05_El concurso #3
Se pasea entre todos los torums y pone sus manos sobre los brazos de varios chicos, haciendo gestos de sorpresa mientras mide sus músculos y todos ríen.
Esta señora podría ser nuestra madre o, incluso, la abuela de muchos de nosotros.
Todo lo que rodea al sexo y el pecado me produce extrañas sensaciones desde que desconectaron mi IPAS. Ahora siento asco.
—Solo uno, ¿eh? —dice un señor de su misma edad que también lleva una máscara de serpiente.
La señora se nos queda mirando.
—Lo siento, torums, sois muy guapos y guapas, pero me casé con mi marido para algo.
—Y señala al hombre que la ha animado a que escogiese solo uno.
El señor se levanta y la besa con fogosidad mientras el resto les abuchea de forma cómica por la elección.
Me quedo perpleja, no me esperaba esta reacción en absoluto.
Ahora las luces se suavizan y la pareja de serpientes se dirige a la cama que hay dispuesta en un lateral, que está iluminada con focos rosas.
Suena una música y tienen un minuto para hacer lo que quieran y demostrar que son la mejor pareja de animales.
No creo que en un minuto dé tiempo a tener sexo, pero sé que esta solo es la primera parte del concurso y la noche es larga.
Los ancianos se besan con cariño y necesidad y siento celos de su amor.
Yo jamás había presenciado algo así. Se quieren de verdad y lo que hacen no es solo por placer, hay más, mucho más, algo bonito que me maravilla.
Luego se ríen y se ponen a emular a serpientes por la cama mientras el resto se ríe con ellos.
Acaban revolcándose mientras se besan, pero de forma divertida. El juego no parece nada sexual.
La música termina y ellos saludan mientras todos aplauden. Se suceden algunos comentarios al respecto y me doy cuenta de lo normal que es todo esto para los liberados, que viven en un mundo donde es habitual tener encuentros para jugar con el sexo y todo lo que lo rodea.
Ahora todos votan y, para mi sorpresa, sacan una puntuación alta. En el fondo, a todo el mundo les ha enternecido.
El juego prosigue. Los liberados tiran los dados, salvo la pareja de serpientes, y ahora gana un hombre que es bastante atractivo, incluso sin ser un torum.
Es bajito, pero su carisma al vestir y expresarse lo hacen parecer más grande.
Escoge a Alaska para sorpresa de nadie, pues creo que es la más hermosa de todas las torums que aquí estamos.
Quizá su cara o su cuerpo no sea el más bonito, pero es la que más llama la atención, de una forma muy sorprendente.
Cuando la música comienza, el hombre le quita el tanga de gatita rápidamente y algunos de los invitados lo abuchean con disgusto, como si prefiriesen el juego antes que un acto violento o rápido, pero el hombre no se detiene, está empalmado y se adentra en ella, acto que pone a algunos invitados muy contentos, mientras que otros apartan la mirada y eso me llama la atención.
Quiero dejar de mirar, pero Alaska es mi amiga, aunque la conozca desde hace poco tiempo.
Siento que debo permanecer aquí, con ella, por si, en algún momento, me mira a los ojos y necesita mi apoyo.
¿Estará pensando en su novia? ¿Le hará daño o disfrutará?
Su cara no presenta ninguna reacción negativa, en cambio, está mirando a los invitados mientras sonríe, pero sé muy bien cuándo alguien está fingiendo y es lo que hace ella.
El hombre, que lleva una máscara de conejo, se mofa y finge que la azota mientras pone cara de conejo, lo que provoca la risa de algunos liberados. A mí me da asco nuevamente y siento que los nervios se apoderan de mi ser.
La música termina, pero él no para y todos le abuchean o ríen. Esto es solo un juego y nosotros somos sus juguetes. El hombre se detiene.
—Gatita, ya terminaremos esto. —Le da un azote en el culo y se guarda su miembro masculino mientras Alaska le sonríe y se pone las braguitas.
Las puntuaciones son bajas para esta pareja y él se ofende un poco, pero, por los comentarios que escucho, entiendo que no les ha gustado que haya ido tan «al grano», parece ser que todos están de acuerdo en que ha sido un acto brusco.
Alaska se sienta con él ahora, porque son pareja animal, y yo la miro.
Ella se percata y un extraño gesto recorre su cara, pero luego me sonríe y yo a ella.
Ahora entiendo que Erin me haya repetido que todo iba a salir bien, porque, aunque nada va a salir bien, me gustaría tener a Alaska al lado y decirle lo mismo, porque, aunque no sea cierto, sería una declaración de amistad, de que no estamos solos…
El juego prosigue. La siguiente en ganar es una mujer joven, no muy agraciada, pero que va muy bien vestida.
—Yo me voy a acoger a la letra pequeña —comenta y todos abuchean nuevamente.
Sé de lo que habla, lo ponía en el documento informativo: en vez de participar en el juego, escogerá a dos torums que participarán en su nombre. Esto es a lo que se aferraba la chica vestida de unicornio cuando le ha dicho a Erin que quizá les emparejarían.
—Escojo a esta gatita de aquí —y me mira y me sonríe mientras agarra mi mano y tira hacia delante—, porque ha sido increíble lo que has hecho con la hija del presidente. Te lo digo yo, que no hay quien controle las rabietas de mi niño.
Todos bromean al respecto sobre lo duro que es tener hijos pequeños, pero el presidente interrumpe la conversación:
—¿Y con quién la vas a emparejar? Porque me ofrezco voluntario.
Saltan algunas risitas más mientras yo me pongo muy tensa y la mujer creo que lo percibe, porque aprieta mi mano.
—Señor presidente, le voté en las elecciones, pero ahora no lo pienso hacer.
—Se suceden más risas por el comentario—.
La verdad, ya sabéis que yo no tengo un torum ni sé muy bien cómo va esto.
No sé cuál es el gusto de la gatita, así que…
¿A quién quieres que escoja para ser tu pareja?
¿Chica, chico? Dime cuál es tu animal favorito —me pregunta.
El silencio se impone en la sala y todos me están mirando, torums y liberados. No me lo puedo creer. ¿Es posible que esto sea un golpe de suerte y pueda escoger a Erin? Observo a mis compañeros de oficio. Muchos me miran queriendo que los seleccione, pero yo solo veo a Erin y balbuceo:
—El lobo pelirrojo.
—Nooo —grita un señor—, que ese me lo quería pedir yo. Con lo grande que es, seguro que tiene una gran… —Se calla y señala su entrepierna, muchos ríen.
—Pues ya está, la gatita negra y el lobo pelirrojo.
—¿Puedo hacer una sugerencia para tu pareja? —pregunta el presidente.
—Es mi pareja —dice la mujer, claramente desafiante, como si hubiese olvidado que está hablando con el presidente. Y ahora que me doy cuenta, creo que va borracha.
—Sí, pero son mis torums —dice él con acritud, aunque la mayoría de los invitados no se percatan porque también llevan ya algunas copas de más.
Observo al grupo y me doy cuenta de que el hombre vestido de conejo, sentado junto a Alaska, le está metiendo mano todo el tiempo mientras que ella no opone resistencia.
—En ese caso, señor presidente, haga su petición —dice la mujer.
—La gatita acaba de empezar a trabajar para mí y no la he estrenado —se oyen algunos silbidos entre los invitados—, así que me gustaría ver por lo que he pagado y que el lobo la penetre, pero, eso sí, hacednos un favor —mira al señor con la máscara de conejo— y sed más elegantes.
La gente aplaude la propuesta y la mujer joven que nos ha escogido nos mira.
—Si estáis de acuerdo…
¿Nos está pidiendo permiso?
—Si no lo están, dirán ese color que siempre odio oír —comenta otro invitado.
La mujer nos coge a cada uno de la mano y nos lleva hasta la cama. Nos mira y nos dice:
—No me falléis, que odio perder. —Y nos suelta.
Miro a Erin, que me sonríe y me guiña un ojo.
Sé que lo hace para que recuerde que todo irá bien.
Yo le sonrío y asiento. Tengo ganas de él, no en estas condiciones, pero, dadas las circunstancias, esto es lo mejor que me podría pasar, Erin me excita y quiero tocarlo y que él me toque.
Recuerdo a Alaska y comprendo que no tendré que pensar en nadie, porque es con él con quien quiero estar.
La música comienza y soy yo quien me lanzo a besar a Erin para su sorpresa.
Nuestras bocas se encuentran precipitadamente al tiempo que los cuerpos de ambos chocan de rodillas sobre la cama.
Hay poco tiempo y sé que debe endurecerse para adentrarse en mí.
Nuestro jefe nos lo ha ordenado y, aunque esto es un trabajo al que podemos negarnos diciendo «rojo», nadie lo dirá, porque es una ley no escrita que, si defraudas a tu jefe, te venderá a otro liberado, y más vale malo conocido, que bueno por conocer.
Nuestras manos recorren nuestros cuerpos con celeridad y le bajo el tanga de pelo de lobo, acariciando con mis manos su miembro masculino, que no tarda en endurecerse. Él hace lo propio con mi tanga de gata y me tumba sobre la cama. Las sensaciones de estar haciendo esto por primera vez me abruman.
Me abro de piernas y Erin, suavemente y con toda la dulzura del mundo, me acaricia apenas unos segundos con sus dedos.
Creo que gimo con placer, porque él está desatando un montón de emociones nuevas en mi cuerpo.
No hay tiempo, así que, enseguida se adentra en mí con su miembro, abriéndose camino hacia mi interior mientras emito un gemido que todos oyen perfectamente.
Duele un poco, porque es la primera vez que hago esto, pero, lo reconozco, también es placentero.
Su miembro choca contra las paredes de mi interior, llenándome y despertando sensaciones que ni siquiera puedo describir.
Ahora acelera el ritmo un poco y vuelvo a gemir.
Lo miro avergonzada, pero él sonríe y pone una mueca de placer.
Está disfrutando de esto conmigo, lo que me excita más aún.