02_La feria de los torums #6
—Ya lo sabes todo sobre mí —le digo, interrumpiendo su lectura—, pero yo no sé ni siquiera tu nombre.
Él me muestra una mirada triste y contesta:
—Me llamo Erin, Ramla.
—Encantada de conocerte —le digo con una sonrisa sincera, pero él se molesta y no entiendo por qué.
—Oye —comienza mientras intenta poner la voz dulce—, sé cómo va esto, crees que ser una torum va a solucionar todos tus problemas, pero créeme cuando te digo que no lo hará. Supongo que alguien te habrá dicho que aquí estarás a salvo de él, pero…
—¿A salvo de quién? —le interrumpo.
Él me mira con un extraño gesto.
—De tu novio… Sea lo que sea lo que te ha hecho, además de lo del brazo… Él no debería hacerte creer que los chicos mandan, ¿vale?
Me mira muy dulcemente y comprendo que lo dice por el comentario de antes en la jaula, cuando le he dicho que los hombres siempre mandan. Pero es que es cierto, los hombres tienen el control en las Islas, mientras que yo… sirvo el té.
—¿Qué pone en mi autorización? —pregunto confundida.
Él se toma unos momentos para contestar y, aunque solo lo conozco desde hace un par de horas, creo que es la primera vez que no lo veo riendo.
—El presidente destina algunos pases VIPS para personas con situaciones complicadas. Tú eres una de esas personas, eso es lo que pone. He deducido —añade dulcemente— que estás huyendo de tu novio.
Me río sin poder evitarlo y él parece molestarse.
—¿Huir de José porque me ha sacado a rastras de un camión?
¡No soy tan cobarde, Erin! —exclamo molesta—.
Yo siempre le planto cara a los problemas y estar aquí es mi forma de hacerlo.
Necesito un trabajo y un lugar donde vivir.
¿Puedes decirme cómo conseguirlo si no es convirtiéndome en torum?
—Él va a hablar, pero yo no le dejo porque el día de hoy ha sido demasiado largo y, de alguna forma, este desconocido ha despertado toda clase de sentimientos extraños en mí.
Me acerco hacia su cara y le grito—: Lo único que sé hacer es servir el maldito té y cultivar hortalizas.
¿Crees que así podré conseguir trabajo? ¿Un hogar?
Él respira y estamos tan cerca que huelo su aliento, es fresco.
—Haz lo que quieras, Ramla, supongo que el mundo es una mierda y por eso sigue y sigue habiendo nuevos torums cada año…
Nos quedamos mirándonos un momento y siento que el calor aumenta. Sí, ese calor que ha comenzado en cuanto se apagó mi IPAS, que se acrecentó al ver el interior de las jaulas y que llegó a niveles estratosféricos cuando él me tocó.
Erin me da la mano a modo de saludo y lo escruto confundida.
—Bienvenida al equipo, Ramla —me dice y yo estrecho su mano.
—¿Por qué lo dices?
—Porque si mi jefe ha pagado un millón de monedas en la puja por ti, es que te va a convertir en torum seguro; además, eres única y verdaderamente guapa.
Sigo estrechándole la mano mientras me sonrojo y le digo:
—Gracias, bueno, sí, supongo que soy guapa, no estoy deforme ni nada de eso…
Él se ríe y parece divertirse nuevamente.
—Vamos, debemos regresar a la feria.
Observo a la mujer de mediana edad mientras intento comprender qué significa «res»: «responsable emocional sexual».
Es lo que es ella, algo así como la encargada de que todos los torums que trabajan para el presidente se sientan cómodos y no hagan nada que les perjudique emocionalmente.
¿Tan terrible es el sexo que necesitamos una especie de psicóloga?
Ella ha escaneado mi autorización y ha llamado por teléfono al trabajador social. El contrato está delante de mí, solo tengo que firmarlo y seré una torum.
Intento pensar en qué debo hacer. Me siento más tranquila ahora que he salido del enorme salón de la feria y mi IPAS vuelve a estar conectado, porque inhibe mi deseo sexual, pero también siento una gran curiosidad por volver a experimentar ese fuego.
Cuando Erin me ha rozado con sus dedos, cuando ha besado mi pubis por encima de la ropa interior…
En fin, son extrañas sensaciones, para nada negativas…
Intento recapitular y poner en orden las ideas porque la señora se está inquietando y espera una respuesta, no me parece una persona paciente, al contrario, se la ve ajetreada y se nota que desea cuanto antes terminar esta reunión.
—A ver si lo he entendido bien —digo ciertamente confundida—, voy a vivir en una mansión lujosa, voy a tener ropa a espuertas, vais a desconectar mi IPAS para siempre y me entregaréis un montón de monedas a final de mes para gastar en lo que quiera. ¿Es así?
—Sí —asiente la señora, la que se ha presentado como la res del presidente de la Península.
—Y, a cambio, pide poder practicar sexo conmigo cuando él quiera —afirmo, pero, en realidad, sigue siendo una pregunta. La res asiente nuevamente.
Si estuviera acostumbrada a decir palabrotas, diría alguna, pero trago saliva y me paso la lengua por los labios.
Creo que he debido volverme completamente loca, o quizá es que soy idiota y tanto fingir que bebo té me ha dejado senil, pero lo cierto es que firmo el contrato mientras que en lo único que pienso es en que voy a vivir en la misma casa que el pelirrojo: Erin.