Peligro, ¡italiano suelto! Capítulo 22 #2
77%

Capítulo 22 #2

—Eso no significa que su cabeza tenga un tamaño normal —insistió Álex.

—Su cabeza es perfecta —respondió Sofía.

—Llevas todo el día hablando de su cabeza. Empieza a resultar inquietante.

—Vos estás a diez minutos de medírsela con una regla —intervino Valentina.

Théo se marchó pasada la medianoche. Antes de hacerlo, besó las mejillas de Camila y Sofía y prometió verlas al día siguiente.

—¿Cuál creéis que va ganando? —preguntó Malena cuando desapareció.

—Yo —respondieron ambas al mismo tiempo.

La competición continuó durante la mañana siguiente.

Camila le enseñó al francés una zona del hotel que no aparecía en las rutas habituales.

Sofía lo acompañó durante una sesión de fotografías junto a la piscina.

Camila consiguió que le prestara sus gafas de sol.

Sofía publicó una fotografía con él y recibió miles de comentarios en pocos minutos.

Enzo y yo disfrutábamos cada nuevo episodio. Él empezó a registrar los puntos en el teléfono y creó categorías que incluían contacto físico, duración de las conversaciones y “miradas potencialmente francesas”.

—Camila tiene ventaja —concluí durante el almuerzo.

—Sofía habla italiano con él.

—Théo mira más a Camila.

—Porque Camila se coloca siempre delante.

—Eso se llama estrategia.

—Lo de Sofía también.

Álex dejó la bandeja sobre nuestra mesa con más fuerza de la necesaria.

—¿No tenéis nada mejor que hacer?

—Hoy ensayamos a las cinco —respondió Enzo—. Hasta entonces, no.

—Se están comportando como dos adolescentes.

—Y tú como un marido abandonado —le dije.

—No soy nada de Sofía.

—Ese parece ser el problema —observó Enzo.

Álex cogió una manzana y se marchó.

La apuesta se resolvió aquella tarde, poco antes del ensayo. Théo encontró a Camila y a Sofía en el vestíbulo y se acercó con una sonrisa. Nosotros ocupábamos varios sofás cercanos, fingiendo que no escuchábamos.

—Esta noche es mi última noche —dijo—. Después de la función quiero salir a conocer algún lugar fuera del hotel.

Camila cruzó las piernas.

—Podemos acompañarte.

—En realidad, esperaba que vinieras tú.

Sofía perdió la sonrisa.

Camila señaló su propio pecho.

—¿Yo?

—Sí. Si quieres, claro.

—Quiero.

Théo pareció aliviado y acordaron encontrarse después de la función. Cuando se alejó, Camila permaneció quieta durante unos segundos. Después se volvió hacia Sofía y extendió una mano.

—Cien euros.

—Todavía no ha terminado la noche.

—Ha elegido.

—Puede cambiar de opinión.

—Sofía, me da a mí que eres la perdedora. Y espero que sepas llevarlo con dignidad.

La italiana sacó un billete de la cartera y se lo entregó.

—Te odio.

—Perder te sienta fatal.

—No he perdido. He decidido permitirte ganar.

—Qué generosa.

Camila corrió hacia mí y me abrazó.

—¡Tengo una cita con Théo!

—Y cien euros —le recordé.

—Los gastaré en ropa para la cita. Voy a la boutique del hotel.

—Entonces terminarás debiendo dinero.

Sofía contempló cómo celebrábamos la victoria. Intentó fingir que no le importaba, pero su orgullo sufrió el golpe. Sus ojos recorrieron el vestíbulo hasta encontrar a Álex junto a la entrada. Él escuchó toda la conversación y no parecía dispuesto a felicitar a nadie.

Sofía se acercó.

—Al final tenías razón.

—¿En qué?

—El francés no era para tanto.

—Hace diez minutos era perfecto.

—He cambiado de opinión.

Álex guardó el teléfono en un bolsillo.

—Qué rápido.

—¿Vas a seguir enfadado?

—No estoy enfadado.

—Tiene una cara horrible.

—Es mi cara normal. Quizás deberías preguntarle al francés. Él parece experto en rostros perfectos.

Sofía sonrió y avanzó otro paso.

—Estás celoso.

Álex miró hacia otro lado, pero ella le cogió la camiseta con una mano.

—Admítelo. Eso te hará parecer más interesante a mis ojos.

—No tengo nada que admitir.

—Entonces puedo hacer esto.

Se puso de puntillas e intentó besarle.

Álex giró la cara antes de que sus labios llegaran a tocarse. Sofía se quedó inmóvil, todavía aferrada a su camiseta.

—¿Qué te pasa? —preguntó.

—No soy el premio de consolación.

La diversión desapareció de su rostro.

—No he dicho que lo seas.

—Llevas dos días persiguiendo a otro tío. En cuanto él elige a Camila, vienes a besarme.

—Solo estábamos divirtiéndonos.

—Tú te estabas divirtiendo. Yo estaba viendo cómo coqueteabas con él delante de mí.

—No somos pareja, Álex.

—Ya lo sé. Pero también sabes perfectamente lo que siento.

Sofía soltó su camiseta.

—Pensaba que no te importaba.

—Pues pensabas mal.

—Podrías habérmelo dicho.

—Te lo dije anoche en la playa.

—Dijiste que había vuelto loco a alguien.

—¿Necesitabas un diagrama?

Ella abrió la boca, pero no encontró una respuesta.

Álex retrocedió.

—Si algún día quieres besarme porque soy yo, búscame. Si es porque un francés ha escogido a otra, puedes seguir buscando.

Se marchó hacia el anfiteatro sin despedirse.

Sofía permaneció junto a la entrada, observando su espalda. Camila dejó de celebrar y se acercó a ella.

—¿Estás bien?

—Sí.

—No lo parece.

—No sabía que se lo tomara tan en serio.

Valentina se cruzó de brazos.

—Te dije que babeaba por vos.

—Pensé que no era para ponerse así.

—Pues pensaste mal, obvio.

Sofía miró hacia la puerta por la que desapareció Álex.

—He metido la pata.

—Hasta el fondo —confirmó Enzo.

Le di un codazo.

—Podrías ser más delicado.

—Ella se ha pasado dos días torturándolo.

—Era una apuesta —se defendió Sofía.

—Para ti. Para él no.

Sofía guardó el billete que Camila intentó devolverle.

—No quiero el dinero.

—Pero…

—Has ganado. Disfruta de la cita.

Se alejó con menos energía de la que mostró durante los últimos dos días. Por primera vez desde que llegó, no hizo ninguna broma.

La función de aquella noche salió muy bien. Théo la grabó desde una de las primeras filas y aplaudió en pie durante los saludos. Después esperó a Camila en el vestíbulo, vestido con una camisa azul y una sonrisa capaz de conseguir que ella olvidara hasta su propio nombre.

Nos reunimos alrededor para despedirla.

—No esperéis despiertos —nos advirtió.

—Quiero un mensaje cuando llegues —le pidió Sofía.

—¿No estabas enfadada conmigo?

—Estoy enfadada con el universo. Tú envíame el mensaje.

Théo saludó al grupo y se llevó a Camila. Ella volvió la cabeza antes de salir y levantó el pulgar.

—Está demasiado feliz —comentó María.

—Se le pasará cuando el francés se marche mañana —opinó Eric.

—O cuando descubra que las citas reales no llevan filtros —añadió Joel.

Sofía no participó en las bromas. Buscó a Álex, pero él se marchó nada más cambiarse. Tampoco respondió al mensaje que ella le envió.

Enzo me rodeó la cintura mientras contemplábamos el teléfono de su prima.

—¿Crees que la perdonará? —pregunté.

—Álex lleva días mirándola como un idiota. Claro que la perdonará.

—No debería hacerlo demasiado rápido.

—¿Hablas por experiencia?

Levanté una mano y fingí que iba a abofetearle. Enzo retrocedió riéndose.

—No vuelvas a hacer eso.

—Nunca volvería a pegarte.

—Me refiero a amenazarme. La última vez vi mi vida pasar dos veces —rio.

Sofía nos miró con expresión ofendida.

—¿Podrían dejar de ser felices delante de mí?

—Tú has provocado esto —le recordó Enzo.

—Gracias por el apoyo familiar.

Le pasé un brazo por los hombros.

—Álex tiene razón. No puede pensar que solo recurres a él porque Théo ha elegido a Camila.

—No recurrí a él.

—Intentaste besarlo treinta segundos después de perder una apuesta.

—Visto así, suena bastante mal.

—Porque estuvo bastante mal —dijo Enzo.

—¿Quieres que vuelva a besarte las mejillas para provocar otra crisis?

Él se calló.

Terminamos la noche sentados en la terraza del personal. Sofía elaboró un plan para demostrarle a Álex que no era un premio de consolación. Sus primeras propuestas incluían colarse en su habitación, enviarle una fotografía provocativa y fingir un desmayo. Rechazamos las tres.

—Podrías empezar pidiéndole perdón —sugerí.

—Eso es demasiado sencillo.

—También es lo que corresponde.

—No soy buena pidiendo perdón.

—Tu primo tampoco —recordó María—. Debe de ser hereditario.

Sofía terminó aceptando que hablaría con él al día siguiente. Mientras tanto, Camila envió una fotografía desde un local junto al mar. Aparecía con Théo, los dos muy juntos, brindando con copas de champán.

Debajo escribió:

Camila: El francés tiene la cabeza de tamaño completamente normal. Y hablo de la de arriba. Respecto a la otra… ya os contaré.

Álex abandonó el grupo de mensajería dos minutos después.

Sofía dejó el teléfono sobre la mesa.

—Definitivamente, tengo un problema.

—Sí —respondió Valentina—. Y mide casi un metro noventa, está buenísimo y ahora mismo quiere estrangularte.

—¿Crees que todavía tengo posibilidades?

—Muchas. Pero vas a tener que trabajar un poco.

Sofía sonrió, recuperando parte de su energía.

—Me gustan los retos.

Enzo y yo nos miramos. La competición por Théo terminó, pero acababa de comenzar otra mucho más cercana.

Camila ganó cien euros y una cita con uno de los hombres más deseados de internet.

Sofía, en cambio, perdió una apuesta y descubrió que Álex no pensaba conformarse con las migajas de su atención.

Por la forma en que volvió a mirar hacia la puerta, sospeché que sabía perfectamente cuál de las dos se llevó el premio más interesante.