pareja bonita.
—No somos pareja.
—Todavía —contestó él antes de guiñarle un ojo.
Cuando el coche desapareció, Sofía atravesó el vestíbulo y se detuvo frente a Álex. Él guardó el teléfono, pero se negó a hablar hasta que ella le recordó que regresaría a Italia en breve. La noticia consiguió que su expresión cambiara.
—No sabía que te marcharías tan pronto.
—Porque llevas dos días sin escucharme. Respondes con una palabra y huyes antes de que pueda terminar una frase.
—De acuerdo. Ya no huyo. Dime lo que tengas que decir.
Todos fingimos interesarnos por las plantas y la decoración del vestíbulo, aunque ninguno se alejó. Sofía nos miró de reojo, pero terminó aceptando que no dispondría de mayor intimidad.
—Tenías razón —comenzó—. Intenté besarte porque me sentí ridícula cuando Théo eligió a Camila. Estaba acostumbrada a que tú me prestaras atención y pensé que seguirías haciéndolo sin importar cómo me comportara.
—Una disculpa fantástica —comentó Álex sin sonreír.
—No he terminado. Durante estos dos días hice todo lo posible para que volvieras a mirarme. Al principio creí que solo me molestaba perder tu atención, pero esta tarde te vi hablando con María y quise arrancarle los ojos.
María retrocedió un paso.
—Yo no he hecho nada.
—Ya lo sé y lo siento. El problema no eres tú.
Sofía regresó a Álex y se acercó un poco más.
—No eres un premio de consolación ni el hombre al que recurro porque otro me haya rechazado. Eres el hombre con el que llevo una semana riéndome, al que busco cada vez que entro en algún lugar y el único que consiguió que me sintiera fatal por perder una oportunidad de besarlo.
Álex trató de conservar la firmeza, aunque la dureza de su rostro empezó a desaparecer.
—¿Y si Théo te hubiera elegido?
Sofía miró a Camila antes de responder.
—Probablemente habría salido con él, habría pasado una noche estupenda y después se habría marchado. Exactamente lo que ocurrió con Camila.
—Gracias por utilizarme como ejemplo —dijo mi amiga.
—Pero cuando Théo se fue, Camila sonreía. Yo llevo dos días persiguiendo a un idiota que ni siquiera quiso compartir sus patatas conmigo.
Los labios de Álex se curvaron apenas.
—Si te las comiste igual…
—Eso es lo que yo llamo compartir.
Sofía avanzó otro paso.
—¿Todavía estás enfadado?
—Un poco.
—¿Puedo besarte?
—No.
Ella retrocedió, sorprendida y ofendida al mismo tiempo.
—¿Otra vez vas a rechazarme?
Álex negó despacio.
—Esta vez voy a besarte yo.
La sujetó por la cintura y la atrajo con tanta decisión que Sofía apenas tuvo tiempo de sonreír. El beso nació con toda la frustración acumulada durante aquellos días. Ella le rodeó el cuello y Álex la levantó un poco del suelo, obligándola a ponerse de puntillas para permanecer pegada a él.
Los aplausos y silbidos estallaron en el vestíbulo.
Eric fue el primero en celebrarlo, Valentina gritó “¡al fin!” y Camila empezó a golpear la maceta junto a la que fingía observar una planta.
Enzo me abrazó por detrás y yo reía mientras Sofía y Álex continuaban besándose sin prestar atención al espectáculo.
Cuando se separaron, ella permaneció agarrada a su camiseta y le preguntó si aquello significaba que la había perdonado.
—No del todo —respondió él, todavía con una mano en su cintura.
—Entonces tendrás que seguir besándome hasta que se te pase.
—Puede llevarme toda la noche.
—Tengo tiempo.
—Te marchas en breve.
—Puedo cambiar el billete.
—Eso sería una locura.
Sofía sonrió y acercó otra vez los labios a los suyos.
—Todavía no has visto nada.
Álex volvió a besarla y los aplausos se repitieron. Camila se dirigió a Sofía.
—Creo que, al final, también has ganado.
Sofía miró a Álex y él trató de disimular una sonrisa.
—Eso parece.
—No te acostumbres a los cumplidos —le advirtió.
Todos volvimos a reír y Álex la atrajo para hacerla callar con otro beso.
La llegada de Théo revolucionó el hotel durante cuarenta y ocho horas.
Camila ganó cien euros, vivió una aventura con uno de los hombres más deseados de internet y regresó afirmando que Francia merecía ser declarada patrimonio de la humanidad.
Sofía, en cambio, perdió una apuesta, recibió varios rechazos y descubrió que conquistar a Álex requería mucho más esfuerzo que seducir a un influencer.
A juzgar por la manera en que se miraban, ninguno de los dos lamentaba el resultado.