Peccatorum, más que la chica del té 04_Una semana #6
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04_Una semana #6

Cuando por fin llegamos a la mansión y aparca el vehículo, me mira con un extraño gesto.

—Oye, Ramla, ese hombre era un capullo, siento mucho lo que te ha hecho.

La escudriño y parece sincera. Supongo que, en el fondo, es capaz de empatizar con otro ser humano.

—Gracias, Fen.

—Oye, y… —me mira algo preocupada— es una putada que Abigaíl no esté.

—Sí, no la conocía, pero espero que esté bien en su nuevo hogar.

Ella tuerce los labios.

—No me refería a que sea una putada para ella, sino para nosotras. A ver quién va a hacer ahora su trabajo. Yo no seré porque soy la favorita de nuestro presidente y no va a querer compartirme, o eso espero, pero entonces, solo quedáis Alaska y tú.

Me mira y me doy cuenta de que su egoísmo le hace pensar siempre primero en ella. Nada le importa la situación de Abigaíl, sino la suya, la… nuestra. Pero tiene razón, si el presidente usaba a una torum para hacer favores políticos, necesitará una nueva.

Pensar en todo esto me hace recordar al hombre del centro comercial tocándome, al presidente, a Luc…

Y en lo único en lo que puedo pensar es en que Erin me sacará de aquí y dejaré este infierno atrás muy pronto.

Pero empiezo a creer que no será suficiente con salvarme a mí misma, porque ahora pienso que Alaska solo es una torum porque no podía costearse el tratamiento para no quedarse ciega.

El sistema de los liberados y los torums es horrible.

Recuerdo que Erin me ha hablado de los antiguos.

¿Es posible instaurar el sistema que había hace años, antes de que las Islas se llenasen de bendecidos?

¿Antes de que las personas tuvieran que pagar para apagar el IPAS y tener sexo?

¿Antes de los liberados y los torums? ¿De verdad es posible acabar con todo?

Fen me mira, pero no digo nada porque no sé qué decirle, así que sale del vehículo y yo hago lo propio. Se dirige al interior de la mansión desde el garaje. Se aleja a paso rápido y Erin me intercepta, supongo que acaba de llegar.

Miro hacia todas partes y me doy cuenta de que estamos solos en el garaje.

—¿Estás bien, Ramla? —pregunta con esa dulce voz que pone cuando me ve vulnerable. Nada que ver con la rudeza que trató a Luc o al hombre cuando ambos intentaron tener sexo conmigo.

—Supongo que sí… Lo siento, todo esto es culpa mía —comento mientras me llevo las manos a los ojos para apartar las lágrimas que están saliendo.

—Eh… —me dice mientras coloca sus manos delicadamente sobre mis brazos—. Nada de esto es culpa tuya, ¿lo entiendes, Ramla? Tú no creaste el sistema ni los torums ni los liberados.

—Pero trataste de advertírmelo… Y yo estaba tan enfadada con mi padre, con mi novio…

—digo entre lágrimas, dejando que la verdad salga a bocajarro—.

Acababa de descubrir que mi verdadera madre me quería, que ella me estuvo buscando…

No tenía a dónde ir ni dinero ni hogar ni a nadie que se preocupase por mí.

Lloro y él me abraza y desplaza sus manos hasta mi cabello, enredando sus enormes dedos entre mis rizos.

—Está bien, Ramla, tomaste una decisión, pero sigue sin ser tu culpa.

Muevo mis brazos y lo abrazo, mientras hundo mi cara en su pecho y lloro, dejando que este chico, al que hace menos de una semana que conozco, ahogue mis penas.

Después de un tiempo, él aparta suavemente mi cuerpo del suyo y me mira.

—Erin… gracias por todo.

Niega con la cabeza y sonríe.

—No tienes que darlas aún. Escucha, Ramla —mira hacia todas partes—, en la fiesta de cumpleaños de Sarah habrá un coche esperándote dos calles más abajo de la mansión.

Cuando te avise, tienes que irte. A los guardias de la puerta les bastará con que les digas que es tu noche libre, no van a comprobarlo porque nadie espera que una torum se fugue.

—¿Y tú? —le pregunto.

—Yo no iré, Ramla.

—¿Por qué? ¿Quién es esa gente? ¿Por qué estás aquí? Odias el sistema y desprecias el concepto en sí mismo. Huye de aquí si puedes, Erin.

Erin suspira y desplaza los ojos nuevamente hacia todas partes, para asegurarse de que no haya nadie.

—Escucha, Ramla. En la fiesta… No sé cuándo podré sacarte, pero es posible que no sea lo suficientemente pronto… Puede que te lleguen a emparejar con alguien.

—¿Y tendré que tener sexo con esa persona? —pregunto mientras me doy cuenta de que, en algún momento, he agarrado sus manos y las estoy apretando con fuerza.

—No lo sé. Hemos celebrado fiestas con los amigos del presidente.

Algunos solo buscan pasarlo bien, quizá solo te pidan que bailes y que te desnudes, nada más.

Otros, incluso, rechazarán amablemente la propuesta porque solo se quedan por el compromiso, porque se lo ha pedido el presidente de la Península.

O puede que, si te piden algo, con un poco de suerte, te emparejen con…

—Contigo —completo, pero él resopla y niega.

—Iba a decir con algún torum que sea amable. Hay muchas chicas y chicos empáticos en esta profesión, aunque no lo creas después de conocer a Fen y Luc.

Me seco las lágrimas y me esfuerzo por sonreír.

—Gracias por todo, Erin, y sí, sé que hay gente buena y empática en esta profesión, te he conocido a ti.

Nos miramos y creo que algo se transmite de uno a otro, como una electricidad invisible. Siento unas enormes ganas de besarlo. ¿Qué me pasa?

Acerco mis labios hacia él lentamente y Erin no se aleja, pero permanece quieto, así que, en el último momento, beso su mejilla de la forma más dulce que jamás haya besado a nadie.