Capítulo 13
Perfección
Lucien
Fue más fácil dañarle la mente de lo que pensé, pero esa mirada que tenía ahora, maldita sea, hacía que valiera la pena todo esto.
Lo que comenzó con simples lamidas, se volvió algo completamente diferente en segundos. Creo que la excitación me hizo bajar la guardia con ella.
Desconocía esas técnicas siniestras que hacía con la boca. Sentía mi alma pendiendo de un hilo.
Pero ¿qué coños es esto? ¿Qué tipo de mamada era esta?
¿Era el tiempo que había pasado sin una mamada o esta mujer realmente tenía una maestría de cómo torturar sin esfuerzo?
Sus labios se cerraban alrededor de mi base, mi verga desapareciendo como si de un truco de magia se tratara. La lengua hacía contorsiones fluidas de manera separada pero precisa, casi como una serpiente enredada en una rama.
—¿Te gusta chuparmelo en presencia de tu marido? ¿No estás disfrutando demasiado de esto, perrita?
Le encontré cierto grado de encanto a su rostro redondo y mejillas grandes como una ardilla. Con esa boca perversa llena de mí y las lágrimas bajando por sus lindas mejillas era imposible arrancar esa necesidad de correrme profundo en su garganta.
Mis oídos bloquearon los insultos y los movimientos abruptos de mi hermano en la silla, apenas podía mantenerme recto teniendo temblores en las piernas.
¿Cuándo me volví tan blando?
—¿Estás tratando de terminar rápido?—sonreí, mordiéndome el labio inferior.
¿Qué otra razón podría tener?
—Si quieres que termine, prepárate para sufrir un poco. No te pondré las cosas fáciles—presioné la parte posterior de su cabeza contra la puerta del armario, agarrándola por ambos extremos, con todo y cuchillo, y sometiéndola a tragar sin pausa—. No vas a respirar.
Sus manos, antes apoyadas en mis rodillas, se colaron entre sus piernas, masturbándose a la misma velocidad que lo empujaba en su boca. Sus ojos no dejaban de mirarme sumidos en placer.
Rechiné los dientes, el rubor extendiéndose por mis mejillas.
Maldita gorda, ¿cómo puede ponerme tan idiota?
Se está dejando violar la boca, es irónico, pareciera que quien está siendo violado soy yo por ella, pero no puedo parar de gemir. Se siente increíble. Jamás he sentido algo así, ni con mi madre.
Quería demorarme, expandir aún más su garganta, pero perdí la batalla. Su calidez, esos gemidos ahogados y esa mirada de entrega y devoción, fueron más fuertes que yo.
Un terremoto se asentó en mi cuerpo, incapaz de controlarlo.
Mi gruñido arrasó con la habitación, pero ella con mis energías y autocontrol.
Mi semen espeso y viscoso salió expulsado por su nariz, mientras ella succionaba y tragaba forzosamente.
Le di un respiro, lo ameritaba, se lo ganó por todas las de la ley.
Veía borroso por momentos, pero la única visión clara y que pasaba en cámara lenta en mi puta cabeza, era su boca abierta buscando aire y su saliva mezclada con mi leche asomada por la comisura de su labio.
Me incliné, recogiendo nuestros fluidos con mi lengua y sus labios se cerraron a la expectativa.
Oía un latido en mis oídos, pero ¿era el mío?
—¡Bastardo!
Apreté la base del cuchillo, dándole un puño a la puerta.
—Odio que me interrumpan.
—¿Qué le diste a mi mujer?
—Le di leche. ¿Acaso te lo perdiste?
Apretó los dientes con el ceño fruncido.
—Ya terminaste. ¿Te sientes mejor contigo mismo? Ella ya no te sirve de nada.
—¿Quieres convencerme de que la deje ir? Ni siquiera la estoy reteniendo y mírala, ahí de rodillas a mis pies—levanté su mentón con mi dedo—. Respóndele con la verdad. ¿Quieres irte?
Ella negó lentamente con la cabeza.
—¿Por qué finges que te importo? —su pregunta iba dirigida a mi hermano—. ¿Por qué eres tan mentiroso? ¿Hubo algo real en ti por mí alguna vez?
Su expresión cambió por un milésimo segundo, pero prefirió guardar silencio.
—Eso pensé. No solo me engañaste con Andrés y Kathy, sino que también guardabas muchos secretos oscuros sobre tu familia y tú. ¿Cómo llegué a sentirme mal conmigo misma por ocultarte mi secreto? Todo nuestro matrimonio fue una farsa.
—¿De qué estás hablando? Yo nunca te engañé.
—Vi el video de ustedes pasándola bien, ¿todavía me lo vas a negar en la cara?
—No sé cómo llegó a tus manos, pero lo que hayas visto, ocurrió mucho antes de conocerte. Jamás te he engañado. Este tipo solo quiere confundirte y ponerte en mi contra, y por lo visto, lo ha logrado.
Jamás le había oído dar explicaciones. Hasta parece otra persona. Al parecer sí elegí bien el desquite.
—¿Qué me consta que estés diciendo la verdad o que sea otra de tus mentiras? Ya no confío en ti. Incluso fallaste a la promesa que hicimos, ¿por qué habría de creerte una sola palabra ahora?
—Mi cuñadita merece más que eso—le agarré la muñeca, tirando de ella para que se pusiera de pie.
Me aproveché de la situación de la mejor manera que encontré, empujando su cuerpo a la cama y subiéndome encima.
—Muy tarde para darte cuenta de tu error, ahora solo te queda observar desde la esquina cómo me adueño de tu esposa frente a tus ojos.
—Reza que no logre zafarme de aquí o serás hombre muerto.
Saboreé cada palabra de esa amenaza, al mismo tiempo que me sumergía en la vista que se desplegaba ante mí. Su cuerpo lucía perfecto bajo el mío.