Peaje a Los Ángeles (Dukeforth 2) CAPÍTULO 35
61%

CAPÍTULO 35

Dylan

M e quito la sábana de encima y salgo de la cama con cuidado de no despertar a Chrishell.

Es raro verla dormida a estas horas. Normalmente, incluso antes de que salga el sol suele estar de un lado a otro de la casa, ordenando todo lo que ya ordenó días atrás o incluso reubicando lo que ya ha cambiado cinco veces de lugar porque, cada vez que desliza un vídeo, internet le dice algo distinto.

¿Antes tener un espejo delante de la puerta mataba la energía de la casa?

Muy bien, pues ahora es lo que necesitas para ser exitosa.

Yo, mientras no toque mis cosas, la dejo hacer y deshacer a su antojo.

Cojo el móvil y me voy directo al baño, cerrando la puerta con suavidad.

La luz blanca me golpea de lleno y entrecierro los ojos mientras desbloqueo la pantalla.

Tengo más de cinco llamadas perdidas de Brooke.

Ni siquiera necesito escuchar el buzón para saber qué quiere.

Seguro que pretende que vaya al bar a ayudarla a limpiar el desastre de anoche, pero paso, que se apañe ella solita.

Además, últimamente Brooke parece haber olvidado ese pequeño detalle que nos mantiene a flote, la fina línea entre jefe-empleada y amigos, que parece no saber diferenciar.

Dejo el teléfono sobre el lavabo y abro el grifo. Me quito la camiseta, entro en la ducha y dejo que el agua fría me caiga por la cara, llevándose con ella todo el cansancio.

Siento una paz absoluta… hasta que el aparato del demonio vuelve a vibrar. Qué pesadilla.

—Brooke, te juro que… —murmuro, echándome el pelo mojado hacia atrás.

Intento ignorarlo. De verdad que lo intento. Pero vuelve a vibrar y vibrar…

Y otra puta vez.

Suelto un bufido desde lo más profundo de mí, deslizo la mampara de golpe y saco medio cuerpo fuera de la ducha, dejando un reguero de agua que va a empezar a acumularse en el suelo. Alargo el brazo, a ciegas, tanteando el lavabo mientras el móvil sigue rebotando contra la cerámica.

Si me electrocuto ahora mismo por esta mierda, juro que vuelvo del más allá solo para matarla personalmente.

Desbloqueo la pantalla, empapando todo el teléfono en el proceso.

—Más te vale que sea importante… —gruño—. ¿Qué quieres?

—¿Se puede saber dónde te has metido?

—Disculpa, ¿se me ha olvidado pasarte mi calendario semanal o algo?

—Joder, Dylan —corta, sin paciencia—. No estoy para tu mierda de ironía. Esto es importante. ¿Estás en casa? Sal.

—Me estoy duchando, Brooke. Piérdete.

—¿Y qué haces con el teléfono dentro de la ducha? Bueno, da igual —se corrige a sí misma—. Estoy en tu porche. Es urgente. Es Savannah.

Con eso último, cuelga.

Me quedo mirando el teléfono como un idiota a la espera de que alguien me dé más información. Pero la pantalla solo muestra mis aplicaciones y, a no ser que salga de la ducha, no voy a resolver nada.

Brooke no suele exagerar, bueno, sí lo hace.

Aun así, su pereza es la segunda característica que mejor la define.

Así que, si ha movido su culo hasta mi rancho, la cosa es seria.

Y como no sé a quién pretendo engañar y sé que, si le pasase algo a Savannah, cruzaría de punta a punta el país para salvarla, salgo de la ducha a toda prisa, dejo el baño hecho un desastre y me planto unos calzoncillos y la primera camiseta que pillo antes de bajar las escaleras casi resbalándome.

Abro la puerta de golpe.

—¡Dylan! —exclama horrorizada mientras se tapa la cara al verme aparecer sin pantalones.

—Estoy bastante seguro de que no es lo peor que has visto —la provoco, dando un paso más hacia ella—. Venga, escupe. ¿Qué pasa?

—Savannah está haciendo la maleta. Se va.

No sé muy bien qué espera que haga con esa información. Estaba claro que se iba a ir tarde o temprano. Me molesta que, tras haber firmado una tregua, vuelva a huir de la noche a la mañana…, pero no estoy sorprendido. Y si lo estoy, no lo voy a demostrar.

—¡Dylan! —me corta, exasperada al ver mi cara—. No se está yendo porque quiera. Se está yendo por la que se ha liado.

La miro, frunciendo el ceño.

—¿De qué estás hablando?

—¡Joder!, ¿no te has enterado de nada? —Niego con la cabeza antes de que siga hablando—. Se ha filtrado que Savannah está en Dukeforth. El pueblo sale en todos los pódcast, ¡hasta en el de TMZ! ¿Y sabes cómo se han enterado?

Acorta la distancia que nos separa y yo vuelvo a negar. No sé por qué sigue jugando a las adivinanzas.

—El rumor empezó en el pódcast de Alexis Lauren, Quick Side . ¿Y sabes quiénes se siguen mutuamente? Ella y tu novia.

—Eso no demuestra nada… Chrishell sigue a todo el mundo.

—Sí, pero el perfil personal de Alexis solo sigue a trescientas personas —afirma, desbloqueando su móvil con movimientos rápidos y plantándome el Instagram de la chica en toda la cara.

—No sé qué insinúas, pero Chrishell no haría eso. —La defiendo porque, aunque sé cómo es ella, nunca sería capaz de hacer algo así—. Además… le encanta Savannah —añado, más bajo—. Sabe perfectamente que no quería que nadie supiera que estaba aquí.

Brooke se ríe.

—Claro. Como tú digas, Dylan.

Paso una mano por mi pelo todavía mojado, intentando manejar la situación.

—Vale, vamos a ver —empiezo, más para mí que para ella—. Voy a hablar con Chrishell. Seguro que hay una explicación. Tú vuelve con Savannah —continúo—. Cálmala, intenta…, no sé, entretenerla. Cuando aclare esto, voy para allá. ¿Vale?

Brooke me sostiene la mirada, evaluando si soy idiota o solo demasiado optimista.

—Espero que tengas razón, Dylan… porque tu reina se ha coronado —escupe con desdén.

Se gira y camina hacia su coche sin despedirse.

Está claro que quiero proteger a mi novia…, pero no sé si voy a defender el lado correcto de la historia.

Conozco a Chrishell y sé cómo funciona su cabeza.

Le gusta tener el control, hacer las cosas a su manera…

y, sobre todo, le encanta salirse con la suya.

Siempre he pensado que era uno de esos pequeños defectos inofensivos, algo que no iba a interferir de verdad en nuestra relación.

Pero últimamente empiezo a verlo desde otra perspectiva.

Igual sí puede ser un problema.

Si de verdad ha cruzado esa línea, ya no hablamos de recolocar jarrones o cambiar un espejo de sitio porque ella lo diga; esto es trastornar la vida de los demás.

Subo las escaleras y abro la puerta del dormitorio sin temor a despertarla.

—¿Qué hacía Brooke aquí? —pregunta de espaldas a mí.

Ha estado despierta y asomada a la ventana todo este tiempo.

—¿Compartiste ayer la ubicación de Savannah?

—¿Cómo? —Se gira para mirarme y se cubre el cuerpo con la bata de seda, aparentando estar disgustada.

No voy a repetírselo porque sé que me está entendiendo a la perfección, así que espero a que termine su performance .

—Me conoces. Yo nunca haría eso. —Se hace la ofendida tan bien que hasta da repelús—. ¿Eso es a lo que ha venido esa de ahí?, ¿a ponerte en mi contra?

Quiero confiar en ella, pero me lo está poniendo muy difícil.

—Savannah se ha ido porque se ha filtrado que está en Dukeforth.

—¿Y qué tengo que ver yo en todo esto? ¡Ya te he dicho que no he hecho nada! ¿Por qué me atacas así? —solloza a la defensiva.

—Vale, salgamos de dudas. Demuéstrame que Brooke se equivoca. —Le tiendo la mano para que me dé su móvil. No he hecho esto en mi vida y me siento ruin y rastrero pidiéndole el teléfono a mi pareja, en quien se supone que debo confiar a ciegas, pero no me queda más remedio.

De repente, corta el sollozo y me reta con la mirada. Está esperando a que ceda, algo que no pienso hacer.

Al final, es ella la que se rinde. Pone los ojos en blanco, lo desbloquea y me lo tiende.

—No, no lo voy a ver —rectifico—. Solo sé sincera conmigo, Chrishell. ¿Subiste alguna foto o comentase algo por algún lado?

—¡No lo hice de forma pública! —se excusa—. Solo lo comenté con algunas amigas…

—¿Alexis Lauren está entre ellas?

—¿Cómo sabes…? —titubea—. Puede ser que… Subí una foto a «mejores amigos» de Instagram. Estudié con ella algunas asignaturas de medios de comunicación, no es algo a lo que haya que darle demasiada importancia.

—Ambos sabemos que sí cuando esa persona tiene uno de los pódcast más escuchados del país.

—Pero yo no… —vuelve a agudizar el tono, pero a mitad de frase se cansa y destapa su verdadera voz—: Agh, ¡está bien! ¡Claro que lo hice aposta!

—¿Por qué?

—¿De verdad creías que no sabía desde el principio que te acostaste con ella? No soy tan tonta como piensas, Dylan.

—No creo que seas tonta, Chrishell.

—Desde luego que no. —Su risa envuelve toda la habitación—.

Llevo sabiendo que me has puesto los cuernos desde que salió de la habitación del hotel y he estado callada todo este tiempo porque me negaba a creer que tú fueses el tonto de esta relación, pero, ¡sorpresa!

, lo eres. Y lo mejor de todo es que Savannah es igual o más tonta que tú.

¿Quién te iba a decir que yo, una de las mayores fans de Savannah Morgan, estaría diciendo esto ahora? Ay, las vueltas que da la vida.

Aprovecha sus últimas palabras para girar sobre su propio eje y abrir el cajón de la mesita de noche.

—Creo que ya te puedo dar esto.

Me lanza un papel, pero este tiene tan poca fuerza que planea y se queda a pocos centímetros de ella. En vista de que no se va a mover, me acerco y lo recojo del suelo.

No creas que me he ido a ningún lado. Tengo que contestar a una llamada, pero no quería despertarte. Ahora vuelvo. No te muevas de la cama si no es conmigo. S.

No había visto eso en mi vida, pero en cuanto leo la primera frase, sé de dónde proviene.

Savannah no huyó otra vez, no me dejó tirado como pensé.

—¿Sabes? Cuando entré a la habitación aquel día estaba muy preocupada por ti.

Desapareciste casi toda la mañana. Me acerqué para ver qué te había pasado.

Quería contarte que me había encontrado con Savannah Morgan casi en la puerta de nuestra habitación.

¿Sabes lo que significaba eso para mí? —En cuanto dice eso, corroboro la versión de Savannah: no volvió porque se cruzó con Chrishell tal y como me dijo—.

Pero en cuanto me senté en la cama y vi un papel a tu lado, lo leí con el tiempo justo para guardármelo antes de que te despertaras.

Ahí ya tenía claro que me habías puesto los cuernos, pero ¿una «S»?

, ¿podría ser de Savannah? —Hace un gesto fingidamente pensativo—.

¡Era imposible! ¿Cómo te ibas a acostar con alguien como ella?

Una famosa de su calibre jamás se fijaría en…

ti. Eso fue lo que pensé, que podría haber sido cualquier chica de la ciudad.

Pero en cuanto la vi en este dichoso pueblo horas después…

todo empezó a oler demasiado raro. No puede haber tantas casualidades en el mundo, Dylan.

—Entrecierra los ojos—. Así que me limité a fingir.

¿De verdad pensábais que me estaba creyendo vuestra mierda de numerito?

Lo que no sabía hasta entonces era que ya os conocíais de antes, pero ayer acabé de resolver mis sospechas.

Y siento decirte que ni siquiera necesitaba que me lo revelases tú, porque el juego de escribir el nombre lo organicé por algo.

¿También te has creído que me importa cómo llamará Olivia a su bebé?

Era mi plan perfecto para descubrir si esa era su letra.

Lo que pasa es que te adelantaste y me lo confesaste antes de que pudiera comprobarlo por mí misma.

—¿Y has hecho todo esto por venganza…?

—¿Venganza? Depende de cómo quieras interpretarlo.

La vuelta a Dukeforth fue rara, ¿sabes? Estuve pensando en qué significaba eso para nuestra relación, ¿iba a poder superarlo?

—Niega con el dedo antes de seguir hablando—.

Ambos sabemos cuál es la respuesta. Así que en cuanto puse un pie de nuevo aquí, supe que lo nuestro estaba roto.

Por lo que no, no lo he hecho por una venganza directa por haberse acostado con mi novio.

—¿Y todo lo que me dijiste ayer?, ¿eso del free pass y acostarte con Liam Hemsworth?

—¡Menuda tontería! —dice, negando con la cabeza—.

Además, nunca nombré a ese tipo. Dylan, cada vez que abres la boca, me sorprendes más.

¿También te creíste eso?, ¿igual debería apuntarme a clases de interpretación?

Solo estaba estirando el chicle más y más.

Tenía que pensar bien cómo os la iba a devolver.

Niego con la cabeza.

Es imposible procesar todo lo que está ocurriendo.

Yo asumo mi error y sé que lo he hecho mal, ¿pero ella? Ella es mala. Ahora mismo no tiene ni una pizca de bondad en su mirada. Joder, ¿cómo he estado tan ciego todo este tiempo?

—En cuanto vuelva, te quiero fuera de mi casa —escupo sin más ganas de discutir.

Esto ha terminado. No hay vuelta atrás.

—¿En serio? —dice, dando un paso hacia atrás y chocando contra la mesita de noche—, ¿vas a correr detrás de ella?, ¿después de todo lo que he hecho por ti?

—Chrishell, lo digo en serio. No quiero volver a verte.

—Te vas a arrepentir de esto, Dylan Parker.