Pedimos sangre, no perdón CAPÍTULO 67 #2
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CAPÍTULO 67 #2

Theo deja a los guardias inconscientes en una esquina del despacho, amordazados por si les da por gritar cuando despierten.

Aunque, por cómo se mueve el cuello de uno de ellos, dudo que jamás vuelva a despertarse.

Theo se da cuenta de cómo lo miro y le coloca la cabeza estratégicamente para que no llame tanto la atención antes de quitarle importancia con una mueca.

—Hay muchísima más gente de la que previmos, Theo —nos informa Gina, que vigilaba el despacho desde dentro. El traje de camarero le sienta como un guante—. Habrá que ir con cuidado.

Theo asiente de camino a la puerta.

—El programa comenzará con un discurso del Dirigente, después otro del rey melhanäi para, después de explicar el proyecto y hablar de la sustentación económica hasta el momento, hacer una puesta en escena.

Eso será lo último. —Theo nos recuerda otra parte de los documentos que extrajimos de la comisaría.

Pretenden asesinar a un melhanäi y torturar a un humano en directo para que la gente vea el proceso y, después, los asombrosos efectos que esa pequeña cápsula de energía puede producir en los humanos.

—Sin electricidad, no habrá presentación. —Rowland hace chascar las tenacillas con las que pretende sabotear el sistema eléctrico de la fortificación junto con los pequeños explosivos que ha diseñado—. Tengo tiempo, lo conseguiré.

—¿Estás seguro de que no detectarán esas explosiones? —En los últimos días, Theo ha sentido más de una haciendo vibrar toda la fonda, por lo que ahora tiene sus dudas...

—Sí.

—¿Seguro al cien por cien? —le pregunta Elías.

—Al noventa por ciento —responde él.

—Genial...

—Estas pequeñas ni siquiera harán ruido, lo he conseguido aislar por completo con cámaras de aire que...

—Está bien —le corta Theo.

Nos sigue sin interesar la explicación científica, solo que funcionen.

Lucrezia y él tendrán que esquivar toda la seguridad que encuentren y deshacerse de los científicos simpatizantes de los nuevos acuerdos que se hayan hecho con el control de la caja eléctrica para las exhibiciones de Emory, pero el pirómano se muestra optimista.

—Un besito de buena suerte —le pide Rowland a Lucrezia, poniéndole morritos.

—No seas estúpido.

—Si no, no saldré de aquí, ¡necesito toda la suerte de mi parte, cosita! —Insiste en su movimiento de labios y cierra los ojos.

—¡Déjate de tonterías, que nos quedamos sin tiempo!

—Pues sé rápida.

Lucrezia nos mira a los demás con el labio superior pinzado. Ninguno decimos nada, pero Elías la insta, con un movimiento de manos, a que lo haga rápido. Todos secundamos su petición con movimientos de cabeza.

—Arg. —Lo coge de la nuca y acerca sus labios a los de él para restregárselos en un movimiento innecesariamente brusco que deja clara su irritación—. ¿Contento?

—Puede que si lo hicieras un poco más...

—¡Tira! —Le da una colleja que en verdad esconde una sonrisilla.

Los dos salen del despacho y desaparecen detrás de Gina entre la multitud.

Elías, Theo y yo salimos después y nos separamos.

La sala es un derroche de opulencia. Yes que, a pesar de ser una fugitiva, aquí nadie presta atención a las caras.

En un lugar lleno de gente que se siente inmortal gracias a sus cuentas bancarias, yo solo soy otro traje caro moviéndome entre ellos.

Me deslizo entre los invitados con una copa de champán que he tomado de una bandeja sin ni siquiera mirar al camarero. Veo a Gifford a lo lejos. Está a unos metros, rodeado por un grupo de millonarios que ríen como si acabara de inventar el chiste perfecto.

El primer guardia aparece a mi izquierda, cerca de las mesas de canapés.

Me oculto detrás de una pareja que discute sobre quién tiene la mejor casa en la costa este del continente.

Sus voces suben lo suficiente como para tapar el sonido de mis tacones cuando me desvío hacia una esquina menos iluminada.

Varios de los nuestros, camuflados entre el servicio, me ayudan a avanzar moviendo a la gente, redirigiendo a los demás camareros y generando distracciones para los guardias.

Mientras me acerco a Gifford, capto fragmentos de su conversación. Términos como «revolucionario», «trascender las limitaciones humanas» y «legado eterno» llenan el aire. Él ni siquiera es la cabeza pensante, pero presume como si lo fuera.

Sigo avanzando, esta vez tras un grupo de señoras que parecen haberse puesto de acuerdo para vestir tonos beige y joyas deslumbrantes. El aroma de su perfume es tan intenso que mi pituitaria me echa la bronca con un escozor agudo.

El aire en la sala cambia de golpe cuando el Dirigente sube al escenario que hay al final del enorme salón, bajo una cúpula de cristal a través de la que todos podemos ver el cielo nocturno y la silueta de Wicksole a lo lejos.

Antes no había más que una azotea abierta para colocar los cañones que se dispararon durante la guerra.

Las conversaciones se apagan y todas las cabezas se giran hacia él.

Su sonrisa se ensancha, un gesto que mezcla suficiencia y ese toque de maldad que me hace querer gritar a todos los presentes si no son capaces de ver sus malvados planes a través de sus ojos.

Aunque los conocerán pronto... Yseguramente les dará igual.

No puedo entender cómo dejan que el futuro de la humanidad lo decida este lunático.

—¡Bienvenidos, bienvenidas! —El Dirigente se ha subido al escenario que hay al final del enorme salón y recibe los aplausos como el alimento de su ego.

Hago contacto visual con Elías y Theo, que ya aguardan en sus respectivas posiciones.

—Esta noche promete ser una de esas que jamás olvidaréis; y creedme cuando os digo que «jamás» es un periodo de tiempo que podréis cumplir.

En un hito histórico sin precedentes, y como seña de las relaciones interhemisféricas que está creando este proyecto, hoy nos acompaña Su Majestad Ennorin II, rey del continente melhanäi.

—Lo señala y un foco lo apunta. La gente vuelve a aplaudir, aunque esta vez entre murmullos y quejas por ver a su Dirigente romper sus propias leyes: los melhanäis no deberían salir de su continente.

Ennorin parece mucho más incómodo que el Dirigente. Aunque, claro, a este no lo están asesinando con las miradas. De pronto, sus ojos de pupilas alargadas y sus escamas se hacen más evidentes.

—Pero no perdamos el tiempo con discursos que os convenzan de que lo correcto es invertir vuestro dinero en esto —sigue el Dirigente.

Elías y Theo vuelven a cruzar miradas.

«Baja con Rowland y Lucrezia», le dice Theo con un movimiento de cabeza que él entiende a la perfección.

Si han cambiado el programa, no tenemos tanto tiempo como creíamos.

Puede que los documentos que extrajimos de comisaría fueran antiguos o erróneos.

.. Oque contaran con que habría filtraciones y estén jugando con nuestro plan.

—Os lo mostraremos. ¿Para qué hablar cuando se puede ser testigo de la historia?

Unos cuantos científicos traen en una mesa con ruedas al sujeto melhanäi con el que experimentarán esta noche, y todo el plan se viene abajo cuando quitan la sábana que descubre su cara, desvelando el as que tenían guardado bajo la manga: Abitha.