10_Política #4
—¿Eso significa que no estás enfadado conmigo por haber dicho que tenía relación con los antiguos y haberle desvelado al presidente que sabía los motivos del secuestro de su hija?
Erin pone una mueca y traga la comida.
—Lo reconozco, cuando te he oído esta mañana garantizarle al presidente que los antiguos aceptarían que se culpase a los bendecidos del secuestro, te habría dicho unas cuantas palabras nada bonitas —comenta sin acritud—, pero eran las cartas que tenías y las has jugado muy bien.
Hablaré con los antiguos sobre eso y esperemos que acepten, aunque, después de lo que has conseguido, dudo que se nieguen a nada de lo que pidas.
Sonrío y él también. Erin está relajado y feliz y eso me gusta. Me permito dar unos bocados a los numerosos dulces que me ha traído. Sí, he empezado por el postre.
—Erin, quiero hablarte de lo que me ha pedido a cambio el presidente cuando nos hemos quedado a solas…
Él se limpia la boca y deja la comida. Se pone serio.
Sabe más de política que yo, es militar, un infiltrado, no es tonto.
Es consciente de que todo tiene un precio y que el presidente también ha jugado sus cartas pidiéndome algunas cosas más, aparte del hecho de salvar su posición al reconocer que lo que hago en ese vídeo que está en todas partes lo hice por voluntad propia.
—Estamos juntos, Ramla, y ahora tienes poder. La Península entera te ha visto en todos los medios de prensa. Sea lo que sea, podremos afrontarlo juntos.
Erin está de buen humor, tiene esperanza y creo que es gracias a mí, a lo que he conseguido. Sin embargo, pronto sus ánimos van a caer en picado porque voy a contarle algunas cosas que no le gustarán.
Abro mucho los ojos, nerviosa.
—Me ha pedido que siga siendo su torum.
Erin parpadea lentamente y se disgusta, aunque creo que ya lo sospechaba.
—Sí, es lo que más sentido tiene como estrategia política.
Sería raro que justo ahora dejases de ser su torum.
—Hace una pausa y me observa, creo que está analizando cómo de mal me siento por seguir siendo un objeto sexual.
Su actitud se vuelve más hostil—. Además, es un pervertido, toda esta situación seguro que le excita.
—Hace otra pausa, me mira dulcemente, estira su brazo por encima de la mesa y agarra mis dedos cariñosamente—.
Lo siento, Ramla, sé que no es lo que querías, tampoco es lo que deseo para ti.
Asiento y creo que Erin piensa que eso es todo, pero es lo menos terrible de lo que me ha pedido que haga. Ahora suelto sus dedos, tomo otro bocado dulce y le cuento:
—Hay más. Quiere una reunión con el líder de los antiguos en persona.
Erin se queda perplejo.
—Eso va a ser imposible. Somos un grupo secreto. Nadie sabe dónde estamos, cómo nos reunimos ni cuál es nuestra sede. Sacar a la persona que está al mando a la luz y sentarla nada menos que frente al presidente es correr un enorme riesgo.
Está muy enfadado, pero se esfuerza por contener su rabia.
—Sí, Erin, pero ya ha anunciado todos los cambios con respecto a los torums y no entrarán en vigor hasta que no conozca al líder de los antiguos. Dice que quiere negociar una alianza frente a los bendecidos. En fin… Yo no sé nada de política… ¿Podrás pedírselo?
—Lo intentaré, pero es demasiado, Ramla, nos lo jugamos todo, no tendrías que haber aceptado.
Erin está muy disgustado y, de repente, yo también me siento de mal humor.
—Ya, y tú no tendrías que haber matado a José, pero en situaciones extremas, hacemos lo que podemos.
Nada más terminar de hablar, soy consciente de que mi comentario le ha dolido. Erin suelta la comida de golpe y esboza una mueca de disgusto.
—Tienes razón, Ramla, pero soy militar, soy un antiguo y soy el chico que tuvo que ver cómo agredían a la mujer de la que está totalmente enamorado.
—Me mira intensamente y sus palabras me dejan sin aliento—.
Así que no, no podía hacer otra cosa que no fuese matarlo.
Lo hice por salvarte, lo hice por cada golpe que te ha dado, lo hice porque estoy entrenado para ello, pero sí, Ramla, también lo hice por mí, porque no podía más.
Erin se ha desahogado porque soporta demasiado y todo esto también es duro para él.
A menudo pienso que yo soy la víctima exclusiva, pero no, Erin ha tenido que acostarse con la mujer del presidente, la haya deseado o no.
Y es por él por quien también hago esto.
Puede que yo no sepa pelear para salvarlo de unos malvados, pero puedo hacer otras muchas cosas para protegerlo.
Lo miro mientras me planteo si contarle o no lo último que me ha pedido el presidente, lo más terrible de todo, algo que me cambiará para siempre. Pero veo el malestar de Erin, me levanto y lo abrazo.
—Antes de conocerte, solo era la chica del té, pero tú me has inspirado para ser más, para no ser el saco de boxeo de nadie, no ser un objeto a merced del placer de nadie… Te quiero, Erin, gracias por salvarme y por haber llegado a mi vida.
Y así, decido que no puedo contarle la atrocidad que tengo que hacer. En su lugar, prefiero disfrutar del momento, deshago el abrazo y lo beso.