Pecador Capítulo 19
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Capítulo 19

Culpable

Lucien

En poco tiempo la policía llegó a investigar en la casa del lado.

Los vi con sus libretas de anotaciones yendo a la casa del otro lado.

Era cuestión de tiempo que vinieran a preguntar a la nuestra y evidentemente todo iba a caer por su propio peso.

La gorda no sabía mentir y con su terquedad y nerviosismo echará todo a perder y no podía permitir que mi identidad saliera a la luz, mucho menos regresar a aquel hospital.

Por eso mientras observaba por la ventana del comedor, le pedí que fuera juiciosa y actuara de lo más normal si le tocaba dar la cara. No salir sería sospechoso, además, ya tenía planeado lo que haría.

Esa gordita todavía necesita un escarmiento. Aún no la he domesticado lo suficiente. Si quiero que esté al cien por ciento de mi lado, debo apretarla fuerte, llevarla al extremo y apaciguar esa rebeldía que me pone de malhumor.

¿Y qué mejor manera que asustarla un poco?

La dejé abajo, cercana a la ventana, mientras subía al ático de vuelta con mi hermano. Por momentos perdía el conocimiento, pero lo recuperaba cuando le daba varias palmadas en las mejillas.

—Matarte tan rápido sería aburrido. Puede que aún, con algunas piezas faltantes, puedas servirme de algo, hermanito.

Me acerqué a la ventana del ático, avistando el tejado donde siempre me deslizo para entrar y salir de la casa sin ser visto. Nadie podría verme si me voy por el otro lado de la casa.

—La policía entrará en cualquier momento y te salvarán, pero delatarme con ellos no te conviene, ¿verdad?

Deseas torturarme hasta el último suspiro, ¿cierto?

También a ella, por haber follado conmigo y claro, por haberte cortado a tu mediocre amiguito.

Entonces, no hubo nadie más aquí, la única que perpetró todo esto fue ella.

Si me encierran, no podrás matarme allá dentro.

De este modo, podremos vernos las caras de nuevo, en igualdad de condiciones. ¿Qué te parece la idea?

No asintió ni nada, pero ese odio latente en su mirada era más que suficiente para entender su respuesta.

Estuve cerca de la ventana del ático, hasta oír el timbre en el piso de abajo. Miré por la grieta del suelo, la gordis cumpliendo con lo acordado sin saber lo que le esperaba.

Al ver la puerta abrirse, los dos oficiales saludando y siguiendo el protocolo regular, le bajé la mordaza a mi hermano, permitiéndole que pidiera ayuda y los alertara. Él sabía lo que le convenía, por eso lo hizo.

Los oficiales, al oír el grito de ayuda, desenfundaron el arma, apartando a la gorda a la esquina y haciéndole algunas preguntas que ella nerviosa no supo responder.

Me habría encantado quedarme más tiempo a ver su reacción y divertirme con el terror que seguramente se vería reflejado en sus ojitos grandes, pero tiempo es lo menos que tenía.

Bajé por el tejado, burlando a los oficiales y a los vecinos que habían salido a fisgonear. Me colé por el lado del refugio después de cruzar la calle. Nadie vio de dónde venía, mucho menos de qué casa salí.

Estuve observando a la distancia mientras todo tomaba su curso, la gorda siendo arrestada, la ambulancia y refuerzos llegando.

Esposada y con esa cara de espanto era un mal que no debía saber tan rico, pero lo hacía.

Desde la distancia le oía defenderse, diciendo que ella no había hecho nada, incluso mencionó mi nombre, pero era su palabra, contra la de mi hermano y con toda la evidencia que iban a recolectar allí arriba, su ropa manchada de sangre, heces y vómito no había espacio para dudas de que ella era la única culpable.

Entre sus uñas debían quedar rastros de la carne de mi hermano, incluso ADN de su coño perverso en la verga amputada.

Uy, gordita, que rico sería follarte en esa patrulla, así esposada y con esa expresión de terror en el rostro. Ellos le harán cuestionar su propio juicio y estado mental cuando alegue que yo estuve involucrado y mi hermano la desmienta, volviéndola más loca de lo que está.

Ah, no puedo esperar a reunirme con ella cuando todo pase.

Quiero ver si seguirá con esa rebeldía o si será capaz de rogarme de rodillas que la salve.

Disculparse con alguien que le hizo tanto daño y dudar en hacerle pagar, solo demuestra que es una vil hipócrita y una cobarde.

Y por supuesto, le quitaré todos esos defectos y la volveré mansa.