51 Lukas
LUKAS
TRANSCRIPCIÓN DEL MENSAJE DE VOZ
Destinatario: L. Lazarev (línea privada)
Llamada de: Harrison Miles, abogado (Miles hay demasiada sangre llenándole la boca.
Por muy grande que sea, en mis manos no es más que un niño.
Abandono la sonrisa dentada que le estoy tallando en la boca y, en su lugar, presiono el cuchillo contra su mejilla, justo debajo del ojo izquierdo.
Lentamente, lo deslizo hacia abajo. La sangre fresca brota tras el paso de la hoja, una delgada línea roja a medida que la carne se abre.
Oh, quedará una cicatriz preciosa. Jodidamente preciosa.
—¿Crees que puedes amenazar lo que es mío? —susurro—. ¿Crees que no voy a quemar hasta los cimientos tu puto club?
El cartílago de su garganta se está doblando bajo mi agarre. Sería tan fácil aplastarlo por completo. Un castigo adecuado para su crimen.
Las piernas de Reaper se retuercen contra el hormigón. Unos kilos más de presión y nunca volverá a respirar. Solo unos pocos más. Solo unos pocos…
—Jefe. —La voz de Afon atraviesa la neblina roja—. Sus chicos se están poniendo nerviosos.
Es suficiente para sacarme del trance. A duras penas.
Alzo la vista y veo a media docena de moteros enfurecidos. Mis propios hombres están listos para convertir este lugar en un matadero. Un solo movimiento en falso y estaremos limpiando restos de sesos de las paredes durante semanas.
Lo inteligente es calmar los ánimos. No me apetece… pero sé que debo hacerlo.
Me inclino hasta que mis labios quedan a centímetros de la oreja de Reaper.
Le brota sangre de las comisuras de la boca.
—Ahora te llevas el ocho por ciento —le susurro—.
Y si alguna vez me entero de que has vuelto a pensar en ella, mataré a todos los hombres de tu club, quemaré sus cuerpos y me mearé en las cenizas —Dejo que eso cale—.
Después encontraré a sus familias y haré lo mismo.
Suelto su garganta y me levanto.
—Hemos terminado aquí.
Estoy a medio camino de la puerta del almacén, con Afon y mis hombres formando un triángulo protector a mi alrededor, cuando suena mi teléfono.
El tono de llamada me deja helado.
Es el asignado a Harrison Miles, mi abogado. Ese hombre no llama para charlar ni para dar buenas noticias. Solo llama cuando algo ha salido catastróficamente mal, de forma irreversible.
Saco el teléfono del bolsillo y contesto con tono monótono. —¿Qué?
—Sr. Lazarev… —Traga saliva. No me gusta nada cómo suena eso—. La junta directiva de Lazarev Global ha convocado una sesión de emergencia. Mañana por la mañana, a las nueve en punto.
—¿Por qué motivo?
Vuelve a titubear, lo que me gusta aún menos. —Señor… El Sr. Kir ha exigido un voto de censura contra su liderazgo. Está intentando destituirlo.
Salgo a la noche y me apoyo contra la pared.
Mierda... mi hijo por fin ha dado el paso.
Debería haberlo visto venir. Ha estado preparando algo y yo estaba demasiado distraído para darme cuenta.
Bueno, aquí vienen las consecuencias.
—Ve a por el coche —le digo a Afon—. Y llama a todo el mundo. Si mi hijo quiere guerra, le daré una que nunca olvidará.