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RAE
LAZAREV GLOBAL — ENTREVISTA DE SALIDA
Sujeto: Everett, Rae
Motivo de la separación:
☐ Renuncia voluntaria
☐ Despido
✓ Desamor
La pantalla permanece en negro. Me quedo quieta.
Sigo esperando el momento en que lo que acaba de decir Lukas empiece a tener sentido. En cualquier momento, mi cerebro se pondrá al día y me explicará cómo es posible que esto sea cierto.
Ese momento no llega.
Mi reflejo me devuelve la mirada desde el monitor apagado. Parezco pálida y con los ojos hundidos. Patético, la verdad. Una mujer que cayó en el truco más viejo: se convenció a sí misma de que un monstruo podía amarla solo porque se la folló con ternura y le susurró cosas bonitas en la oscuridad.
Una distracción. Nada más.
Le di todo. Mi cuerpo, mi confianza y mi trauma, todo envuelto en un bonito lazo. Me abrí de par en par y dejé que viera las partes más feas de mí: la culpa por mis padres, el miedo a, en el fondo, no ser digna de ser amada, la necesidad desesperada de que me eligiera alguien que no se fuera.
Y él lo tomó todo.
Lo tomó, lo utilizó y ahora está sentado en una celda llamándome nada.
Me tiemblan las manos. ¿Cuándo empezaron a temblar? ¿Cuándo dejarán de hacerlo? ¿Cuándo terminará esta pesadilla?
La puerta se abre detrás de mí, pero no me doy la vuelta. Si me muevo, podría hacerme añicos, y no confío en que Kir me ayude a recoger ni uno solo de ellos.
Sus pasos son silenciosos sobre el linóleo. Se detiene en algún lugar detrás de mí, tan cerca como para que pueda oír su respiración. Me preparo para el inevitable te lo dije con aire de suficiencia y sonrisa burlona hacia el que hemos estado avanzando.
Pero no dice nada durante tanto tiempo que, al final, me obligo a mirarlo.
No se regodea. Tampoco sonríe. Parece casi tan destrozado como me siento yo.
—Pensé que debías saber quién es realmente —explica en voz baja—. Antes de que lo tiraras todo por él.
—¿Por qué te importa lo que yo tire por él?
Sueno como una zorra, pero hace tiempo que dejé de preocuparme por eso. Simplemente estoy muy cansada. Estos hombres Lazarev me han maltratado y magullado, y creo que ya no me quedan fuerzas para seguir luchando.
Kir no responde durante un largo rato. Se queda allí de pie, con las manos en los bolsillos, mirando fijamente la pantalla en blanco como si esta pudiera ofrecerle algo que yo no puedo. Cuando por fin habla, su voz carece de su habitual tono sarcástico.
—Porque me he pasado toda la vida intentando que ese hombre me quiera. Y nunca, jamás, lo hará.
Tira de la corbata como si le estuviera ahogando.
—No quiero que cometas el mismo error —continúa—. Pensé que quizá si tú también lo veías… —Deja la frase en el aire.
Espero a que siga. Pero Kir solo niega con la cabeza lentamente, como si hubiera renunciado a encontrar las palabras adecuadas.
—Ahora te llevaré de vuelta con tu hermano.
Se dirige hacia la puerta, sin esperar mi respuesta. Me levanto de la silla metálica con unas piernas que parecen pertenecer a otra persona y lo sigo fuera de la sala de observación.
Dejamos atrás la pantalla apagada y todas sus feas verdades.