Peccatorum, más que la chica del té 08_Ramla Rodríguez #4
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08_Ramla Rodríguez #4

—Porque los bendecidos han pasado el vídeo a una plataforma, que son los que lo han publicado.

De esa forma, no parece que sea algo preparado por ellos.

En su lugar, van a quedar como las víctimas.

La historia pronto estará en todas las redes y la encabezará la terrible frase de «El presidente secuestra a la hija de un pater y la usa como esclava sexual».

Amanda se lleva las manos a la cara, agotada, creo que está desbordada por los acontecimientos.

—¿Y cómo han podido conseguir esas imágenes? —pregunta Luciano Borges, que supongo que está aquí como mediador de ambas partes.

—Ramla introdujo una cámara en alguna prenda u objeto, no sabemos si lo hizo aposta o la engañaron. Eso tendrá que contárnoslo ella —explica el consejero.

Todos me miran y yo no sé qué decir. Miro a todas partes con los nervios a flor de piel.

—La noche del atentado —interviene el jefe de seguridad— alguien pudo colocarle la cámara a Ramla, no me sorprendería.

Al fin y al cabo… Si ella es una espía, ¿por qué esperar más de medio año para grabar esas imágenes?

No tiene sentido. Además, mi hermana fue una bendecida, escapó cuando tenía trece años, tienen la cabeza tan lavada que es imposible que se grabase a sí misma teniendo sexo con usted —le dice directamente al presidente—.

Menos aún, para luego difundirlo por todas las redes sociales.

¿Una bendecida escapó a los trece años? ¿Y es la hermana de este hombre?

Sus declaraciones y lo que implican hace que mi mundo se tambalee una vez más.

¿Es eso? ¿Nos lavan la cabeza? ¿Es acaso el pater Massimo un mentiroso embaucador?

No me dijo que publicarían las imágenes sexuales que he grabado, me convenció de que la historia de mi secuestro era falsa, pero todo apunta a que es muy real…

—Sí, una bendecida jamás mostraría un vídeo suyo desnuda manteniendo relaciones sexuales —comenta el presidente mientras clava su mirada en mí—, por eso tiene sentido que ella no pusiera la cámara, pero entonces…

¿por qué se convirtió en torum? Si el trabajador social la engañó —dice sin tapujos mientras el eludido tuerce el gesto—, si mi res no hizo bien su trabajo y no le explicó qué implicaba el contrato —señala ahora a Amanda—, ¿por qué seguir acostándose con hombres una vez descubierto lo que implicaba ser una torum?

—Porque está entrenada como espía… —comenta el consejero y yo siento ganas de gritarles. ¿Qué esperaban que hiciera? ¿Ir a la cárcel?

—O porque, después de una vida sin pecar, descubriese que el sexo era el mejor regalo de Dios —añade Luciano Borges mientras me mira con ese gesto que ponía cuando yo era niña y venía a mi casa, que parecía que iba a comerme en cualquier momento.

—Oye, pero si tú eres… —comienza el trabajador social—. Sí, el hombre que se encarga de que nos relacionemos con los bendecidos. ¿Y me echáis a mí la culpa? ¿No sería él quien tendría que haberla reconocido? Ella es la hija de un pater, la conocía seguro…

El consejero lanza una mirada poco amistosa al trabajador social, que se extiende a Luciano, al que observa ahora.

—Debido a su posición como mediador, tiene la obligación de no intervenir en conflictos como estos. Puede que no la conociese, pero, de hacerlo, ninguna ley le obligaba a advertirnos de quién era ni tampoco a contarles a los bendecidos que estaba aquí.

El trabajador social chista, como si, de repente, Luciano fuese para él el culpable de todo.

—Pongamos punto y final por hoy —comenta el presidente—, es la hora de cenar.

Ya conocéis la situación. Todos pasaréis la noche en un hotel incomunicados.

Se os asignarán guardaespaldas. Mañana, un equipo de intervención os explicará cómo vamos a atajar esta situación; mientras tanto, Ramla será nuestra invitada, ni una torum ni una niña secuestrada, solo una mujer adulta que hace lo que quiere y que, por eso, mantuvo relaciones con hombres adultos.

El presidente se pone en pie, todos hacen lo propio en señal de respeto y yo les imito. Luego, se va sin regalarme ni una sola mirada. El hombre con quien he compartido cama obligada ahora dice que soy su invitada.

Todos comienzan a hablar y a opinar sobre la situación, pero pronto entran los guardaespaldas de cada uno. Me percato de que el consejero habla con Luciano Borges.

—Es posible que mañana tengamos una propuesta para resolver esta situación y necesitemos que se la transmitas a los paters. Gracias por venir con tanta urgencia, le mantendremos informado.

—¿Ramla? —me llama Erin, lo miro, está junto a mí.

—¿Qué? —inquiero, creo que me estaba hablando, pero yo estaba atenta a la conversación de Luciano.

—Que me han asignado como tu guardaespaldas. Vamos.

¿Erin mi guardaespaldas? No, no, no… ¿Habrá visto el vídeo?

Sabe que soy una bendecida… Yo esperaba que me sacasen de la mansión esta misma noche, no que tendría que irme a un hotel con Erin.

¿Qué voy a hacer ahora? Siento que todo se está derrumbando y que nada de lo que creía es cierto.

Da igual que se trate de bendecidos o de gente de la Península, todos me han utilizado, cada uno a su manera, y yo solo he estado aquí bailando exactamente como ellos han querido…

¿Cómo he podido ser tan ignorante? ¿Es este acaso el plan de Dios? ¿De verdad existe un Dios?