Pecador Capítulo 3
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Capítulo 3

Punto de quiebre

Lucien

Porno en vivo, pero uno muy aburrido. La única buena vista era la del culo de esa mujer chocando con la pelvis de mi hermano. No hubo juego previo, ni siquiera besos, pasaron directamente al acto como si fuera un tutorial gastado que no estaban dispuestos a repetir. ¿Era todo el tiempo así?

Sus gemidos sonaban forzados, tampoco escuché el chapoteo de sus fluidos.

Aunque no vi su expresión, debido al pelo que le cubría el rostro, desde arriba parecía como si el único que hubiera disfrutado hubiera sido mi hermano.

No duró ni cinco minutos y se corrió sobre sus nalgas, después de decirle que lo haría afuera.

Algo tan monótono, aburrido y sin gracia.

Así mismo como mi hermano se dejó caer en la cama exhausto, ella se levantó directamente para ir al baño.

Me moví de lugar, a observar por otra grieta desde el techo y ver qué haría ahora que estaba sola.

En la tarde, cuando se duchó, lo hizo con la cortina corrida.

Incluso se quitó la ropa dentro de la ducha lanzándola afuera.

En cambio, ahora decidió despojarse de la bata completamente y de la ropa interior afuera.

Tiene un cuerpo extraño. Jamás había visto una mujer obesa desnuda.

Su barriga tapaba su intimidad, los pechos, aunque pequeños, quedaban firmes y paraditos.

Tenía lindos y oscuros pezones. Su silueta no era recogida, era mucho volumen, ruedas, celulitis, pero no carecía de nada, al contrario, tenía un culo enorme, casi como el monte Everest, una cintura ancha y caderas, y sus muslos, dos enormes sacos que me hicieron cuestionarme por unos cortos segundos, si lo poco que podía darle mi hermano realmente le alcanzaba lo suficiente para sentirse satisfecha.

Con una verga tan pequeña y corta no le hace ni cosquillas.

De rostro, tal vez no era tan fea, mirándola sin ese maquillaje exagerado con el cual llegó.

Su rostro era redondo, pero su cabello le disimulaba bastante esa característica.

La proporción de sus labios era perfecta, ni tan pequeños, ni tan grandes, más bien carnosos, pero no exagerados.

Dos lunares le adornaban la mejilla izquierda, uno debajo del otro, con una separación de tal vez dos dedos de distancia.

Desde este ángulo no pude distinguir el color de sus ojos a través del reflejo en el espejo, pero eran oscuros, quizá negros, o tal vez un marrón oscuro.

Cejas alineadas, bien definidas y limpias.

Con esa piel trigueña clara le hacía falta exponerse a los rayos del sol de vez en cuando, pero no parecía el tipo de mujer que le gustara tomar el sol.

Tampoco que llevara un control en su alimentación.

Su mano derecha apretó su teta y luego la soltó, dejándose caer de rodillas en el suelo y sollozando mientras el agua caía a presión en la bañera, ahuyentando cualquier sonido que pudiera escaparse sin querer.

¿Acaso está insatisfecha? No era para menos. Mi hermano heredó lo inútil y mecha corta de nuestro padre.

Por lo visto, mi hermano no tiene una vida tan perfecta como parece. Esta grieta puede servirme para arrebatarle con facilidad lo que tanto dice amar.