Peaje a Los Ángeles (Dukeforth 2) CAPÍTULO 45 #2
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CAPÍTULO 45 #2

—Bien, entremos en el desglose del timeline de ejecución —retoma Alen, dando un toque en su mando para mostrar un calendario que me provoca nauseas—.

Las grabaciones principales comenzarán en unos cinco meses como tarde en Londres.

Es un margen ajustado, tiempo en el que tienes que optimizar tu preparación física.

El director quiere una estética muy pulida, así que el equipo de nutrición te ayudará a bajar un par de kilos más para dar el perfil exacto en cámara.

Noto cómo los dedos de Nora se clavan con fuerza en mi mano.

—Paralelamente, durante estos cinco meses, compaginaremos las clases de interpretación y el estudio del guion con la grabación del nuevo disco y toda la campaña de promoción previa —continúa, paseando el puntero láser—.

Eso quiere decir que, sintiéndolo mucho, este año no nos queda más remedio que desligarnos de los Grammy, pero viendo la proyección que había, es incluso mejor.

Así que te damos más tiempo y el álbum saldrá al mercado dentro de un año, justo después del estreno de la película y del soundtrack , que será un producto de merchandising increíble.

Así, nosotros aprovecharemos todo el tirón del marketing de la productora y, justo después del estreno, iniciaremos la venta de entradas de tu primera gira por Europa.

Será un formato sutil, en salas de mediano aforo y algunas arenas, ideal para testear el mercado y medir el impacto que ha tenido la promoción de la película.

Así podremos decidir si continuamos con la secuela o no. ¿Queda claro?

—¿Y cuándo se supone que voy a componer? ¡Es físicamente inviable seguir todo eso! —consigo articular, con la voz pastosa y los ojos fijos en el calendario imposible que muestra la pared blanca—. Las canciones no salen de la nada, Alen.

Alen suelta una risita condescendiente.

—Sabía que me ibas a hacer esa pregunta y, de hecho, me encanta que me la hagas, porque nosotros, como tu equipo —resalta esas últimas palabras como si fuese una secta—, hemos cubierto esa contingencia.

¿A que sí, chicos? —Cómo no, todos asienten—.

Como vas a estar desbordada memorizando el guion, yendo a clases, a entrenamientos…

, no podemos arriesgarnos a sufrir bloqueos creativos.

Por eso mismo, hemos contratado a un equipo de compositores externos pop de primer nivel.

—No se me pasa por alto que ha dicho la palabra pop y no country —.

Ellos ya están trabajando en las maquetas.

Tú solo tendrás que llegar al estudio, poner tu maravillosa voz sobre la pista y listo.

Es oficial, me están convirtiendo en lo que siempre han querido. Alguien manejable y sin voz propia. Me están quitando las canciones. Me están quitando lo único por lo que realmente vine a Los Ángeles y por lo que dejé atrás Dukeforth. Y a Dylan.

Me quedo flotando en un vacío de incredulidad absoluto. Me tiembla tanto la mano derecha que Nora no hace más que apretármela para que no se me note.

Flipo con cómo a todo el mundo le ha parecido bien vender mi autenticidad a cambio de un porcentaje más alto de ganancias.

—Y esto nos lleva al último punto del orden del día —continúa Alen, interrumpiendo el zumbido de mis propios pensamientos mientras apaga el proyector con un clic del mando—.

Debido a las altas exigencias logísticas que va a requerir este despliegue en Europa y los meses de rodaje en Londres, vamos a acometer una reestructuración interna del equipo.

Necesitamos profesionales habituados a gestionar marcas de gran volumen transatlántico.

Giro la cabeza hacia Nora de inmediato. Sus ojos reflejan el mismo pánico que me está congelando la sangre. Sé exactamente lo que significa la palabra «reestructuración» en el vocabulario pedante de Alen: quieren deshacerse de ella porque es la única que me defiende.

—Pero, como el tiempo es un recurso escaso y yo tengo otra reunión en menos de diez minutos —añade Alen, señalando a Haley, que mete la mano en su carpeta para sacar un fajo de folios grapados que desliza sobre la mesa de madera hasta que choca contra mis manos—, nos hemos tomado la libertad de imprimir toda la documentación aquí.

—Llévatelo a casa, monada. Léelo con calma esta noche y mañana nos volvemos a ver para cerrar los flecos sueltos y proceder a la firma del contrato cinematográfico —sentencia—.

No te preocupes por la burocracia. Dado que la productora audiovisual pertenece al mismo grupo empresarial que nuestra discográfica, el papeleo legal va a ser un proceso rápido y sencillo; más bien mero protocolo…

Ya sabes, estamos todos en la misma familia.

Cojo los papeles mecánicamente, sintiendo el peso muerto de mi futuro atrapado entre esas páginas.

Alen se levanta de la silla, dando por concluida la reunión, y el resto del equipo empieza a recoger sus cosas con una sonrisa.

De verdad piensan que esta reunión ha sido fructífera y que me acaban de hacer el favor de mi vida.

Me dedican palmaditas en el hombro y miradas de felicitación antes de enfilar la salida de la sala de juntas.

—Alen, una última pregunta. —Cuando todos se han ido y nos quedamos a solas, me acerco a él dispuesta a plantarle cara. Él se detiene junto a la puerta, ajustándose los puños de la camisa y me mira como si le molestara que me acercase tanto—. ¿Y si digo que no me interesa actuar?

Alen deja de juguetear con sus botones y levanta los ojos hacia mí.

—Decir que no a la junta directiva con las cuentas congeladas y un disco a medio financiar, monada..., digamos que no es una opción muy inteligente para tu salud financiera. Eso lo entiendes, ¿verdad?