Pecador Capítulo 2
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Capítulo 2

Mi Rol

Daphne Graves

En el momento que tomé la decisión de mudarme a Missouri con mi prometido, estaba casi segura de que esta oportunidad era lo que nos hacía falta a los dos para comenzar de cero.

Sonaba como la idea perfecta vivir en la casa que recibió como herencia de sus padres y establecernos en un lugar en específico.

Íbamos a ahorrarnos el pagar alquiler… pero ¿a qué costo?

Solo llevábamos dos años conviviendo y cinco de conocidos.

Lo conocí en línea, a través de una aplicación de citas.

Establecimos contacto y como todo comienzo, fue un flechazo directo al corazón.

Todo era color de rosa. Se sentía como un sueño haber conocido a alguien con quien compartía tantos intereses en común.

Nos apasionaba la lectura, el amor por el arte, las pinturas, la música, sobre todo, el deseo de encontrar el amor.

Entre pláticas y citas, sentía que era el indicado, el hombre perfecto, a pesar de tener claro que la perfección no existe.

Nuestro primer año conviviendo en Texas no puedo describirlo como el peor año de mi vida.

Había ciertas banderas que en aquel momento pasaron desapercibidas por el amor que le tenía, pero ahora todo comenzaba a encajar dolorosamente en mi mente.

Trabajaba en una fábrica de refrescos como supervisor de los mecánicos.

Era un primer turno, por lo que nos veíamos solo por la tarde casi noche, pero ese en realidad no era el verdadero problema, era la influencia que tenían sus compañeros en él.

Llegaba a casa en horas de la madrugada y borracho.

Las primeras veces lo pasé por alto, pensando que no estaba mal distraer la mente de vez en cuando de su jornada laboral.

Pero llegó un punto donde era extenuante y agotador lidiar con la situación y lo enfrenté.

Tenía un problema serio de alcoholismo, por eso le pedí que buscara ayuda y que si no estaba dispuesto a tomarla, lo nuestro iba a terminar.

Lo amaba tanto que confié en su palabra de que lo dejaría, por eso decidí apoyarlo con cada una de las terapias.

Se mostraba más cuerdo y seguro de continuar el proceso conforme pasaban los meses.

Tras ocho meses limpio, sin tomar ni una gota de alcohol, surgió la repartición de bienes tras la repentina muerte de mis suegros.

Supuestamente fue por causas naturales, pero desconocía los detalles.

Como hijo único que era y no contar con más ningún otro miembro de la familia con vida, la herencia no tuvo que dividirse en más de una parte, pero el abogado se llevó una buena cantidad de dinero al bolsillo.

Nunca conocí a mis suegros y él no era cercano a sus padres, nunca le vi un interés genuino de hacerlos parte de nosotros, mucho menos de presentármelos.

Tampoco le gustaba hablar de ellos, especialmente de su padre.

Las pocas veces que los mencioné, en su semblante apreciaba el cambio y el disgusto brotando por todos sus poros.

La curiosidad siempre estuvo ahí, pero me limité a darle tiempo, esperando que algún día se sintiera en confianza y libertad de hablarme al respecto.

Nos mudamos a Missouri, al estado de Joplin, a principios de este año.

Comenzar de cero de nuevo no fue una decisión fácil, sin embargo, siempre me mantuve positiva y abierta a cualquier cambio, con el fin de mejorar nuestra relación y que todo volviera a ser como cuando nos conocimos y a ese primer año que comenzamos a vivir juntos, tal y como me lo prometió antes de venir.

Juro que guardaba esperanzas de que todo iría mejor, de que podía seguir confiando en él, en su fuerza de voluntad y su genuino anhelo de cambiar para bien, por él, por mí, por nosotros.

Me sentía asfixiada, agobiada y presionada de todas partes.

Por supuesto que me di cuenta de mi error, pero ¿quién se casa ilusionada para al final ver su matrimonio fracasar sin siquiera luchar?

Quería cumplir con la promesa que le hice en el altar. Que estaría con él en la prosperidad y en la adversidad, pero ¿valía la pena realmente este sacrificio? ¿Estaba luchando con él o una vez más lo hacía sola?

¿Cómo todo pudo desmoronarse en un abrir y cerrar de ojos? ¿Cómo llegamos a este punto? ¿Cómo llegué aquí?

†

24 de enero 2026

Viernes - 4:31 PM

Tras nueve largas horas en auto desde Houston, TX, por fin llegamos a nuestro nuevo hogar.

La casa solo la había visto en fotos, pero en persona lucía más deteriorada.

Especialmente en el interior. A pesar del crujir de la madera, las paredes descoloridas y con algunas grietas, era acogedora y espaciosa.

Poseía dos habitaciones, un baño, una cocina, el comedor, la sala, el cuarto de lavado y un ático, cuya puerta conectaba a nuestra habitación. Nuestra antigua casa tenía un sótano, pero no era para nada aterrador y oscuro como lo era el ático en esta nueva casa.

Las ventanas estaban tan sucias que apenas entraba ni un rayo de luz, además de que había muchas cajas, dos armarios y tres mesas de madera, telarañas y suciedad por todas partes. Las paredes rotas las cubrían algunas sábanas anaranjadas.

—Durante la semana me encargaré de organizar este lugar. Mientras tanto, no subas sola. El suelo no se siente seguro.

—Parece un escenario sacado de una película de terror. Tendría que estar loca para subir aquí sola.

—Este lugar está peor a como lo recordaba. Pero veamos el lado positivo, podemos remodelar la casa a nuestro gusto. Tumbaremos estas paredes y construiremos un lugar seguro. Esta podría ser tu oficina, ¿no crees?

—No, gracias, prefiero el cuarto de abajo.

—Pensé que podría servirte de inspiración para escribir. Tendrás tu espacio, una ventana por la cual mirar el exterior y lo mejor de todo es que podrás decorarlo a tu gusto.

—Tal vez lo tome en consideración cuando se haya despejado todo y esté en mejores condiciones. Por lo pronto, prefiero estar abajo, sin riesgo de que una rata se siente a escribir por mí.

—De acuerdo—sonrió cálidamente, extendiéndome su mano para ayudarme a bajar las escaleras.

Siento que me tomará mucho tiempo adaptarme a este cambio.

No solo es la casa, sino también el clima, la temperatura cambiante, los avisos de tormentas eléctricas, de tornados, de lluvia.

Deberé estar alerta constantemente a las noticias.

Esta casa no tiene un refugio subterráneo, sin embargo, hay una escuela al cruzar la calle que, aunque cerrada, sirve de refugio en caso de un tornado.

Edward se encargó de llamar para reconectar los servicios, mientras yo limpiaba el baño y nuestra habitación, reemplazando las sábanas viejas por unas nuevas que traje en la maleta.

La ropa de sus padres me pidió que las desechara.

Cada prenda parecía traerle un recuerdo, porque agitaba su cabeza en desaprobación.

No encontré ni una sola fotografía que pudiera echarle un vistazo como para al menos saber cómo lucían sus padres.

Esta casa se veía tan oscura, marcada con el tiempo sí, pero también con un toque curioso.

La habitación era el único lugar de la casa donde resaltaba la seda y el rojo intenso, a diferencia del resto de la casa donde el protagonista era el negro azabache.

Incluso los cuadros tétricos y antiguos en blanco y negro decoraban las paredes de la sala.

Eran líneas abstractas, nada de rostros, animales o personas.

Todo se sentía extraño. En cierto modo, terrorífico.

Aún más sabiendo que partieron de este mundo recientemente y ahora estábamos a punto de dormir en la misma cama que ellos.

—No sé si pueda dormir—le confesé, mordiéndome las uñas de la ansiedad.

—¿No tienes sueño? Ha sido un día largo—sentí el roce de su cuerpo en la espalda.

—Claro que tengo sueño, pero es difícil. No puedo dejar de pensar en que hace poco tus padres dormían aquí. Siento que estoy irrespetando su hogar.

Se echó a reír, como si mi comentario le hubiera divertido más de lo que debía.

—¿Por qué te ríes? Debes estar pensando que estoy loca, pero en serio, no puedo parar de pensar en eso.

—En donde están, ya no les hará falta esta cama. Además, esta es nuestra casa. Todo lo que hay aquí ahora nos pertenece—me mordió la oreja, y cerré los ojos—. ¿Sabes que te amo mucho, mi reina?

Una cosa siempre llevaba a la otra. Lo deseaba, por supuesto que lo hacía, pero no me sentía de ánimos ahora mismo para hacerlo, sin embargo, quise mentalizarme y repetirme como un mantra que todo estaba en mi cabeza, que alejaría todos esos pensamientos negativos e intentaría simplemente cumplir con mi rol de mujer.

Es él quien debía sentirse peor que yo. Luego de la muerte de sus padres, su cabeza, aunque no lo demuestre, debe ser un caos ahora mismo.

—¿Por qué no apagas la luz? —le sugerí.

—No, quiero verte completa.