03_La primera vez #4
—Subid a mi despacho tú y Luc inmediatamente.
—La voz masculina asiente y creo que es Erin.
Ella cuelga y vuelve a tirar el móvil sobre la mesa—: Ramla, por tu bien, voy a decirle al presidente que esta semana estás con la menstruación.
En esas semanas, a él no le gusta tener relaciones, así que tienes ese tiempo para ponerte al día y que la próxima vez que él me llame después de haber estado contigo sea para decirme lo maravilloso que ha sido.
—Pero… —intento hablar, mas ella no me deja.
—Pero nada, Ramla —inquiere como si yo fuese una niña—.
Firmaste el contrato y esto es lo que hay si no quieres acabar en la cárcel.
Además, al presidente le gusta coleccionar chicas como tú, mi trabajo es conseguir que permanezcas aquí.
—Alguien llama a la puerta—. Un momento.
—Vuelve a centrar su atención en mí—. Yo me preocupo por ti, te prometo que haré cualquier cosa que me pidas para ayudarte, pero debes ser sincera.
¿Has mantenido relaciones sexuales con penetración antes de convertirte en torum?
¿Relaciones sexuales con penetración? Creo que mi cerebro empieza a hacerse una idea de lo que significa el sexo y, sin pensarlo mucho, respondo:
—No.
Ella respira, creo que aliviada.
—Vale, entonces ya está, solo necesitas un poco de práctica. No te preocupes, tengo lo que necesitas. —Mira a la puerta y grita—: Pasad.
El primero en entrar al despacho es el torum de cabello oscuro, Luc; después, le sigue Erin. Ambos me miran, sonríen y me saludan como si no pasase nada.
Ahora que empiezo a entender los gustos del presidente, me pregunto si a ellos también los ha escogido él.
Luc es un chico con el cabello muy oscuro, lo lleva largo, algo poco habitual en los hombres en general.
Su barba es frondosa y muy oscura también.
Y Erin… bueno, si los ojos azules en una negra son únicos, él es único en sí.
Es muy guapo, con un rostro esculpido peca a peca, con un cuerpo que invita a contratarlo como guardaespaldas y podría seguir, pero Amanda interrumpe mis pensamientos mientras ellos permanecen de pie y yo sentada.
—Esto que os voy a contar, jamás os lo he dicho ni os lo he pedido.
¿Puedo confiar en vosotros? —Ellos afirman y la res prosigue—: Ramla es virgen.
—La tensión en el despacho crece y las miradas de todos se cruzan haciendo que me sienta avergonzada—.
Sabéis que están totalmente permitidas las relaciones entre compañeros fuera de las horas de trabajo, así que necesito que, antes de una semana, ella haya adquirido la máxima experiencia. ¿Puedo contar con vosotros para ello?
—Claro, Amanda —dice Luc mientras me pone una mano en el hombro y me sonríe—. Yo me encargo.
Pero la res tiene la mirada clavada en Erin, que tiene el rostro tenso.
—¿Erin? —inquiere ella—. Eres el torum en quien más confiamos tanto el presidente, como su esposa y yo.
—¿Esta petición forma parte oficial de mi trabajo? —pregunta, ciertamente molesto.
Ella da un golpe sobre la mesa y se pone en pie.
—¿Es que queréis que la mande a la cárcel? Aunque, sinceramente, creo que todos acabaríamos en la cárcel si el presidente se enterase de que podríais haber resuelto esta situación de forma extraoficial y no lo habéis hecho. Os daré el doble de monedas este mes.
—No es eso —comenta Erin.
—¿No me dirás que no te gusta? Es perfecta —dice Amanda— y solo necesita una mano amiga que la ayude a pasar este trámite… Erin —la res lo mira a través de sus gafas con cierta confianza, como si fuesen buenos amigos—, tú también fuiste nuevo y jamás te negué mi ayuda. Nunca lo he hecho.
—Sí, Amanda, lo sé. No te defraudaré… —La res respira aliviada y, cuando va a hablar, Erin prosigue—: pero no voy a obligarla a nada que ella no quiera hacer.
—Y me mira. Sus ojos azules, reflejo de los míos, están totalmente detenidos en mí, como esperando a que yo acceda a que me quite la virginidad.
—Aquí nadie obliga a nadie —dice Amanda—, y ahora, marchaos de mi vista y no lo olvidéis: siete días, ella tiene que estar preparada para la fiesta de la semana que viene.
Los tres abandonamos el despacho y caminamos en silencio por el pasillo. Pronto, Luc pone su brazo sobre mi hombro.
—Tía, tú no te preocupes. Comemos y después te vienes a mi habitación. Nos van a sobrar seis días.
Sigo caminando por inercia, pero estoy asustada. Es cierto que es un chico que impone, alto, fuerte y guapo, pero la perspectiva de que me toque como lo hizo el presidente me aterra, aunque tenga una edad más cercana a la mía y pueda empezar a resultarme más natural.
Noto un golpe y es Erin, que ha cogido a Luc por el hombro con fuerza y lo ha hecho detenerse, yo hago lo propio.
—Ve a comer, Ramla —me pide mientras fija sus ojos llenos de ira en Luc. ¿Por qué ha hecho eso? ¿Le molesta que Luc quiera ayudarme con «mi asunto»?
Avanzo por el pasillo en dirección al comedor, pero escucho perfectamente la voz arrogante de Erin.
—No quieres tener un problema conmigo, ¿verdad, Luc?
—Vamos, tío, ¿es que no puedes olvidarlo? Aquella historia con Alaska fue un malentendido, solo quiero ayudar a Ramla. ¿Tú no quieres? ¿Acaso la has visto? Está muy buena.
Entonces, la distancia hace que pierda el hilo de la conversación. Algo pasó entre Luc y Alaska que molestó a Erin. Quizá la chica albina y Erin sean novios…