CAPÍTULO 50 #3
Salimos del despacho con un paso firme y acompasado.
La puerta de cristal se cierra a nuestras espaldas y Kelly nos mira desde su mesa, sin tener ni idea de todo lo que ha pasado ahí dentro.
O puede que sí se hayan oído los gritos de Alen Dixon, quién sabe.
Caminamos erguidas, manteniendo una fachada de absoluta seriedad, y solo nos permitimos dejarla atrás cuando ya estamos en el ascensor, viendo cómo los números del panel empiezan a descender hacia la planta baja.
Y, por fin, sin testigos, estallamos.
—¡OH! ¡DIOS MÍO, SÍ! —chilla Nora, pegando un salto en el aire que casi hace tambalear el ascensor—. ¡Lo has conseguido!
—¿Lo he conseguido? —pregunto, todavía totalmente disociada.
—¡Y tanto que sí! ¿No has visto la cara que se le ha quedado? ¡Bien cogido por los huevos!
—¡Madre mía! ¡Lo he hecho! ¿La he cagado? Por favor, dime que no. Miénteme si es necesario —sollozo, todavía con los nervios metidos en el cuerpo.
—No la has cagado en absoluto, te lo juro. —Nora me agarra por los hombros, zarandeándome con una sonrisa gigante—. Has estado increíble, Savannah.
De golpe, los ojos se me llenan de lágrimas con una mezcla de adrenalina, insomnio y alivio.
Me tapo la boca para ahogar un sollozo que se debate entre el llanto y una risa histérica.
Apenas tengo tiempo de derrumbarme cuando los brazos de Nora me envuelven en un abrazo, justo cuando el ascensor se detiene.
Tan rápido como se abren las puertas, me limpio las lágrimas de las mejillas de un manotazo y salgo al vestíbulo con Nora pegada a mí como un guardaespaldas.
Pero al levantar la vista, me quedo paralizada.
Sentado en uno de los sofás de diseño de la recepción, con los mismos vaqueros de ayer y con una taza de café para llevar, está Jeremy.
Al escucharnos aparecer, levanta la cabeza y una sonrisa de expectación le ilumina la cara.
—Fuera —le susurro a toda prisa, agarrándole del brazo antes de que pueda ponerse en pie del todo o decir una sola palabra—. Salgamos ya de aquí. No quiero que nadie nos vea juntos ni que Alen te relacione con esto.
Él no protesta; se deja empujar a través de las puertas giratorias. En cuanto el ruido del tráfico nos golpea y dejamos atrás el edificio de cristal, expulso todo el aire que tenía retenido en los pulmones.
—Ha funcionado —suelto de golpe, mirando a Jeremy con los ojos todavía empañados—. Me va a devolver mi dinero y me libro de hacer la película. Y lo mejor de todo… es que le he cerrado la puerta en las narices a la discográfica. ¡Soy libre!
Oh, madre mía. Al decirlo así tan de golpe, me viene todo el vértigo y tengo que apoyarme contra la pared de ladrillo que tengo a mis espaldas para no marearme.
Jeremy deja caer el café en una papelera cercana, da un paso hacia nosotras y nos envuelve en un abrazo.
—Estoy tan orgulloso de vosotras, chicas. ¡Cómo me hubiese gustado verle la cara! ¿Lo tenéis grabado?
Al separarme de ellos, me limpio otra lágrima rebelde con el dorso de la mano y los miro con una sonrisa agridulce.
—Gracias. Aunque oficialmente soy una pringada sin discográfica y con la carrera en el aire —bromeo con ironía, intentando quitarle peso a mi nueva realidad.
—Mi propuesta sigue sobre la mesa, Savannah. Y ahora que he conseguido cerrar el acuerdo y firmar con una major label mucho más grande…
—¿Qué? ¿Cuándo ha pasado eso? —salto.
—Llevo días de reuniones secretas en Los Ángeles, Savannah.
Eso es lo que había venido a hacer de verdad —confiesa, apoyándose también en la pared, a nuestro lado—.
Sabes que necesitaba una distribuidora mucho más potente a nivel internacional para mis discos y estaba de negociaciones. Y ya es oficial.
Nora suelta un silbido de asombro y le da una palmada en la espalda a modo de felicitación.
—¿Y por qué no me habías dicho nada? —pregunto.
—Primero, porque todavía no podía por contrato.
Y segundo, porque no quería condicionarte —admite, cruzándose de brazos—.
Sabía que estabas quemada con Alen y no quería contártelo para que no sintieses que te estaba manipulando de algún modo para tomar una decisión más sobre seguro.
Quería que, si decidías irte de ahí, tomases tu decisión con respecto a Alen de forma libre, sin que esto te influyese o te hiciese sentir presionada.
Además, no es ningún secreto —añade Jeremy—.
Desde el día en que nos conocimos te he repetido miles de veces que me flipa tu música, la tuya de verdad.
Creo que juntos, dentro de esta nueva estructura, podríamos hacer cosas muy buenas.
Sigo teniendo total libertad para gestionar mi catálogo y mis fichajes, lo que significa que, si te vienes conmigo, vas a tener el control creativo absoluto de tu carrera.
Me quedo mirándolo, asimilando la propuesta como una opción real, cuando un codazo de Nora me estalla en las costillas.
—Chicos —murmura ella entre dientes, sin mover apenas los labios—, tenemos problemas a las doce.
Sigo su mirada, pero ya es demasiado tarde para disimular. Alen acaba de salir a la calle hablando por teléfono a toda velocidad, y en cuanto da dos pasos sobre la acera, sus ojos se clavan en nuestro pequeño grupo.
Cuelga la llamada de golpe y avanza directo hacia nosotros.
—Vaya, vaya, vaya —escupe Alen en cuanto llega a nuestra altura, plantándose con una sonrisa venenosa—.
Sabía que tenías que estar detrás de todo esto, Jeremy Jensen.
Lleva la firma de alguien tan acomplejado como tú.
—Mira a mi amigo con desprecio antes de clavar sus pupilas en mí—.
Debí imaginar que tú sola jamás habrías sido tan lista ni valiente como para urdir todo este plan contra mí.
¿Cómo has entendido todos los informes de Delaware * ?
, ¿te los ha tenido que masticar tu amiguito, monada?
—Puedes subestimarme todo lo que quieras, Alen, de verdad —le respondo, encogiéndome de hombros—.
Me da exactamente igual lo que pienses de mí, ya no me afecta.
Eso no cambia lo despreciable y perverso que eres.
Me das asco, Alen, y me alegro de no tener que volver a mirar a la cara a un tipo tan falso como tú.
—Esta noche tendrás los papeles —sentencia entre dientes, con los ojos inyectados en sangre—, pero como vea que algo de todo esto sale a la luz a través de alguno de vuestros círculos, yo mismo me encargaré de patearos el trasero y no dormiré tranquilo hasta que los dos estéis arruinados.
Declaración anual obligatoria para las empresas registradas en Delaware.
Las discográficas se registran allí por privacidad y beneficios fiscales; este trámite actualiza sus datos y paga sus impuestos.