Pecador Capítulo 20
60%

Capítulo 20

Encrucijada

Daphne Graves

“No existe ningún registro de esa entidad a quien llama Lucien”. Esas palabras me daban vueltas y vueltas en la cabeza.

El oficial deslizó una carpeta hacia mí.

—No hay certificado de nacimiento. No hay historial escolar. No hay seguro social. Nadie con ese nombre existe legalmente, al menos no con el apellido Veil.

Tragué saliva, sin entender qué demonios estaba ocurriendo.

—Tal vez lo escondieron. Ellos… ellos lo odiaban, porque hacerle esas cosas horribles…

—¿Quiénes?

—Sus padres. Edward también lo sabe.

—Su esposo declaró que jamás tuvo un hermano.

Un escalofrío me corrió por la nuca.

No puede ser. Esto no podía estar pasando.

¿Edward estaba de parte de Lucien? ¿Esta era su forma de vengarse también?

—Ese infeliz está mintiendo.

—¿Y por qué mentiría?

Me eché hacia atrás en la silla.

—Mi esposo lo abusaba y no quiere que lo sepa nadie. No le conviene.

El detective abrió otra carpeta. No podía dejar de mirar mis manos. Había sangre debajo de mis uñas aquella noche, aunque me las lavé tantas veces.

—Encontramos ADN suyo en el bisturí.

Cerré los ojos.

—Sí.

—Su ADN también estaba en el cuerpo de su esposo. En la mesa. En las cadenas. En el vaso de cristal. En las paredes.

—Yo vivía ahí.

—Si pudiera cooperar, el proceso podría agilizarse.

—¿Y no he cooperado lo suficiente? He dicho todo lo que sé, pero ninguno de ustedes me cree.

El detective entrelazó las manos.

—Daphne… necesito que entienda cómo se escucha esto desde afuera.

—¿Cree que no lo sé? ¿Cree que no sé cómo suena? Yo también pensaría que estoy loca…

—Su diario tampoco ayuda.

—Yo no maté a nadie.

—Pero escribió que fantaseaba con hacerlo.

—La gente escribe cosas.

—También escribió que sentía fascinación sexual por asesinos.

—No así. No… no era así.

—Entonces, ¿cómo era?

¿Cómo se suponía que explicaría algo así sin sonar monstruosa?

Me excitaba el miedo. Me excitaba la violencia. Me excitaba Lucien.

No, no podía decir eso, porque entonces sí iban a encerrarme para siempre.

El detective deslizó otra fotografía. Edward amarrado, la sangre entre las piernas y su órgano separado del cuerpo. Tuve que apartar la mirada.

Todavía podía escuchar el sonido, el bisturí atravesando la carne y mi vómito cayendo al suelo después. Podía sentirlo agitándose dentro de mí y causando cosas extrañas más abajo de mi ombligo.

Me llevé las manos esposadas a la boca.

—Él estaba ahí… haciéndome esas cosas.

—Su esposo dice que no.

—¡Porque quiere hundirme! Maldita sea, ¿no se dan cuenta?

Golpeé la mesa tan fuerte que ambos detectives se tensaron.

—¡Porque me vio con él! ¡Porque Lucien hizo que me acostara con él! ¿No entiende? ¡Me manipuló todo el tiempo!

—¿La manipuló para mutilar a su esposo?

Mis manos empezaron a temblar.

—Usted alega que su esposo abusó de usted mientras estaba inconsciente, ¿eso es correcto?

—Sí.

—¿No sería esa una razón suficiente para hacer lo que hizo?

Mierda, mierda y más mierda.

Me mordí las uñas, arrepintiéndome segundos después por el sabor metálico de la sangre en mi paladar.

—Encontramos restos humanos enterrados en el patio trasero.

—¿Qué?

—Once cuerpos hasta ahora. Entre ellos, el único identificado es el de Kristen Bratt, su vecina.

¡¿Once cuerpos?!

—Eso coincide con parte de su declaración sobre Kristen Bratt—admitió—. Pero sigue sin explicar por qué toda la evidencia apunta a usted.

—Porque ese hombre vive como un fantasma. ¿No se dan cuenta? Estuvo viviendo en el ático de nuestra casa, vigilando todo lo que hacíamos.

—¿Y convenientemente desapareció antes de que llegáramos?

Lucien sabía que la policía estaba afuera y huyó de la escena, dejando el diario visible, como si hubiera querido incriminarme directamente.

Me engañó. Me entregó a la policía para encontrar un culpable de sus crímenes.

Planeó dejarme viva para esto, para pudrirme aquí mientras él desaparecía otra vez.

—¿Daphne?

Me di cuenta demasiado tarde de que estaba llorando.

—Él me castigó…

—¿Quién?

Por primera vez desde que comenzó el interrogatorio, ya ni siquiera sonaba segura o tal vez era porque sabía que no haría alguna diferencia mencionarlo.

—Lucien…

†

No me llevaron al tribunal primero, ni siquiera el estar esposada la mayor parte del tiempo y lidiando con la mirada acusadora de los detectives, fue tan duro como escuchar la palabra “evaluación”.

—Debido a su estado emocional actual y la naturaleza de los hechos, el tribunal autorizó una evaluación psiquiátrica forense preliminar.

La mujer que me lo explicó ni siquiera levantó la vista de los papeles, pero recuerdos desagradables se colaron en mi cabeza.

“Dios puede sanarte.”

“Resiste los impulsos impuros.”

“Estás contaminada.”

—¡No estoy loca! —vociferé desesperada.

El detective Harris estaba apoyado contra la pared observándome. Era el único que todavía me hablaba como si fuera humana.

—Nadie dijo eso.

—¡Sí lo hicieron!

—Esto es un procedimiento estándar considerando…

—¡No soy peligrosa!

—Solo será hasta determinar si usted es apta para enfrentar juicio—mencionó—. También necesitamos establecer si estaba bajo coerción, si presenta episodios psicóticos o si representa un riesgo para usted misma o terceros.

“Riesgo para terceros.”

Qué manera elegante de decir monstruo.

—Edward mintió. Él sabe que había otra persona.

El detective Harris finalmente habló.

—Encontramos ADN masculino que no coincide con el de su esposo.

Levanté la cabeza de golpe.

—¿Qué?

—Pero eso no prueba su historia. La fiscalía cree que podría pertenecer a una relación extramarital consensuada.

Claro, eso era exactamente lo que parecía. La esposa infiel, obsesionada con asesinos, con fantasías violentas escritas en un diario, que mutiló a su marido con ayuda de un amante desconocido. Ni yo confiaría en mí si lo analizo de ese modo.

—No pueden mandarme a ese lugar.

Sentí las manos de mi madre en mi hombro mientras me llevaba por el blanco y brillante pasillo de aquel hospital.

“Es por tu bien.”

“Dios va a limpiarte.”

—Mis padres creían que estaba poseída.

La mujer intercambió una mirada rápida con el detective Harris.

—¿Y usted qué cree?

Pensé en Lucien, en cómo podía tocarme y hacerme sentir aterrada y viva al mismo tiempo. Lo extrañaba como jamás había extrañado a alguien y odiaba ese sentimiento.

—Creo que algo está muy mal conmigo… —dejé escapar en voz alta.

La mujer anotó algo en el papel.

—El traslado será esta noche.

—¡No, no pueden hacerme esto!

—Señora Graves…

—¡No quiero ir ahí! ¡No pueden encerrarme otra vez!

—Señora Daphne, necesitamos que coopere.

—¡Usted no entiende lo que hacen en esos lugares!

†

Me trasladaron de noche. Creo que lo hacen así para que las personas como yo no tengan que ver las miradas, o tal vez para que nadie más tenga que vernos a nosotros.

Las esposas me lastimaban las muñecas cada vez que el vehículo giraba. Nadie hablaba. El oficial sentado frente a mí evitaba mirarme directamente, aunque ya me había visto llorar en la comisaría. Ya me había visto perder el control.

“Riesgo potencial.”

“Conducta inestable.”

“Posible episodio disociativo.”

Escuché esas palabras suficientes veces durante las últimas cuarenta y ocho horas como para empezar a sentir que hablaban de otra persona.

Cada kilómetro me acercaba menos a una cárcel y más a mi adolescencia.

El oficial abrió la puerta trasera.

—Baje con cuidado.

Mis piernas temblaron al tocar la tierra. Ni siquiera parecía un hospital. Parecía un lugar diseñado para borrar personas.

“Centro Psiquiátrico Forense Saint Dymphna.”

Una enfermera salió a recibirnos acompañada de dos guardias. Ni siquiera intentaron ocultar que me tenían miedo. Miraban mis manos demasiado, como si esperaran que sacara un bisturí de la nada.

—¿Es ella?

El oficial asintió.

La enfermera revisó unos papeles.

—Daphne Graves. Treinta años. Acusada de secuestro agravado, mutilación, tortura y posible participación en múltiples homicidios.

¿Múltiples homicidios?

Todavía no podía procesar lo de los cuerpos enterrados. Lucien había estado matando gente mientras yo dormía debajo de él.

La enfermera siguió leyendo.

—Antecedentes psiquiátricos juveniles. Conducta sexual compulsiva asociada a violencia. Ideación agresiva documentada. Posibles rasgos psicóticos.

Levanté la mirada lentamente.

—Eso no es lo que pasó—me defendí inútilmente, como si eso fuera a borrar la visión que todos tenían de mí.

—Necesitamos hacerle una evaluación física antes del ingreso.

Un guardia me tomó del brazo y mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza.

—¡No me toquen!

Los tres se tensaron de inmediato.

Vi el instante exacto en que dejaron de verme como una paciente y empezaron a verme como algo peligroso.

La enfermera habló más despacio después de eso, como se le habla a los animales nerviosos.

—Señora Graves, nadie quiere hacerle daño.

Mentira. Todos aquí querían meterme en una caja.

Caminamos por un pasillo demasiado blanco, teniendo recuerdos del pasado que hubiera preferido enterrar.

No me di cuenta de que había dejado de caminar hasta que uno de los guardias me habló.

—¿Daphne?

—No quiero estar aquí…

La enfermera me observó unos segundos.

—Será temporal—respondió.

Lucien también fue temporal en mi vida, aun así, destruyó todo lo que tocó.

Me hicieron entrar a una sala para revisarme y tuve que quitarme la ropa. Las mujeres revisaron mis brazos, piernas, cabello, boca. Documentaron moretones. Arañazos. Marcas en mis muñecas.

Una de ellas observó los hematomas en mis muslos demasiado tiempo, pero no preguntó nada.

No sabían si eran marcas de abuso, o parte de algo que yo había querido.

Me dieron ropa gris, sin cordones, sin botones, sin nada que pudiera usarse para lastimarse.

“Prevención de riesgo.” Así le llaman a quitarte todo lo que te hace sentir persona.

Cuando terminé, me guiaron hasta mi habitación. No era una celda, pero casi. Tenía cama, lavabo, ventana sellada y cámara en la esquina.

Cuando la puerta se cerró, apreté los puños, deslizando mi espalda en la pared y me llevé las manos a la cara.

No quería pensar en él. Ni siquiera merecía que lo extrañara, pero la maldita situación en la que me encontraba me llevaba a cuestionarme qué hacía, dónde estaba, por qué me hizo esto.